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lunes, mayo 16, 2022
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¿Afectarán a Bolivia los efectos de la guerra?

Toda guerra genera duras repercusiones en diferentes ámbitos en la vida de las naciones, no solamente en los países involucrados, sino que sus efectos repercuten en todo en el planeta -en mayor o menor grado- dependiendo de las bases económicas de cada país. El conflicto ruso-ucraniano no puede ser la excepción y a pocos días de iniciadas las hostilidades, ya los mercados globales han sufrido sus efectos, que benefician a unos pocos y perjudican a la mayoría. Las bolsas de valores se están moviendo al calor de la guerra. La más afectada es la bolsa de valores de Rusia que vio caer verticalmente sus cotizaciones, al extremo que los últimos dos días permaneció cerrada.

Las cotizaciones internacionales de alimentos, minerales y productos acabados suben, aunque no estén directamente relacionados, y las secuelas se sienten hasta en los países que se encuentran al otro lado del planeta, como Bolivia, que no puede quedar al margen de las consecuencias. Efectivamente, como ocurre en otras latitudes, en nuestro país se comienza a sentir los efectos de la crisis internacional, y hay algunos sectores beneficiados por alzas en los precisos y la demanda. Rusia es uno de los países mayores productores de trigo, soya, petróleo, gas, minerales y otros productos que, al quedar fuera del mercado, generan escasez y por lo tanto mayor demanda. La ley de la oferta y la demanda es implacable, hace que se eleven los precios cuando aumenta la demanda, esto hace que los grandes productores mejoren radicalmente sus ingresos, mientras que los países compradores tienen que aumentar sus costos.

Bolivia se beneficiará con la exportación de soya, sus derivados y algunos minerales, pero a la vez tendrá que pagar precios mucho más altos por todo lo que se compra. Las exportaciones de gas natural pueden mejorar los ingresos, pero la relación será mínima por la baja en la producción al haberse agotado los principales yacimientos y descuidado la búsqueda nuevos campos de petróleo y gas. A su vez, nuestro país tendrá que importar más gasolina, diésel y petróleo para satisfacer la demanda interna. Ese es el factor neurálgico de Bolivia que mantiene subvencionados los precios de los carburantes. Una modificación en los precios desataría una espiral inflacionaria de difícil control, de manera que es poco probable que el actual gobierno se anime. Eso significa seguir manteniendo la subvención a los carburantes y a la energía, hecho que representará grandes erogaciones del tesoro del Estado.

El oro ha subido su cotización y oscila por los 1.900 dólares la onza, hecho que favorecerá a las cooperativas nacionales. Otros minerales también subieron de manera que las exportaciones nacionales tendrán un importante incremento. El precio del petróleo se elevó casi a niveles de 2014. Los últimos días logró un promedio de 100 dólares el barril de crudo. Esto permitiría a Bolivia aumentar el valor de las ventas de gas natural a Brasil y Argentina, pero lamentablemente la capacidad de producción nacional en este momento apenas puede cubrir los compromisos, e inclusive algunos meses no ha podido honrarlos, y ha tenido que renegociar los volúmenes de exportación comprometidos, que ya son los más bajos de los últimos 20 años.

Informes de prensa dan cuenta que las importaciones de combustibles el año pasado marcaron un récord histórico y es posible que este año superen el valor de las exportaciones. La progresiva reducción de la producción de gas de Bolivia y la tendencia al alza de las importaciones de combustibles presentan un escenario desfavorable. Los analistas consideran que el impacto de la actual situación para un país exportador de commodities debería ser altamente beneficioso, pero para Bolivia puede tener un efecto negativo por la poca capacidad de producción, pese a tener un potencial muy grande que es desaprovechado por diversos factores, entre ellos, las dificultades de acceso a ultramar por las condiciones de mediterraneidad, agravadas por la precaria infraestructura en carreteras; y las difíciles condiciones sociales y políticas que derivan en paros, huelgas, bloqueos y conflictos que frenan la labor productiva. Para colmo de males, el gobierno del MAS en los últimos 15 años ha frenado la llegada de capitales, ha desalentado las inversiones y encima traba las exportaciones, además de grabar con impuestos excesivos a los productores. En condiciones normales el trabajo de producción en el país es dificultoso por todos los obstáculos que existen, que lamentablemente pueden agravarse por el reflejo de la guerra, especialmente si se prolonga por mucho tiempo.

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