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jueves, enero 26, 2023
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¿Alguien creyó la fábula del «mar de gas»?

Bolivia necesita diversificar y aumentar su producción, modernizar la industria con tecnología de punta, industrializar las materias primas para obtener valor agregado y exportar más, si realmente se quiere salir adelante. Pero un objetivo de esta naturaleza no se logra con la ampliación de feriados, huelgas, paros y bloqueos, y menos en medio de intranquilidad social y política e inseguridad jurídica. Se requiere esfuerzo, trabajo, y una administración honesta y eficiente, además de otros factores imprescindibles como son las inversiones, y el conocimiento tecnológico que son los pilares sobre los que debe asentarse el esfuerzo colectivo.

En ese panorama, se acaba el gas natural, la minería ha dejado de ser hace mucho tiempo el principal sustento de la economía, y sus costos ambientales van contracorriente, mientras la esperanza del litio y el hierro del Mutún, continúan la rosca que imita a la mitológica «ouróboros» -la serpiente que se come su propia cola- al cometer reiterados errores, reiniciar un proyecto, fracasar, comenzar de nuevo otro con las mismas fallas, y repetir el experimento en el eterno retorno al fracaso.

Tal vez la experiencia más dura sea la de los hidrocarburos. Bolivia se consideraba una potencia gasífera ya que con las reservas descubiertas el siglo pasado, el país logró exportar gas a Brasil y Argentina por valores superiores a los seis mil millones de dólares anuales, especialmente cuando se elevó el precio del petróleo entre los años 2013 y 2014. Se aprovechó la coyuntura favorable y se procedió a una sobreproducción sin realizar la reposición de campos. Se olvidó la exploración petrolera y el país se limitó a producir, hasta agotar los principales campos productores de gas y petróleo.

Tarde se reaccionó buscando empresas que quieran invertir en la prospección, pero sin encontrar respuesta, ya que los inversores se alejaron por el anuncio de nacionalizaciones -que nunca fueron tales- pero que desincentiva la llegada de empresas interesadas en arriesgar capitales en la búsqueda de hidrocarburos. Frente a esa realidad, YPFB asumió la perforación de algunos pozos sin lograr resultados positivos. Inclusive se asoció a una empresa venezolana sin lograr ningún éxito. Las críticas de los expertos que conocían la realidad de la política de hidrocarburos, advertían sobre los riesgos, pero eran desmentidas con alentadores informes sobre supuestos descubrimientos.

La demagogia y la mentira llegaron al extremo de anunciar que Bolivia estaba sobre un mar de gas. Efectivamente, en 2019 el entonces ministro de Hidrocarburos, Luis Alberto Sánchez, respondiendo a los periodistas sobre la preocupación por un agotamiento de los yacimientos, anunciaba que había un «mar de gas» debajo de los departamentos Santa Cruz, Chuquisaca y Tarija. «El mar de gas lo hemos descubierto, solamente que ustedes no lo visualizan, no lo quieren visualizar», decía Sánchez. Ya el oficialismo en ese momento estaba en campaña proselitista. El tema quedó ahí, pese a que los analistas pusieron en evidencia la inconsistencia de las afirmaciones del ministro. Pero en algún momento la verdad sale a la luz. Tal vez muy tarde, pero el actual ministro de Economía, Marcelo Montenegro, en declaraciones a corresponsales extranjeros, reveló que el mar de gas, no era real. Sostuvo que un exministro «le hizo creer» al exmandatario Evo Morales que estaba en un «mar de gas».

Lo cierto es que se están agotando los campos gasíferos. De más de 61 millones de metros cúbicos día de gas natural que se producía en 2014, actualmente apenas se logran 39 MMmcd. El gobierno actual anunció que se están realizando prospecciones en busca de nuevos campos, pero parece que se trata de una tardía reacción, y tal vez un paliativo, ya que, suponiendo que se lograran algunos resultados positivos, los mercados tradicionales de Brasil y Argentina ya no están dispuestos a seguir adquiriendo el gas boliviano. Argentina aumentó su producción y ha decidido disminuir la compra de los volúmenes acordados con YPFB. Brasil ha dejado de comprar gas, solamente hay pedidos de empresas privadas. Pero, además, ya se ha anticipado que Argentina proveerá el gas a Brasil. A ello se suma la creciente e inevitable tendencia por la energía más amigable con la naturaleza. Por ello, volvemos a lo que señalamos antes, es necesario diversificar la producción nacional, alentar la agroindustria, atraer capitales frescos y tecnología para modernizar al país al ritmo del avance global.

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