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domingo, septiembre 26, 2021
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¿Cómo será después de la pandemia?

Ya sea que se logre controlar el coronavirus o que el mundo se acostumbre a vivir con la pandemia, el planeta está ingresando a una nueva etapa para reconstruir, rescatar, innovar y aprovechar la coyuntura de diversas formas. Los analistas coinciden en que hay enormes posibilidades para los países que enfrenten la situación imaginativamente, y alertan sobre los riesgos para aquellos que se quedan atrás priorizando las rencillas internas. ¿En qué lado está Bolivia? Todo hace pensar que los problemas políticos postergan las decisiones cruciales y se prefiere expandir el odio la controversia y la lucha interna, sin haber comprendido la real magnitud de la covid-19 ni sus derivaciones.

Los organismos internacionales consideran que el mundo es consciente de que las decisiones que se tomen frente a la pandemia moldearán nuestras vidas, y advierten sobre los riesgos de decisiones equivocadas. Se especula sobre el hecho de que la tecnología ha sido aprovechada para consolidar una vigilancia de alto riesgo a la ciudadanía, y hasta que existen corporaciones que lo controlaran todo. Algunos ven que en la postpandemia el capitalismo se empoderará más generando mayor brecha entre pobres y ricos. Otros consideran que la covid-19 supone una oportunidad para generar una eclosión de los valores solidarios, mediante una actitud consciente producto de la madurez de los pueblos. Pero todos coinciden en que pese al pánico que cunde en el sistema financiero global, el coronavirus no logrará derribar al modelo económico vigente, es más, se estima que hasta China profundizaría el capitalismo.

Ojalá que las autoridades nacionales sean conscientes que las nuevas políticas nacionales tienen que responder a la necesidad de proporcionar al ciudadano, a las regiones y al país en su conjunto, las oportunidades para una realización plena, mediante instrumentos que hagan posible un efectivo desarrollo y progreso individual y colectivo. La transición de la pandemia a la normalidad relativa tiene que abrir espacios y significar innovación, inventiva, imaginación, modernización y adecuación al ritmo del desarrollo tecnológico, industrial y del conocimiento.

Lamentablemente, algunos sectores radicales viven en el pasado, llenos de rencor y se oponen a todo lo que venga de la modernidad, desechando el conocimiento, y pretendiendo desvalorizar el profesionalismo, anteponiendo la politiquería partidista, la militancia y la improvisación. Lo que sucede en la salud y la educación es un reflejo de un evidente retroceso que va contra la corriente de la búsqueda de la excelencia, en una actitud «contra natura» y contra todo el esfuerzo internacional por salir de la crisis y alcanzar un nuevo rumbo imaginativo frente al concierto internacional que, sin duda ha cambiado profundamente. Pero lejos de que Bolivia se inserte en ese cambio, parece que queremos retroceder y enrumbar al país hacia el abismo.

El mundo está construyendo nuevos paradigmas para sobrellevar la pandemia y la hecatombe planetaria ambiental, en la que los países emergentes tienen un rol fundamental. Si se analiza el momento en que llegó la crisis a América Latina, encontramos que, con algunos atisbos tecnológicos primarios, la base de la economía regional ha sido y son las materias primas cuyos precios se fijan en otras latitudes. La mayor demanda de materia prima de los países asiáticos fundamentalmente ha dado lugar a un leve crecimiento económico, pero no de calidad; el crecimiento de alta calidad se produce si somos capaces de sumar a las materias primas y a la mano de obra una mayor cualificación del trabajo, una mayor competitividad. Hay que innovar en el sentido de efectuar cambios de procedimientos, buscar la eficiencia institucional, la cualificación funcionaria, eficiencia estatal y de mejores estructuras empresariales. La innovación debe ser entendida como un cambio, apoyado en el conocimiento, en el profesionalismo, en la excelencia de hacer las cosas. La comprensión efectiva, o ignorar esta realidad, marcará el futuro de nuestro país y de otros de la región que tienen ante sí una gran oportunidad de llevar adelante un cambio profundo y conseguir un papel relevante en el panorama internacional, siempre que se sepan valorar las oportunidades y el momento de cambio crucial que vive el planeta.

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