Disyuntiva, ir o no ir a votar

El coronavirus ha infligido un duro golpe a la humanidad, recordándonos que ante la fatalidad pueden caer ricos, pobres, buenos y malos. La epidemia está reponiendo en el diario vivir, la danza de la muerte que en la Edad Media cobró vigencia por la presencia de las pestes que se llevaron miles de vidas, especialmente en Europa.

Hoy el escenario es más amplio, abarca todos los continentes, como también su significado, pero se mantiene el mensaje central que nos recuerda que tarde o temprano todo acaba, que nadie vivirá eternamente, que los contagios se cuentan por millones y que la parca ya se llevó a más de 500 mil ciudadanos del mundo.

Bolivia no es la excepción, la gente vive aislada, con mucho temor, la irresponsabilidad de muchas personas agrava la situación, mientras los familiares de los enfermos sufren junto a aproximadamente 40.000 contagiados, y otros lloran la muerte de más de 1.400 personas.

Lo peor es que muchos cadáveres, por determinación de sus familiares, permanecen en los domicilios a espera que haya día para cremación. Conmueve las imágenes de velatorios en la puerta del cementerio en Cochabamba, que ya colapsó; muertos en las calles, ataúdes en las aceras, bloqueos de calles con féretros.

Faltan hospitales y los «propagandistas» del anterior gobierno -que prosiguen en el ministerio de comunicación, anexados al ministerio de la presidencia- no son capaces de dar a conocer que en 14 años del ex gobernante Morales, no se construyó hospitales de 3 y 4 nivel, menos se doto de equipos médicos, respiradores, camas; equipos de bioseguridad para médicos, personal de apoyo, policías y militares, no solo para atender pandemias, sino enfermedades terminales. Esta situación refleja un cuadro más lúgubre que el anuncio de abrir fosas comunes; o que no hay infraestructura adecuada para la incineración de cadáveres.

¿De qué sirvió que las autoridades alertaran de la posibilidad que se den 130 mil casos de coronavirus y que pronosticaran que colapsarán los pocos hospitales y los cementerios?

Hace cuatro meses se sabía que la progresión de enfermos se expandiría y que colapsarían los centros de atención sanitaria. Hubo cuarentenas «rígidas» y «dinámicas», se destinaron miles de millones a combatir el coronavirus; la comunidad internacional ofreció créditos, pero los esfuerzos y la voluntad están dirigidos políticamente tanto desde el palacio como de los partidos políticos contrarios al gobierno que intervienen en el proceso electoral, que lejos de contribuir con ideas y soluciones, bloquean las gestiones y se tornan subversivas. Las difíciles circunstancias por las que atraviesa el país han colocado a la población en la disyuntiva de ir o no ir a votar en plena pandemia, con los riesgos que ello implica.

La espada de Damocles pende en contra de los políticos y puede caer contra ellos.