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domingo, julio 25, 2021
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Coronavirus, Alasita y felicidad

Varias instituciones han efectuado estudios sobre la forma como la pandemia Covid-19 está afectando a la felicidad de la gente, y las consecuencias que genera la actual situación. Se registran muchas condiciones que cada persona se ve obligada a enfrentar en condiciones muy complicadas. La Información pesimista, la desinformación, la falta de auxilio oportuno y las evidencias de dolor y muerte; las pérdidas de ingresos económicos, el desempleo, y otros daños colaterales sin duda afectan a la gente en diferente grado.

En general, como repercusión de este escenario, los indicadores de felicidad, indudablemente, han bajado en el mundo, pero cada país y cada sociedad asumen la situación de diferente forma. Los estudios no incluyen a Bolivia, pero conforme a los factores de análisis, sin duda es uno de los más afectados, debido a las condiciones, recursos médicos, atención que precariamente pueden ofrecer los gobiernos (central, departamentales y municipales); la disponibilidad de asistencia de emergencia, y otros factores y carencias, naturalmente que son elementos que repercuten en el estado de ánimo y en las emociones de la población. En La Paz, la feria de Alasita, es sinónimo de felicidad, de atraer la buena suerte y buscar en la esperanza un alivio a las dificultades. Este año no hay feria, pero seguramente la gente íntimamente infundirá energías positivas para alcanzar la felicidad.

El Instituto de Investigación de la Felicidad de Copenhague desarrolló un amplio estudio. INFOBAE publicó una evaluación de uno de los investigadores, Alejandro Cencerrado, físico español, experto en «big data» y analista de datos, quien explicó las razones que hacen que una persona sea más o menos feliz, y qué ocurre durante esta crisis sanitaria de COVID-19. «Hemos hecho muchos estudios antes del coronavirus que ya demostraron que la soledad es uno de los factores más importantes en nuestra felicidad y, por supuesto, la cuarentena ha aumentado mucho la soledad. Ya estamos viendo madres que han estado separadas de sus hijos, personas mayores que han tenido que estar separadas de sus familias. Este ha sido claramente un gran problema de la cuarentena», señaló Cencerrado.

El estudio se ha realizado alrededor del mundo consultando a la gente cómo se sentía a través de una serie de preguntas. Las personas, al tener que estar en casa, han perdido las rutinas, ha cambiado sus hábitos del sueño y esto afecta mucho a la felicidad. Un factor que se destaca es el tema de la confianza. Confiar en los demás es uno de los factores que explican mejor por qué unos países son más felices que otros, señala el investigador.

Los más felices del mundo, suelen ser los países nórdicos, la gente confía mucho en los otros, confía en sus gobiernos, pero en los países menos felices, solamente uno de cada cuatro dice que sí confía. Concluye que la confianza afecta a la felicidad de diversas formas. Una de ellas es el hecho de tener o no esperanza en que todo se va a solucionar.

La felicidad ha caído por la preocupación y por el cambio de hábitos durante la cuarentena, mostrándose los encuestados preocupados por cuándo terminaría el confinamiento.

El caso de Latinoamérica señala que es bastante complejo porque las realidades son muy diversas geográficamente. Los factores que más surgen a la hora de tratar de explicar por qué unos países son más felices que otros son: la generosidad, los ingresos, la renta per cápita.

«El dinero da la felicidad hasta cierto límite que te permite vivir seguro, pero no más allá», afirma Cencerrado.

Entorno a la confianza dice que se ha detectado un descenso pronunciado en general. En Europa se percibe -sobre todo en Francia, Italia y España- la felicidad, no se ha resentido tanto como la pérdida de confianza por el Covid.

Cita a Naciones Unidas que considera las personas son muy críticas y eso afecta enormemente a la felicidad. Las crisis, si hay confianza, se superan más fácilmente. En general los países del sur, como en Latinoamérica, tienen poca confianza entre sí y en sus gobiernos.

El investigador insistió en el tema de la soledad a la que califica como determinante porque afecta tanto a mayores como a los jóvenes, que, a pesar de tener muchos amigos, declaran sentirse muy solos.

En la «generación z» el fenómeno podría partir de la conexión con las redes sociales donde no aparecer se asocia con ser un perdedor, mientras se miran situaciones, en ocasiones ficticias, de supuesta felicidad de terceros.

El contacto humano es uno de los factores que contribuye al bienestar de las personas, pero hace falta programas para que los jóvenes reduzcan el uso de las redes sociales y empiecen a interactuar entre ellos.

El estudio también analiza las consecuencias del CVID-19, que no serán sólo económicas, también lo serán en lo que respecta al bienestar, la calidad de vida y la salud mental de las personas, que son el motor para el crecimiento económico de todo país. «Para intentar evadir o salir de ese peligro es fundamental vigilar nuestra salud mental, comprendiendo que la felicidad es una emoción y por lo tanto fluctúa en función de las circunstancias que nos rodean.

Si conocemos a alguien que esté sufriendo soledad, durante este confinamiento, una simple llamada puede ayudarle mucho. Hagamos del contacto humano nuestra mejor defensa contra la pandemia».

En nuestro país, por la diversidad de formas de pensar y actuar, así como de responder ante la realidad, íntimamente la gente podría hacer un examen que permita definir cuán feliz es.

La introspección debe partir por preguntarse ¿Cómo se siente? ¿Se lleva bien con su familia? ¿Se siente solo? ¿Tiene lo necesario para vivir? ¿Cómo va su salud? ¿Cuál es la salud de sus familiares? ¿Tiene muchos amigos o son simplemente conocidos? ¿Confía en sus vecinos y en la gente? ¿Siente confianza en el gobierno? ¿Cree que el gobierno está atendiendo bien las consecuencias de la pandemia? ¿Tiene esperanza en que al final todo será mejor? ¿Cómo es su relación de pareja? En fin, una serie de interrogantes que la familia la puede solucionar con afecto y cariño, principalmente, porque ella sabe de lo importante que es cada miembro de su familia. Para que la soledad no se acreciente, vale la pena recordar la frase de los Mosqueteros: «Uno para todos, todos para uno».

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