Consecuencias del dogmatismo político

El desconocimiento de tratados intencionales y el dogmatismo partidario, hacen que los políticos vean los hechos con una visión sesgada y sean incapaces de valorar situaciones con objetividad. Esta animosidad los enceguece y muchas veces los conduce a arriesgar comentarios precipitados e insólitos, y hasta llegan a acciones que pueden tener funesta consecuencias. Esto se da especialmente en la política interna, pero muchas veces afecta las relaciones entre los Estados.

Entre esos factores está la realidad que demuestra que algunos de estos personajes están alejados de principios éticos y para ellos es difícil cultivar valores como la honestidad, el respeto o la verdad.

El pueblo boliviano ha comprobado esta situación en innumerables oportunidades. Lo peor es que estos personajes tienen algunos seguidores porque se identifican con su forma de ser. También puede ser porque tienen intereses comunes, o simplemente porque reciben muchísimas prebendas.

Están frescas en la memoria de los bolivianos los llamados de Evo Morales, desde Argentina, «a cercar las ciudades y no permitir el ingreso de alimentos» durante la crisis social y política del año pasado.

Al presente en las redes sociales se da a conocer un audio atribuido al ex gobernante, en el que pide «descabezar al gobierno de facto», y referirse a que el «coronavirus llegó como anillo al dedo».

Toda persona tiene el derecho a la duda razonable, pero conociendo los exabruptos que el expresidente ha expresado durante los 14 años que estuvo en el poder, una mayoría da credibilidad.

Cabe recordar cómo, siendo Presidente, señaló que estaba «muy contento de no haber ido a la universidad»… «No me gusta leer. Tengo ese problema, soy sincero»… «Cuando algún jurista me dice: Evo te estás equivocando jurídicamente, eso que estás haciendo es ilegal, yo le meto nomás después les digo a los abogados: si es ilegal, legalicen ustedes, para qué han estudiado»; o sus expresiones discriminatorias sobre la dignidad de algunas de sus ex ministras y de algunas «bartolinas».

Es lamentable que el ex mandatario apele a utilizar la tragedia que significa una pandemia mundial para decir que cayó como «anillo al dedo» para sus intereses partidarios. Lo más grave de todo es que aprovecha la hospitalidad del gobierno de Argentina para utilizar a ese país como base de sus actividades conspirativas contra Bolivia. Al parecer los reclamos diplomáticos de la Cancillería boliviana, ante organismos internacionales, para que se respete prohibiciones de aleccionar, incitar a manifestaciones y protestas en la calles, por un refugiado, están siendo desoídas.

Recordemos que Morales anunció que utilizará a ese país como base para dirigir la campaña del MAS.

Pero ante la emergencia sanitaria y la cuarentena, a nivel mundial, que es acatada por el gobierno nacional, esta situación política no debe continuar.

El gobierno, por más transitorio o de transición que sea, tiene la obligación de preservar la seguridad nacional y el ordenamiento jurídico.

Quizá sea conveniente se analice la necesidad de romper relaciones diplomáticas con Argentina mientras el actual gobierno del vecino país ampare la impunidad de quien atenta contra la salud pública del pueblo boliviano y reflexione sobre su actitud.

Los vínculos de Bolivia y Argentina tienen una rica tradición de cooperación, fraternidad, armonía y comprensión. Lazos históricos unen a los dos pueblos desde la lucha por la independencia, lo que ocurre en estos días es muy grave.

La hermandad entre los dos pueblos se mantendrá siempre, pero la actitud de los actuales gobernantes argentinos obliga a tomar decisiones inmediatas al gobierno de transición, mucho más cuando se trata de enfrentar la pandemia y dedicarse a preservar la vida de los bolivianos, por lo que incitar o pedir que se desobedezca instructivas presidenciales del actual gobierno, es inaceptable y totalmente contradictoria a tratados internacionales sobre la condición de refugiado político.