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jueves, abril 15, 2021
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Amauta y Yatiri afirman que el Taparaku presagió el destino de Evo Morales

Indican que «el expresidente de origen aymara sabe que ha sobrepasado los límites de la trilogía Ama Sua, Ama Quella, Ama Llulla, (no seas ladrón, no seas mentiroso, no seas flojo) por lo que psicológicamente asoció la aparición del Taparaku, -grande mariposa nocturna, posada en la pared del palacio de gobierno, dos días antes de los sucesos de enfrentamiento de la población insurrecta con la policía ,en el mes de octubre de 2019- como señal de la tragedia que podía desencadenarse en contra de su persona, dado que el pueblo enfurecido por una serie de hechos contrarios a la Constitución, a las Leyes humanas y morales, exigía su renuncia por el fraude».

El Taparaku mal agüero

El Taparaku, de quien los estudiosos de la lengua aymara Juan Carvajal Carvajal, Vitaliano Huanca Torrez, Juana Vásquez en su edición auspiciado por el Instituto Boliviano de Cultura y el Instituto Nacional de Antropología, bajo la dirección de Pedro Plaza Martínez, libro aymara castellano editado en diciembre de 1978, señalan que «El taparaku es una mariposa nocturna, insecto lepidóptero de gran tamaño, sus alas por lo general son de color café oscuro o negro y aparecen por las noches . Se lo considera insecto de malagüero, cuando aparece significa que alguien va de morir».

Según Yatiris de Curva, Evo Morales Ayma vio y se paralizó ante la presencia en palacio de gobierno del Taparaku. Por lo que sabía cuál es su destino.

Por su parte Amautas de la provincia Ingavi, de la Cultura Callawaya, centro de la cosmovisión andina, «dudan que Evo Morales Ayma, -que está en la mira de la opinión pública mundial por la denuncia en contra suya por estupro- quiera retornar a nuestra nación». Enfocan que existe repulsa de las comunidades aymaras, cuando se abusa de menores de edad, se les aplica a los autores la justicia comunitaria», indicaron.

En la Cultura Callawaya se castigaba con la pena de muerte a estupradores

Según los notables cronistas de aquellos tiempos del incario y de la presencia de los aymaras en el Cuzco, Garcilaso de la Vega y Waman Poma de Ayala, la norma de pena de muerte era para varios casos entre ellas: «Al homicida se lo mataba en la misma forma como había cometido el delito; si se había cometido con piedra, a piedra; si con palo, a palo. Al desvirgador se le castigaba con 500 azotes y se le sometía a la pena de la Iwaya que consistía en obligarle a que se tienda de bruces en el suelo y desde la altura de uno a dos metros se le soltaba grandes pedregones sobre la espalda. Al forzador de una doncella, se le colgaba en una peña de cobre y se lo abandonaba hasta su muerte. Al mentiroso, traidor, al que profería palabras obscenas, se le castigaba con pena de muerte y esta consistía en colocar al culpable en el suelo de espaldas, bien maniatado, para que todo el mundo pase por sobre su cuerpo y pisoteándolo hasta que muera. A los perjuros, falsarios, a los maldicientes contra la divinidad, se les imponía la pena de azote hasta que mueran».

El Inca Pachacutec instituyó penas graves para los blasfemos, adúlteros, adulteras, estupradores, seductores de ajllas, ladrones, incendiarios, prevaricato y cohecho. Todos esos delitos se castigaban con la pena capital. Decía, el Inca: «Pichos runa masinta wañuchin juchan patapi wañunan». «El que mata a su semejante necesario es que muera».

Así refleja en su libro titulado «Cultura Callawaya» el prestigioso magistrado, escritor, periodista, paceño, Dr. Enrique Oblitas Poblete.

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