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jueves, octubre 6, 2022
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Deterioro de la confianza en la democracia

Existe un convencimiento general de que la democracia, con todas sus deficiencias, es el mejor sistema de gobierno, pero lamentablemente, las distorsiones que los políticos perpetran, están ocasionando que aumente la desconfianza tanto en los gobiernos como en la democracia. Las crisis políticas, económicas y sociales; la intranquilidad, la inseguridad ciudadana, la conflictividad y otros, son factores que declinan la confianza en los regímenes y deterioran la democracia. A esta realidad en los últimos años se han sumado las secuelas del coronavirus que han desestabilizado a varios países. Las desigualdades que ya existían antes de la pandemia no hicieron más que agravarse, acompañadas de un aumento de la desconfianza hacia gobiernos e instituciones.

De acuerdo a los datos del último Latinobarómetro realizado en 2021, los niveles de satisfacción con la democracia son inferiores a la media de los 18 puntos en la región, y Bolivia es uno de los países donde la confianza en el proceso democrático se ha debilitado. En el caso de nuestro país, podemos acotar que la inseguridad jurídica, el manoseo de la justicia, las transgresiones a la Constitución Política del Estado, el aumento del narcotráfico, la represión política, el regionalismo y la polarización, entre otros factores, hacen que el proceso democrático se haya distorsionado hasta extremos de una desconfianza hasta en los compromisos coyunturales.

El Latinobarómetro registra que al margen de Uruguay que mantiene un alto nivel de satisfacción con su democracia (68 puntos) el resto de países, incluidos los que han sido y son referencia en la región como Chile, Colombia, Argentina o Brasil, los niveles de satisfacción con la democracia son inferiores a la media de los 18 puntos. José Antonio Rubio Blanco, Director de Inteligencia Electoral y Prospectiva, en un análisis de los datos del Latinobarómetro, señala que los indicadores de confianza en las instituciones muestran que los partidos políticos y los propios representantes elegidos en la expresión más nítida de la democracia, que son unas elecciones, son las instituciones que más cayeron en la escala de confianza, frente a la iglesia y las fuerzas de seguridad, que se mantienen como asideros cuando todo naufraga.

Explica que la figura del Presidente, que se sitúa en una posición media entre el resto de instituciones, refleja un índice de confianza en declive desde el inicio de la crisis financiera (2007/2008) y no logra recuperarse, como reflejo de la incapacidad de sus gobiernos de corregir los problemas de desigualdad y discriminación que padece la inmensa mayoría de los ciudadanos. Las instituciones electorales, que han sido muy importantes durante las transiciones de gobierno en buena parte de los países, han dado garantías de transparencia y seguridad al voto en las elecciones, lo que refleja un nivel de confianza creciente desde 2017. Las instituciones electorales de Uruguay y Colombia mantienen posiciones muy destacadas frente a la media de confianza en el resto de países.

La desconfianza en los partidos políticos dibuja una creciente tendencia de desafección, de clara desconexión entre el electorado y los representantes, de rechazo a unos relatos incapaces de movilizar desde finales de la crisis financiera. Un 46% de los encuestados afirma que se debe votar siempre, y un 31% que hay que hacerlo, pero también hay que protestar. En suma, el 77% de los latinoamericanos plantea que es bueno votar. El voto es lo más popular que tiene la democracia. Es su característica latinoamericana por excelencia.

Otra encuesta sobre la calidad de la democracia, realizada por Ipsos, sobre la percepción de líderes de opinión de la región, difundida por algunos medios de comunicación, muestra que el 51% de los consultados ve que Bolivia tiene una «democracia deficiente». Bolivia aparece en el décimo lugar, sólo por encima de Cuba y Venezuela. Esa encuesta reporta que el 51% de los encuestados califican de deficiente al proceso democrático en nuestro país.

Varios otros estudios de opinión sobre cuestiones específicas de Bolivia, señalan también notorias deficiencias de confianza, por ejemplo, seguridad jurídica, independencia judicial, respeto a la propiedad privada, violencia contra las mujeres, cumplimiento de los derechos humanos, respeto a los derechos de los indígenas, protección a la naturaleza y al medioambiente, y otros. Por otra parte, la permanente tensión social, los conflictos irresueltos y el aliento a la confrontación, hacen que sea cada vez más complicado llegar a armonizar situaciones o solucionar los desacuerdos que se van acumulando, y que en algún momento pueden desembocar en situación más comprometedoras.

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