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sábado, mayo 21, 2022
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De yeso, piedra y barbijos, La Paz muestra a su diverso dios de la abundancia

El Ekeko, el dios de la abundancia protagonista de la Alasita, la patrimonial fiesta de los deseos en miniatura, es también la estrella de una muestra con más de 70 representaciones suyas hechas de materiales como yeso, piedra y hasta mascarillas quirúrgicas, y de distintas datas y tamaños.

Estas efigies hechas por artistas y artesanos de La Paz, o donadas por algunas familias, son parte de la colección de 123 ekekos del Museo Costumbrista «Juan de Vargas», que acoge la muestra «Alasita, tradición que perdura en el tiempo», explicó a Efe la responsable de esa entidad, Mónica Sejas.

Una de las salas está dedicada enteramente al «Iqiqu» o Ekeko, al ser el «personaje central de la festividad» de la Alasita y un «símbolo de prosperidad», señaló.

Esta relevancia se remonta a la época prehispánica, se mantuvo durante la colonia y perdura hasta estos tiempos, agregó la funcionaria.

La Alasita, o «cómprame» en aimara, es una de las tradiciones más antiguas de la cultura andina, cuando los paceños bendicen al mediodía del 24 de enero las miniaturas que representan sus deseos.

La fiesta, cuya feria se extiende por varias semanas, celebraba en su origen el solsticio de verano austral el 21 de diciembre, con miniaturas que se colocaban a deidades andinas como las illas para que a lo largo del año los deseos que representan se convirtieran en realidad.

La evolución

La festividad y sus símbolos se han transformado con el paso de los años hasta llegar a la actual expresión de lo ancestral fusionado con lo mestizo y urbano, lo que se puede apreciar también en la figura del Ekeko.

Así, en la época prehispánica lo que hoy se conoce como Ekeko estaba representado por una illa o efigie de piedra del dios Tunupa.

«En la época prehispánica Tunupa no tenía una carga, pero sí una joroba y se decía que la persona que tenía joroba era tocada por el rayo y podía cumplir estos deseos. Simbolizaba la abundancia», según Sejas.

Durante la colonia surgió la figura del Ekeko que perdura hasta estos tiempos, es decir, el muñeco regordete, con tez blanca, ojos claros y mejillas rosadas, cargado de diversos bienes a la espalda.

Esta representación pudo aludir, según los historiadores, a la apariencia del hacendado español Francisco de Rojas o bien a su yerno, el entonces gobernador de La Paz Sebastián de Segurola.

Segurola fue quien ordenó el traslado de la fiesta de diciembre a enero para conmemorar la victoria y resistencia ante un cerco indígena que castigó a La Paz durante varios meses en 1781.

«En nuestra época se mantiene esa misma estructura de este personaje, pero también hay una variedad», destacó Sejas.

Muestra variada

Precisamente esa variedad de rasgos, vestimenta, tamaños, materiales e incluso la carga que lleva el personaje se pueden apreciar en la muestra, que invita a un paseo histórico desde inicios del siglo XX a la actualidad.

La efigie más antigua es el diminuto Ekeko Sebastián, de principios del siglo pasado, que va acompañado por otros tres de cabeza movible hechos en 1917.

Otra de las figuras que resalta es el Ekeko campesino hecho por la artista Graciela Astorga, con rasgos más indígenas, la tez morena y que «representa más al pueblo», indicó Sejas.

También destacan el Ekeko de papel periódico de Pamela Tola (2019), otro de vidrio hecho por Carlos Ramírez en 1997 y un de cuero que lleva una inusual carga con torres petroleras y buques, entre otros.

Entre las miniaturas están dos efigies hechas con cerillas que datan de 2003 y 2007 y el más pequeño es uno tallado sobre la cabeza de un alfiler y que puede apreciarse con ayuda de una lupa o un buen teleobjetivo.

Hay otros de yeso, tela, tallados en piedra, madera, jabón y sal, y uno «gringo» de 1925, con cabellos rubios cubiertos por el tradicional lluch’u o gorro andino de lana y un sombrero.

En el salón dedicado a las artesanías ganadoras del concurso de Alasita que celebra anualmente el municipio, las piezas centrales son dos Ekekos.

Uno es el minero de metal con que Claudio Maldonado ganó en 1981 y el otro es una figura hecha con barbijos o mascarillas quirúrgicas por Albertina Viscarra de Fuentes que premiado en 2021.

«Los hemos puesto juntos para que se vea la diferencia, porque éste es un Ekeko muy diferente al que tenemos en la actualidad, nos marca las temporalidades, lo que estamos viviendo en cada etapa de nuestras vidas en La Paz», manifestó Sejas.

La muestra permanecerá abierta hasta el 28 de febrero.

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