Ahora, a vigilar el cumplimiento de los acuerdos

Todos los pueblos aman la paz, la tranquilidad y las oportunidades para progresar. Asimismo, toda persona desea y se esmera en desarrollar en libertad sus condiciones innatas y aprecia ser parte de las perspectivas de la sociedad. Pero alcanzar ese estado ideal es a veces difícil porque muchas veces las condiciones de una ciudad, región o país presentan circunstancias adversas. Inclusive pueden darse ambientes nada propicios o hasta conflictivos. Es pate de la vida, es la realidad. Es lo que sucedió en nuestra patria Bolivia, que se vio enfrentada entre hermanos, con posiciones polarizadas que adquirieron tonos de violencia.

Sin embargo, es paradójico que los polos opuestos, cada uno por su lado, durante estas duras jornadas desde el 20 de octubre, proclamaron la paz, la búsqueda de acuerdos y un llamado al respeto al ordenamiento legal y la voluntad de los ciudadanos. Constantemente se clamó por concertación. Desgraciadamente, en ambas partes hubo también actitudes poco conciliadoras, unas que amenazaron y exigieron; otras que directamente actuaron violentamente, y todo ello fue generando respuestas en espiral. Pero simultáneamente se seguía pidiendo diálogo. Desde un primer momento los organismos internacionales exhortaron a buscar soluciones en armonía.

Lejos de exaltarse más por las diferencias, parece que comenzaron a valorar otros factores más importantes que unen a todos los bolivianos. Se comenzó por desagraviar a la Wiphala y pronto la mayoría coincidía en que la igualdad no eran solamente palabras. El folclore nos une, la música nos envuelve a todos por igual, la tierra nos llama y todos hacen fuerza por defender a la madre tierra. Entonces, ¿por qué estamos enfrentados?… El dolor y el luto que sufren algunos compatriotas, pronto se hicieron carne en todos, se generalizó, y se volvió un solo dolor de todos los bolivianos.

No se puede negar que como este hay muchos otros factores que duelen a todos los bolivianos, aunque de diferente manera. El populismo ha hecho mucho daño a nuestro país, así como, el regionalismo y el racismo, defectos que persisten pese a que hay conciencia, en la mayoría de la gente, sobre su perniciosa influencia. Pero hay sin duda un hilo conductor de las querencias nacionales, y parece que, en determinado momento, al influjo de los mensajes de paz de los amigos de Bolivia, felizmente, poco a poco los discordes se apaciguaron, y se logró el diálogo entre los sectores movilizados y el gobierno provisional; hubo negociaciones en la Asamblea Legislativa, y aunque los instigadores de la violencia no censaron nunca en sus provocaciones, la calma ganó terreno. Hubo quejas, reclamos y mutuas acusaciones, pero al final se llegó a importantes acuerdos que hoy se trasuntan en el retorno poco a poco a la normalidad.

Se han dado las bases para una solución al delicado conflicto que vivió el país, y ahora lo que se ha logrado tiene que ser refrendado en las urnas con el voto libre, secreto y soberano de los ciudadanos que elegirán a los futuros gobernantes. Los acuerdos logrados tienen un carácter histórico, pero aún falta un recorrido que merece la vigilancia de toda la ciudadanía, para que este nuevo sacrificio del pueblo pueda ser coronado por la consolidación definitiva de la democracia.