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domingo, julio 25, 2021
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Cambio de época

América Latina y el Caribe deben crecer a una tasa de por lo menos 4% al año y realizar una fuerte redistribución del ingreso (de hasta 3% del PIB anual) para eliminar la pobreza hacia 2030. La recuperación, después del COVID-19, implica reconstruir y lograr la transformación productiva, con cambio tecnológico y sostenibilidad ambiental, que fortalezcan la igualdad y «la democracia como el legado más preciado de la modernidad». Estos y otros conceptos enmarcaron el Trigésimo Octavo período de sesiones de la CEPAL, que emitió una serie de recomendaciones al concluir sesiones.

Por primera vez las reuniones se efectuaron en forma virtual con la concurrencia de representantes de los gobiernos de la región, así como de organismos internacionales, entre ellos el Secretario General de Naciones Unidas, En las reuniones se analizaron varios documentos y propuestas, entre ellos, el estudio «Construir un nuevo futuro: una recuperación transformadora con igualdad y sostenibilidad». El documento afirma que recuperar, en el actual contexto, implica reconstruir, actuar inmediatamente en el corto plazo con la necesaria perspectiva del largo plazo, y plantea propuestas de recuperación y desarrollo orientadas hacia un Estado de bienestar inclusivo y una transformación productiva con cambio tecnológico y sostenibilidad ambiental, que fortalezca «la igualdad y la democracia como el legado más preciado de la modernidad».

Recuerda que la crisis provocada por la pandemia del coronavirus (COVID-19) golpea al mundo y a la región cuando ya mostraban graves problemas de bajo crecimiento, desigualdad y desequilibrios ambientales creados por un estilo de desarrollo insostenible. La polarización política, la rivalidad creciente, el conflicto y la pérdida de confianza en la democracia eran signos de estos problemas estructurales. La pandemia ha creado la necesidad de una acción urgente. Por ello, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) propone en su nuevo documento de posición un conjunto de políticas que responde a la gravedad de la hora y apunta al mismo tiempo a superar los problemas estructurales.

La Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, Alicia Bárcena explicó que «la región se encuentra ante un cambio de época que entraña procesos de transformación estructural inciertos, largos y complejos, que revolucionan la base tecnológica, la manera de producir, distribuir, habitar, consumir, acumular, pensar y convivir». Añadió que, para enfrentar este cambio de época, la CEPAL propone un gran impulso para la sostenibilidad que articule políticas y coordine inversiones. Este impulso debe abarcar las tres dimensiones del desarrollo sostenible: la económica, la social y la ambiental.

El documento muestra que, para lograr la transformación, el esfuerzo debe estar apoyado en la transición energética, la innovación y difusión de tecnologías ambientales para que la región pueda crecer cumpliendo con los compromisos de reducción de emisiones establecidos en el Acuerdo de París. Añade que tecnología y cambio estructural, la transformación de los patrones de producción y consumo, y la construcción de un Estado de bienestar deben interactuar y reforzarse para combatir la desigualdad sin destruir los ecosistemas y comprometer el derecho al desarrollo de las futuras generaciones.

«América Latina y el Caribe debe avanzar hacia un gran impulso para la sostenibilidad con la perspectiva de un nuevo estilo de desarrollo y la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible. Una combinación virtuosa de políticas puede concretar la propuesta de crecer para igualar e igualar para crecer», afirma el estudio. Se trata de un documento que intenta convertirse en acción y que enfatiza que una recuperación transformadora post-COVID-19 requerirá de pactos sociales para que los objetivos de igualdad y sostenibilidad se conviertan en política de Estado, con la participación de todos los sectores y grupos sociales. A su vez, se proponen nuevas formas de gobernanza para la provisión de bienes públicos globales, como el acceso universal a la salud, la seguridad climática y la protección de la atmósfera, la estabilidad financiera, la paz y la protección de los derechos humanos.

El documento propone políticas de mediano y largo plazo en las áreas de fiscalidad y financiamiento, internalización de las externalidades ambientales, desarrollo industrial, régimen de bienestar y protección social, integración regional y renovación del multilateralismo. Asimismo, sugiere concentrar la atención en siete sectores que pueden ser los motores del nuevo estilo de desarrollo en función de su papel estratégico en las emisiones, la inversión, la competitividad, el empleo y la salud, y propone líneas de política para impulsarlos. Estos sectores se vinculan a una nueva matriz energética que contempla como base la electro movilidad urbana, la revolución digital, la industria manufacturera de la salud, la «bioeconomía», la economía circular y el turismo sostenible.

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