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sábado, diciembre 4, 2021
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¿Bolivia está cerca de poner fin a la pandemia?

Las autoridades han anunciado que ya se inició la vacunación masiva a la población, comenzando por Santa Cruz. ¿Se puede considerar que con esta actividad el país ya está en condiciones de acabar con la pandemia de coronavirus? La respuesta tiene que ser sincera y sin vueltas. No.

La vacunación es un valioso medio para frenar la propagación, pero junto con otras medidas que no deben descuidarse, entre las que se cuenta como imprescindibles el distanciamiento social y la protección de bioseguridad. La desescalada de contagios es una buena señal, pero al mismo tiempo hay riesgos que no ha sido posible controlarlos, especialmente por las campañas electorales. Pero la vacunación puede ser un factor determinante para llegar a una nueva normalidad, ya que nunca se podrá volver a las rutinas del pasado en la vida cotidiana ni en las múltiples actividades económicas, productivas, sociales, laborales, culturales o deportivas, etc. Nada será igual.

Esta es una conclusión de los expertos, así como de las organizaciones internacionales, y también de las instituciones nacionales más representativas. Una idea de la realidad actual la ofrece Aleteia, que es una iniciativa de orientación lanzada por laicos católicos, que pregunta, ¿Cuánto tiempo queda de pandemia, muertes, crisis económica, crisis sanitaria, distanciamiento social y problemas psicológicos derivados del confinamiento? Son preguntas que, a medida que se acerca el primer año de la declaración de pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS), todos nos hacemos a diario. Y todos hacemos cábalas, escuchando a especialistas o consejos del vecino; trotando de un lado para otro hasta conseguir los medicamentos o la ansiada vacuna (donde exista) y pidiendo al cielo que esto acabe de una vez y para siempre.

El inmunólogo irlandés Luke O’Neill, profesor de Bioquímica en la Escuela de Bioquímica e Inmunología del Trinity College de Dublín (Irlanda) y autor de libros como «Humanología», dio su perspectiva sobre esos temas acuciantes en un video publicado en NewstalkFM. Para O’Neill -de acuerdo con las últimas cifras de la OMS y de la Universidad Johns Hopkins- estamos cerca del final, a la salida del túnel más largo que ha tenido que recorrer la civilización moderna desde 1945, al término de la Segunda Guerra Mundial.

Por principio de cuentas, el mundo ha acumulado 15 semanas consecutivas con una baja en los niveles de contagios, y la semana pasada el descenso fue de un muy importante 17 por ciento con respecto a la semana anterior. (En Bolivia solamente dos semanas, pero es una buena señal). Este descenso -que tiene que ver con el inicio de las vacunas y, también, con el resultado de las medidas de distanciamiento social e higiene implementadas en muchos lugares del mundo- no debe ser tomado sino como lo que es: un descenso. Pero no es el fin. Para quienes estudian el fenómeno científicamente, los próximos nueve meses serán determinantes para saber si se puede llegar a una «nueva normalidad» (desde luego, diferente a la «normalidad» que se vivía antes de marzo de 2020) o si seguimos en rojo.

La postura del epidemiólogo irlandés es muy clara: se podrá volver a una «nueva normalidad» sí, y solo si resurge entre los pueblos del mundo la solidaridad para compartir vacunas y alcanzar la llamada «inmunidad de rebaño» a nivel planetario. Para que los índices de contagios bajen es importante que los países desarrollados con excedente de vacunas, las cedan al resto de naciones que no han logrado vacunar con rapidez a su población, por no contar con los recursos para adquirirlas. Canadá cuenta con un suministro de nueve vacunas por persona; Estados Unidos con siete; Reino Unido con seis y la Unión Europea tiene cinco por persona. Si se toma en cuenta que se necesitan dos por persona para completar el esquema de Pfizer, Moderna o Astra/Zeneca, los excedentes son mayúsculos. Pero para lograr acuerdos de cooperación se requiere dejar a un lado ideologías y compromisos sectarios, de manera que se pueda dialogar y negociar sin el lastre de la política partidista que lo enturbia todo con su mezquina esencia militante.

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