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jueves, abril 15, 2021
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Democracia es saber entender y comprender la realidad nacional

La democracia tiene muchas salidas para encontrar soluciones a las controversias, especialmente mediante el diálogo, pero algunas veces tropieza en sus propias reglas. Es un sistema que en su columna vertebral permite el desarrollo y la vigencia de los derechos y libertades de los ciudadanos, y busca hacer prevalecer el derecho de opinar libremente y de que se respete la forma de pensar. Las libertades de expresión y de conciencia son parte esencial de la democracia.

Existiendo un mutuo compromiso de respetar la opinión de los demás, es comprensible que existan discrepancias y que estas puedan derivar en conflictos, muchas veces profundos, porque no todos respetan las reglas, pero que felizmente tienen un relativo freno, en la comprensión y respeto a las opiniones ajenas. Naturalmente, cuando el derecho a expresar y defender las ideas se sale del autocontrol, las consecuencias pueden ser funestas y dar lugar a que prevalezcan las animosidades entre partidos políticos o agrupaciones de diferente visión ideológica o también de los intereses, que es lo que actualmente se anteponen.

Si a estas desavenencias, se le agrega el componente del dogmatismo, fácilmente se llega a la confrontación y a peores formas de resolución, gatilladas por el odio. Esa es la escalada que se da durante las confrontaciones políticas, especialmente en procesos electorales en los que la intriga, la ofensa, y la «guerra sucia» son armas detestables.

En el último año Bolivia ha vivido dos procesos electorales en octubre de 2019 y octubre 2020, en los que estas manifestaciones de confrontación han exacerbado los ánimos de la gente, polarizado las opiniones, y lo peor, se ha llegado al descontrol con violentas acciones de unos y otros.

Los periodos de aparente distención dan sensación de calma, pero en realidad lo que se hace es activar los mecanismos de ofensiva o de revancha, según de donde vengan los impulsos. Son etapas que se repiten una y otra vez a lo largo de la historia.

En el gobierno transitorio el ministro de Gobierno se convirtió en la punta de lanza de ataque a toda forma de discrepancia, volviendo a la práctica del abuso de poder que se había criticado al régimen anterior. Pero esta vez la inquina se extendió contra sus exaliados y los partidos que tenían posibilidades de enfrentar al MAS. Al ver que las encuestas le eran cada vez más adversas, Áñez declinó su candidatura, pero sus ministros siguieron en la línea de la confrontación.

En ese escenario, llegó el día de las elecciones, 18 de octubre de 2020, que pasará a la historia como el domingo político más sorprendente por el resultado electoral en el que las fuerzas dispersas que decían luchar por la democracia fueron derrotadas, según los resultados del TSE, ante la incredulidad de propios y extraños. Y en forma «sui generis», en el periodo de transición, el gobierno enjuicia a los que pronto serán los que estarán en el poder, que a su vez ya preparan juicios contra Áñez y sus colaboradores.

Lo que no logran comprender los políticos, que se enceguecen por el momento, es que el péndulo político sigue su movimiento, y en cada ir y venir va volteando fichas que, a manera de dominó, extienden su accionar.

Sostuvimos que el usufructo del poder no es absoluto ni es eterno, todo es relativo, las personas pasan y las instituciones quedan. Los exgobernantes que se creían irremplazables al cabo de 14 años tuvieron que renunciar.

Corresponde que el próximo gobierno, a instalarse en el palacio quemado, cumpla sus promesas preelectorales, sobre todo generar empleos permanentes, reactivar la economía, priorizar presupuesto adecuado para el sector salud.

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