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lunes, noviembre 28, 2022
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Bolivia y Brasil en un nuevo escenario

Un nuevo escenario político se presenta entre Bolivia y Brasil, con la elección de Luiz Inácio Lula da Silva a la Presidencia de ese país, en una reñida segunda vuelta electoral. Lula, reasumirá las riendas del país más poderoso del continente por tercera vez el 1 de enero de 2023. Aunque logró un triunfo por un margen muy estrecho, se avizora un cambio importante no solamente en Brasil, sino en el continente por su influencia económica que es gravitante en la región. El cambio ha generado expectativa general, con júbilo en los regímenes izquierdistas y preocupación en las tendencias conservadoras que ven crecer el populismo.

Lula da Silva, que gobernó Brasil de 2003 a 2010, logró su victoria por el apoyo de los más pobres que aumentaron debido a las crisis sobrepuestas de las secuelas de la pandemia -con más de 600 mil muertos- y la corrupción que dejó precisamente el prolongado régimen anterior de Lula y el partido de los trabajadores. A ello se sumó la forma de gobierno de Bolsonaro, que con sus contradicciones, exabruptos y anormalidades, dejó sin alternativa a miles de brasileños que optaron por el mal menor.

Lula, en su campaña destacó sus logros socioeconómicos en su anterior gestión, como la salida de la pobreza de más de 30 millones de brasileños gracias a iniciativas sociales financiadas con el «boom» de las materias primas, pero la realidad actual es diferente, pues ya no contará con la misma bonanza: si bien la economía da señales de mejoría, con crecimiento, menos inflación y más empleo, está lejos de la prosperidad pasada.

Pero el más grande escollo que tendrá que enfrentar el nuevo gobierno será el Congreso, donde los conservadores son mayoría, y no olvidan las acusaciones de corrupción que pesan sobre Lula, pese a que algunas fueran anuladas por motivos procesales. Había estado preso 19 meses salpicado especialmente por el escándalo «Lava Jato», una red de sobornos en la estatal Petrobras. Esa sombra no se ha disipado.

Bolivia tiene la frontera más grande con Brasil, y la relación económica ha sido determinante, especialmente porque fue el principal mercado para el gas natural. Lamentablemente se han cometido muchos errores y precipitaciones que han enturbiado las relaciones entre ambos países, desde la supuesta nacionalización de los hidrocarburos realizada con una ocupación militar a las plantas de Petrobras, que luego fueron devueltas a la administración brasileña. Menos apreció Brasil que el actual gobierno haya privilegiado la venta de gas natural a Argentina en desmedro de Brasil, y tampoco se olvidó el episodio del apoyo brasileño a perseguidos políticos en Bolivia.

Otro asunto pendiente es que Brasil, al margen de posiciones ideológicas, marcó una tendencia en relación al proyecto de corredor bioceánico, mostrando su inclinación por una vía directa con Perú, y otra hacia Chile excluyendo a Bolivia. El proyecto original para unir los puertos de Santos en el Atlántico con Ilo en el Pacifico pasando por Bolivia, es la vía más corta y debería ser la escogida, pero en el camino se interpuso una obscura realidad, que hoy se manifiesta y confirma con mayor elocuencia con el conflicto en Santa Cruz, Bolivia no garantiza un libre tránsito. La «cultura» de los bloqueos se ha convertido en la sombra que ha obscurecido la aspiración de convertir a Bolivia en un verdadero país de contactos regionales y la ruta coincidente para la vertebración ferroviaria y rodo-viaria.

De todas maneras, siempre está abierta la posibilidad de negociar un compromiso de respeto a las normas internacionales, que precisamente no ha sido ni es una distinción de los gobiernos del MAS. Pero siempre es posible cambiar. Las relaciones de Bolivia con los países vecinos son determinantes no solamente porque son los principales socios comerciales, sino, fundamentalmente, porque es necesario pensar primero en la armonía como elemento central para lograr un mutuo beneficio. La diplomacia es la columna vertebral de la relación entre los Estados, tanto para mantener esa necesaria concordia, como para alcanzar objetivos concretos de desarrollo, bienestar, consolidar la paz y la armonía, y lograr el aprovechamiento oportuno de la cooperación como instrumento de integración y de sintonía regional.

Lamentablemente, cuando la ideología, los fundamentalismos y posiciones coyunturales se imponen a la realidad objetiva, se levantan barreras que enrarecen las relaciones. Esto ha ocurrido con nuestro país que ha adoptado una política hostil con casi todos los países vecinos que optaron por opciones políticas alejadas del supuesto socialismo del siglo XXI. Aunque las tendencias de izquierda en este momento muestran un importante crecimiento, sus peculiaridades las alejan de las experiencias de Cuba y Venezuela. Talvez se abran algunas posibilidades regionales si se logra recuperar los principios diplomáticos antes que los intereses ideológicos.

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