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martes, septiembre 28, 2021
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Deben calmarse las animosidades

Nuestro país vive momentos muy complicados que pueden derivar en situaciones de riesgo para la armonía nacional. El origen de esta situación tiene su expresión visible en las elecciones que han vuelto a polarizar al país, pero existen causas más profundas, precisas e identificadas a plenitud, que ya fueron responsables de graves enfrentamientos en el pasado. Se trata de la inquina política, la deshonestidad intelectual y las falsedades ideológicas que se camuflan en la democracia, cuando en realidad esconden arteras intenciones que buscar acabar con las ideas ajenas, la disidencia, el pensamiento libre, e imponer una ideología.

Ni siquiera se atreven a reconocer su verdadera militancia, y se esconden con eufemismos porque no tienen la honestidad de mirar de frente y decidir lo que piensan y prefieren. Actúan desde las sombras y azuzan a las bases que se encandilan con promesas de mejores días, bonos, subvenciones y dádivas de diverso orden, producto de la corrupción que no quiere perder sus privilegios, y utilizan a la gente necesitada para prevalecer. En las elecciones también han actuado estos personajes y han torcido lo que debió ser la expresión sana de la voluntad popular. Los miembros del Tribunal Supremo Electoral no solo se aplazaron, sino que han ocasionado un daño irreversible a la democracia, hacia la confianza en las autoridades, hacia el Órgano Electoral, y hasta han puestos en duda a los políticos, que eran los que estaban en la mira de los ciudadanos. Los reiterados equívocos, omisiones, y transgresiones del TSE ya prepararon un ambiente de desconfianza que estalló al conocerse la primera irregularidad denunciada. El daño es muy grande y puede todavía alcanzar proporciones de iniquidad porque día a día, desde el gobierno y la oposición se atiza más el tenso ambiente.

Los paros, protestas, bloqueos, cabildos y otras acciones pueden considerarse como una reacción, pero desgraciadamente señalan un camino de alto riesgo, debido a que, en el otro lado, existe una posición que también pretende preservar sus derechos, y no tardaron mucho en reaccionar y anunciaron su intención de cercar a las ciudades. Lo peor es que altas autoridades secundaron esos designios.

La historia juzgará esta coyuntura si los caldeados ánimos de la gente se desbordan. Se está alentando el enfrentamiento entre bolivianos para justificar las ambiciones políticas y de poder. El vicario general de la Arquidiócesis de Santa Cruz, Juan Crespo, en la homilía del domingo exhortó a preservar la paz y la mesura, pero también deploró la actitud de los responsables de la crisis actual, señalando que las autoridades electorales «no estuvieron a la altura» de los ciudadanos que ejercieron su derecho al voto.

La tensa situación se agrava con las expresiones del presidente Evo Morales, quien dijo sobre las movilizaciones, «más bien las ciudades dejen de perjudicar con paro, si quieren paro no hay problema, lo vamos acompañar con cercos en las ciudades para hacernos respetar, a ver si aguantan», manifestó Morales. Las expresiones del mandatario se dieron en una reunión que tuvo con la Coordinadora Nacional por el Cambio (Conalcam) en el municipio de Sicaya en Cochabamba. Como lo expresamos antes.

El tenso ambiente que vive el país es preocupante y requiere de una toma de conciencia general para encontrar, mediante el diálogo, la tolerancia y la comprensión, un camino de respeto a la voluntad de los bolivianos y la conservación de la tranquilidad nacional. La situación del país es muy delicada y merece que gobernantes y gobernados calmen sus animosidades, reflexionen sobre el futuro del país antes que pensar en las satisfacciones personales, de grupo o de partido. Todos los bolivianos tenemos el deber de contribuir a preservar la paz, la tranquilidad y el estado de derecho.

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