Artemisa, diosa griega de la caza, llevará a Estados Unidos a la Luna en 2024

NASA

Estados Unidos planea volver a la Luna en 2024, cuando una mujer pise por primera vez el satélite. Un regreso que no será de ida y vuelta como hace 50 años, porque el objetivo último del programa Artemisa es establecer una presencia permanente en la Luna, puerta hacia el próximo objetivo: Marte.

2024 está a la vuelta de la esquina y para cumplir con los plazos la Nasa tendrá que acelerar el desarrollo de la tecnología necesaria y realizar en cinco años varias misiones previas, algunas tripuladas.

El vicepresidente estadounidense, Mike Pence, señaló el pasado marzo que el regreso al satélite en cinco años es «política de Estado» de la Administración de Donald Trump.

Por ello, pidió a la NASA que considerase «todas las opciones y plataformas disponibles» para lograr esos objetivos, «incluida la industria, el gobierno y toda la industria espacial estadounidense».

La Nasa ha bautizado a este nuevo programa como Artemisa, en la mitología griega diosa de la caza, los bosques y los animales y hermana gemela de Apolo, que dio nombre al programa espacial que en 1969 puso a dos hombres en el satélite.

«Esta vez, cuando lleguemos a la Luna nos quedaremos y lo que aprendamos lo usaremos para dar el siguiente gran salto: enviar astronautas a Marte», en palabras del administrador de la Nasa, Jim Bridenstine.

El primer objetivo en la Luna será el Polo Sur, donde se cree que existen millones de toneladas de hielo que -según la Nasa- se puede extraer y purificar para obtener agua, separar el oxígeno para respirar y el hidrógeno para lograr combustible para cohetes.

Pero antes de llegar hasta allí, Estados Unidos tiene que poner a punto nuevo equipamiento, como el Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS), el cohete más potente desarrollado por la Nasa y capaz de enviar tripulaciones al espacio profundo.

Un cohete con capacidad para 26 toneladas de peso que puede enviar grandes cargas y a la cápsula Orión con astronautas a la Luna en una sola misión. En el SLS están trabajando todos los centros de la Nasa y más de mil empresas del país.

Además, tendrá que acabar de construir Orión, una cápsula espacial con capacidad para transportar a cuatro astronautas, ofrecerles el respaldo necesario y llevarlos de vuelta a la Tierra.

Por el momento ya se están realizando pruebas, la más reciente hace solo unos días para verificar un sistema de emergencia en el caso de que una misión tenga ser abortada.

Todo ello tendrá que estar preparado para 2020, año fijado por la Nasa para el desarrollo de la misión Artemisa 1, cuando la cápsula Orión sea lanzada en el SLS en un vuelo de prueba no tripulado a la órbita lunar.

Si todo va bien, habrá que esperar dos años para realizar una misión pilotada (Artemisa 2) que orbitará la Luna, algo que no se hace desde hace medio siglo.

Ese mismo año habría que enviar el primer elemento de Gateway, una pequeña estación espacial que orbitará la Luna y funcionará como base entre la Tierra y la Luna. La instalación permitirá bajar a la superficie del satélite con aterrizadores reutilizables, y en el futuro será punto intermedio para misiones más lejanas.

Gateway es fruto de una colaboración internacional, en la que están implicados los países que comparten la actual Estación Espacial Internacional.

En 2024, cuando una mujer y un hombre deberían pisar la luna, Gateway tendría que poder asistir la presencia de seres humanos, aunque no estará totalmente terminada en 2028.

Y para 2023, la Nasa tiene previsto que alunice un rover, que entre otras cosas, proporcionará conocimientos sobre cómo puede usarse el hielo subterráneo.

Establecer una presencia permanente en la Luna o embarcarse en largos viajes, como a Marte, hará cada vez más importante que se fabriquen materiales y productos usando los recursos locales disponibles.

Todo ello es un proyecto millonario, que podría costar entre 20.000 y 30.000 millones de dólares (de 17.800 a 26.700 millones euros) en cinco años, según Bridenstine.

Trump ha propuesto al Congreso para 2020 una asignación adicional de 1.600 millones de dólares (1.425 millones de euros) al presupuesto de la NASA, que supera los 21.000 millones (18.714 millones de euros).

Además contará con «asociaciones comerciales fuertes» y, según su web, los socios internacionales siguen siendo «una parte vital que contribuirán al objetivo de crear un presencia lunar permanente para 2028».