Confabulación de exparlamentarios

Dr. DAEN Ronald Torres Armas

En un acto de desprecio a la democracia, inaceptable, de prepotencia y sordos a la protesta de la población boliviana, el Parlamento cesante adoptó, una vez más, sus rasgos autoritarios con el uso alternativo del Derecho, opacando la democracia y re experimentando su populismo divisivo.

Sin deliberación, debate, control ni fiscalización, no habrá legislatura.

La supresión de los 2/3 destroza las mayorías cualificadas permitiendo y admitiendo el descontrol del gobierno. La oposición, víctima de la arrogancia de la mayoría, estará impedida de asegurar el control de calidad en la producción de una ley y de fijar los límites dentro de los que podrá moverse el Poder Ejecutivo. Se hará imposible la fiscalización de las entidades como de sus responsables, agudizando la pésima percepción de que el Parlamento es el lugar de bloqueo de políticas públicas eficaces.

En un sistema político existen dos funciones: la de gobernar y la de oponerse. Una justifica y legitima a la otra, eso es democracia.

Sin oposición, las sesiones de las Cámaras seguirán siendo escenas de vergüenza. Las sesiones dedicadas al control del Gobierno serán inertes e inútiles, pervirtiendo la esencia de su finalidad.

El sistema que surja de esta mayoría parlamentaria será estructuralmente antisistema porque serán reflejo de la soberbia que afecta a algunos militantes del partido que detenta el poder, y que han convertido al Parlamento en un ámbito solo de convalidación política de decisiones unilaterales.

Como el Gobierno dispondrá de una mayoría suficiente, se sentirá con pleno derecho a nombrar en cargos superiores a quienes no tengan méritos necesarios y a modificar las leyes a su antojo; quien manda será otra vez el gobernante, no la ley.

Aquí la separación partido-Estado no existirá. La política será sectaria en el peor sentido del término: negará cualquier atisbo de razón a la oposición y la enfermedad del Parlamento se reflejará en la enfermedad de nuestra democracia.

Pero, no nos engañemos, sin mentalidad democrática no podemos pedir resultados democráticos.

El MAS al no aceptar que el Parlamento representa a todo el pueblo y el Ejecutivo solo a la mayoría, pueden tener la aprobación formal institucional, pero nunca aceptación social consiente, porque las razones para gobernar son las mismas que requieren los gobernados para obedecer.

Los dirigentes del MAS no aprendieron la lección, no tenían ni tienen sentido de Estado. El Parlamento, siendo el órgano más importante y primario del Estado, seria manipulado por el Ejecutivo, su función de fiscalización del poder no estuvo vigente durante 14 años. Estuvieron reducidos a su inutilidad creyendo en la irrebatibilidad de la autoridad moral que se les ha concedido.

No es admisible ni rentable para la ciudadanía mantener la ficción de los exparlamentarios que corrompe al Estado, se han convertido en un lastre insoportable al que es necesario contraponer un poder superior a su cinismo. No se dan cuenta que nada es absoluto ni indefinido, que la moneda tiene dos caras y su pésimo accionar se volcara contra su partido.