Cancillería asegura que son atendidos unos 1.600 compatriotas varados en Chile

EFE

Unos 1.600 bolivianos varados en Chile están siendo atendidos en coordinación con las autoridades de Bolivia, informó este lunes la Cancillería boliviana.

La canciller Karen Longaric y el canciller de Chile, Teodoro Ribera, «gestionaron albergues, asistencia médica y ayuda humanitaria para 1.600 bolivianos que se encuentran varados», aseguró la Cancillería en un comunicado.

Estos bolivianos están en las ciudades chilenas de Iquique y Antofagasta, en espera de su «ingreso seguro, gradual y ordenado» en Bolivia, afirma la nota.

La cuarentena que cumplen en Chile, supervisada por autoridades de ambos países, será reconocida para poder ingresar en Bolivia, «así como el resultado de la prueba del COVID-19 para aquellos casos que se consideren necesarios», de acuerdo al reporte.

La Organización Internacional para las Migraciones (OMI) «garantiza la alimentación saludable de todos nuestros compatriotas que guardan cuarentena», añade el comunicado.

La Cancillería aseguró que las medidas para atender a estos bolivianos fueron coordinadas en una conferencia telefónica entre los ministros de Salud de Bolivia, Marcelo Navajas, y de Chile, Jaime Mañalich, mientras que para los próximos días se espera la firma de un acuerdo de cooperación entre las cancillerías de ambos países.

Bolivia instaló un campamento militar en la frontera con Chile en Pisiga para acoger a bolivianos que retornen, donde ya estuvo un grupo de algo más de cuatrocientos y se espera que puedan ingresar otros progresivamente.

Las autoridades bolivianas anunciaron que instalarán más campamentos de este tipo en la frontera con Chile.

El país tiene declarado el estado de emergencia sanitaria, con cuarentena hasta el próximo 30 de abril, que incluye medidas como el cierre de fronteras y del espacio aéreo, salvo excepciones, con 33 fallecidos y 520 casos confirmados de coronavirus.

El Gobierno defiende su gestión para los bolivianos varados en Chile, por la necesidad de un ingreso controlado para salvaguardar la salud de los once millones de bolivianos que viven en su país, ante incidentes como la tensión vivida días atrás en Pisiga al impedir un cordón militar la entrada y entre pedidos para que puedan ingresar por motivos humanitarios, con críticas por la diferencia de trato respecto a quienes se permite regresar en avión.