Debilidad democrática

El último informe sobre la vocación democrática de los pueblos de Latinoamérica es decepcionante por la comprobación de una serie de señales que contribuyen a que la gente pierda confianza en el sistema. Esa visión regional, parece comprobarse en nuestro país, ya que los ciudadanos bolivianos que cada vez se decepcionan más con los retrocesos, pese al respaldo de la población que acude a las urnas masivamente cuantas veces es requerido. Lamentablemente su voluntad no siempre es respetada. Muchas de las realidades que vive en este momento Bolivia, se encuentran reflejadas en Latino Barómetro.

En realidad, son varias las razones por las que la población desconfía de los procesos que ofrecen el paraíso y dejan frustraciones y los ciudadanos latinoamericanos están como siempre insatisfechos con la salud de sus democracias, según el último informe del Latino Barómetro, que es un sondeo político que se realiza desde hace 24 años en la región. Para Marta Lagos, directora de ese órgano que registra las percepciones de la población en 18 países, «este informe muestra altos niveles de «presión» en varias democracias de la región que deberían servir de voz de alarma para que no aumenten los países no democráticos de la región. No se trata de revoluciones o de grandes acontecimientos sociales, sino más bien de la suma de hechos significativos que van conformando un cuadro muy nítido. Sin militares, sin armas, es «más difícil» reconocer la pérdida de democracia», advierte Lagos.

De esta evaluación se puede colegir que los peligros silenciosos que enfrentan las democracias se perciben con evidente crudeza en Venezuela y Nicaragua, pero también se debe estar atento a lo que ocurre en otros países. El caso de Brasil, donde la población prefirió a Jair Bolsonaro merece análisis por su origen, causas, significado y consecuencias. Las violaciones a la Constitución Política del Estado en Bolivia, la actitud de miembros del Tribunal Supremo Electoral de mostrarse proclives a una tendencia. La situación de Argentina que ha sido llevada a situaciones extremas, los escándalos de corrupción en varios países, el enjuiciamiento de varios presidentes y varias otras señales, sin duda refuerzan las conclusiones del Latino Barómetro que muestra un debilitamiento de las bases democráticas.

El estudio sobre datos de 2018 identificó que la reacción de aquellos que no se sienten dentro del sistema optan, por la indiferencia. Por primera vez desde que se realiza la encuesta, el 28% de los consultados se declaró indiferente frente a la preferencia por una forma de gobierno. «Prácticamente seis de cada diez personas consultadas señalaron que no votarían por un partido político, lo cual es una señal de debilidad de la democracia, que requiere de partidos políticos que representen las demandas de la población. Sin partidos, las democracias no funcionan», dice Lagos.

El informe detalla que la indiferencia se acentúa en los jóvenes de entre los 16 años y 26 años, otra señal de alarma por sus consecuencias futuras. Son las personas que nacieron en democracia y no conocieron las penurias de los años de dictadura. La percepción de progreso de país según el informe es menos ocho (-8), según el valor neto que surge de combinar las variables positivas y negativas. Lo cierto es que los beneficios de la democracia no calan entre la mayor parte de los latinoamericanos, pese a que hoy están mejor que hace 40 años. Sucede que «hay más demandas. Hay algunos que llegaron más arriba y otros que quieren llegar.

El escenario se abre entonces a experimentos que no siempre cumplen del todo con las normas de la democracia», explica Lagos. Advierte también sobre los riesgos para la región que significan los países que están con importantes grados de peligro de dejar de ser democráticos. No bajo la forma de los clásicos golpes de estado, en los que en pocas horas los militares tomaban el poder por la fuerza de las armas, sino desde los personalismos presidenciales que minan la autonomía de los distintos poderes del estado y quedan con todo el poder. Se trata de una enfermedad que crece, mientras los ciudadanos miran para otro lado.