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jueves, octubre 21, 2021
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Bolivia y Biden

Dr. DAEN. Ronald Torres Armas

¿Esta Arce dispuesto a trabajar con Biden? ¿O preferirá su relación con Maduro y el régimen cubano?

El gobierno de Morales, encerrado en su ideología retrógrada y estéril, rompió relaciones con los EE.UU., creía preservar la «dignidad» y «soberanía» del pueblo ¿Tuvo algún sentido política y económicamente la ruptura? ¿Cuál fue el beneficio?

La política exterior es una prerrogativa de quien ocupa la Presidencia, pero esta debe ser restrictiva a los resentimientos, o a la ideología. Las relaciones internacionales deben estar condicionadas solo por los intereses del Estado. El error fue mayúsculo porque no se entiende que en las relaciones con EE.UU. es imperativo desagregar temas y descubrir oportunidades, transformando a este país de socio impensable a socio indispensable, por su poder irremediable.

Esta conducta ingenua y de vocación aislacionista hicieron perder tiempo al país; es tiempo de dar un giro y ser menos dogmáticos en nuestras relaciones exteriores, lo cual no significa abandonar lo que sí importa: nuestros principios y valores. Nada impide afianzar un socialismo político y económico, próspero y sostenible, pero priorizando la economía por sobre la ideología, la que no da de comer.

La política exterior contemporánea significa negocios, inversiones, es ampliar los mercados para nuestros productos generando más renta y más empleos. Advertidos estamos de los riesgos de depender en exclusiva de las veleidades de la economía gasífera y de los commodities, por las cuales, cada vez que económicamente entramos en crisis, pedimos ayuda a los EE.UU. para evitar revueltas sociales en el país.

Arce debe comprender que el ciclo del discurso anti imperio ya es anacrónico, es demagogia; este país es, simultáneamente, proveedor del orden y del desorden en el continente; sigue y seguirá definiendo el rumbo de Latinoamérica y de Bolivia, nos guste o no. EE.UU. no renunciará a sus intereses económicos y geopolíticos y a su destino imperial, y menos a su pretendida legitimidad moral para respaldar los valores democráticos y de libertad.

Es necesaria y urgente una conversión en nuestras relaciones en la que prime la lógica política de la sintonía con el más fuerte, condicionados sí, al respeto a los derechos humanos, la democracia y el control del narcotráfico, cuya consecuencia para el país será en lo inmediato, la reanudación del ATPDEA, perdido por la ineficacia de gestión.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas puede abrir oportunidades de inversión de los grandes grupos estadounidenses, así como turísticas y comerciales con el primer mercado del mundo, lo que generará una nueva dimensión económica si el régimen es coherente y se dirige hacia donde se dirige el mundo. El gran desafío para el gobierno es compatibilizar una autonomía ideológica con los intereses nacionales y no con las de un régimen circunstancial y transitorio.

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