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sábado, septiembre 25, 2021
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Convivencia democrática

El pueblo boliviano ha dado suficientes muestras de vocación democrática. Ha acudido a las urnas en 16 ocasiones desde 2005 a la fecha, y en todas ha demostrado madurez, inclusive para abstenerse o votar nulo cuando las condiciones eran inaceptables, como en el caso de las elecciones judiciales. Esto demuestra que los bolivianos quieren vivir bajo reglas claras en el marco de democracia, concepto que implica una forma de gobierno y de organización del Estado, en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el ciudadano, mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a todas las actuaciones oficiales.

En sentido más amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos inquebrantables establecidos en el contrato social, que es la Constitución Política del Estado y el ordenamiento jurídico. Pero, además, la democracia implica respeto, reglas claras y principios éticos. Las elecciones no son sinónimo de democracia, pero representan una de las principales formas de sostener sus principios. Las últimas elecciones en Bolivia han sido cuestionadas tanto internamente como por observadores internacionales. Inclusive gente del oficialismo ha expresado sus reparos a la forma como ha procedido en el Órgano Electoral. Inclusive ha habido renuncia de altos funcionarios y hasta de la cúpula de los tribunales electorales.

El Órgano Electoral Plurinacional ha preparado el proceso y las bases para los comicios generales a trompicones y motivando críticas y observaciones, inclusive ni siquiera en la convocatoria tomó previsión para una segunda vuelta electoral. Se observó, asimismo, un “inusual crecimiento” del padrón electoral. Se descubrió a funcionarios del organismo electoral de un departamento, inscribiendo ciudadanos de otro distrito. Se comprobó un sospechoso traslado de gente a determinadas regiones. No se aplicaron las limitaciones para que el partido de gobierno utilice bienes y recursos del Estado en las campañas electorales.

En estas condiciones el voto ciudadano sin duda resulta presionado. El voto tiene que ser igual y con el mismo valor para todos los electores y elegidos. En los últimos 14 años, el pueblo ha asistido a elecciones, referendos y consultas disciplinadamente y con su voto ha legitimado el proceso. Bolivia, probablemente se haya constituido en el país que en la última década ha gastado más en elecciones y referendos. Se ha elegido en las urnas hasta a jueces que han perdido la elección frente a los votos nulos y blancos. La implementación del sistema biométrico y la frecuencia con la que los ciudadanos acuden a las urnas, ha representado un millonario gasto que debería dar seguridades, pero contrariamente, están rodeados de señales que generan incertidumbre. Todavía se mantiene una deuda del Estado con la ciudadanía para hacer respetar su voluntad, hay tareas pendientes destinadas a profundizar la democracia, la seguridad jurídica, la credibilidad, transparencia, el respeto institucional, y la obediencia a los mandatos constitucionales de hacer cumplir los derechos y prerrogativas de los ciudadanos.

De todas maneras, Bolivia ha logrado avances importantes gracias al instrumento de las urnas, que se ha constituido en el principal escenario donde se dirimen las pugnas por el poder. Las principales causas de la confrontación, los desacuerdos y los riesgos de enfrentamiento, han sido mitigados y en algunos casos conjurados, por la voluntad ciudadana reflejada en el voto. Pero si no se respeta el voto, que es la voluntad soberana del elector, se cae en un vacío del mayor riesgo no solamente para el proceso democrático, sino para la paz, la armonía y tranquilidad que requiere el país para salir de los múltiples problemas que todavía confronta.

Hasta ahora, la práctica de las urnas ha hecho posible solucionar gran parte de las controversias de mayor riesgo para la unidad del país, porque traducen el sentimiento del pueblo boliviano que prefiere la consulta popular antes que la imposición por la fuerza. El pueblo boliviano quiere vivir en democracia. Este convencimiento obliga a que los líderes políticos y la ciudadanía en general, reflexionen sobre la importancia de las urnas, pero también sobre la necesidad de que este instrumento vaya acompañado de otros valores implícitos en el concepto de democracia. Se trata de principios que el pueblo siempre va a defender y tienen que ver con el respeto a la voluntad ciudadana y a las libertades y derechos consagrados en la CPE.

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