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miércoles, febrero 8, 2023
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Dura sanción a países depredadores

Bolivia tiene que comenzar a pensar en serio las consecuencias de ignorar los acuerdos internacionales para proteger el medioambiente y contribuir a evitar el calentamiento global. Las proclamas de defensa de «los derechos de la madre tierra» tienen que hacerse realidad, comenzando por evitar la deforestación, especialmente los incendios en bosques y selvas, y las quemas provocadas para habilitar tierras de cultivo. La Unión Europea decidió prohibir la importación de productos que hayan contribuido a la deforestación. Los productos incluidos en esta nueva regulación europea son el aceite de palma, el cacao, el café, el caucho, el ganado, la madera y la soja, así como sus derivados. También están incluidos la carne de ganado vacuno, productos de cuero o de papel impreso, muebles, cosméticos o chocolate.

Radio Francia Internacional (RFI) difundió la noticia y una entrevista con el eurodiputado César Luena, vicepresidente de la Comisión de Medioambiente, Salud Pública y Seguridad Alimentaria de la UE. El texto fue propuesto en noviembre de 2021 por la Comisión Europea y asumido en términos generales por los Estados miembros, pero los eurodiputados votaron en septiembre para reforzarlo con la ampliación de productos afectados. Luena explica cómo va a funcionar este acuerdo en la práctica, señalando que la Unión Europea va a rastrear el origen de los productos, y demostrar si están vinculadas a la destrucción del medioambiente, a la degradación de los bosques o directamente a la deforestación ilegal.

RFI añade que, según un informe de Global Witness, los bancos radicados en la Unión Europea otorgaron, entre 2016 y 2020, unos 30 mil millones de euros en financiación a 20 gigantes de la industria agroalimentaria responsables de la deforestación. Es por ello que a partir de ahora se va a aplicar un control basado en riesgos, como explica César Luena. La Comisión va a clasificar a los países en riesgo bajo, estándar o alto. Eso lo va a hacer en los próximos 18 meses, a la entrada en vigor del reglamento. Al país que se considere en riesgo alto y que pueda estar involucrado en esta comercialización, se le va aplicar un 9% de controles a todas las transacciones que realicen.

Aún no se conoce la lista de países que se encuentran oficialmente en riesgo alto, pero ya hay indicios que señalan a Brasil, Bolivia, Perú, Colombia y México. “Son países donde hay mucha deforestación. Se debe determinar si está ligada a la producción y comercialización de productos”, según el eurodiputado. La UE es responsable del 16% de la deforestación mundial a través de sus importaciones (sobre todo de soja y de aceite de palma, según cifras de 2017), y el segundo mayor destructor de bosques tropicales detrás de China, según WWF.

La importación de productos a la U.E. se prohibirá si estos proceden de tierras deforestadas después de diciembre de 2020. Las empresas importadoras, responsables de su cadena de suministro, deberán probar la trazabilidad mediante datos de geolocalización de los cultivos y fotos satelitales. La presión judicial y social se hace sentir cada vez con más fuerza en Europa frente a los desafíos del cambio climático y la degradación ambiental. En la mira de muchas acciones se hallan los productos procedentes de la selva amazónica, donde la deforestación, en la parte brasileña, tuvo un avance de 60% durante el mandato del presidente ultraderechista Jair Bolsonaro, señala el reportaje que cita como referencia información de AFP.

Nuestro país, desgraciadamente, sufre una deforestación sistemática, agravada desde el año 2014, cuando, el gobierno anunció la ampliación de la frontera agrícola con la mira de incrementar la producción de alimentos de 15 a 45 millones de toneladas hasta el año 2025, en un acuerdo con el sector privado, complementado con la entrega de tierras fiscales a campesinos, especialmente en el oriente. El argumento fue garantizar la seguridad alimentaria en el país. La ampliación de la frontera agrícola debía tomar en cuenta la necesidad de aumentar, simultáneamente, el rendimiento de producción, apoyándose en tecnología de punta, para poder competir en el mercado internacional. Fue el punto de partida de la introducción de transgénicos, pese a su prohibición. Ahora, la mayor parte de la soya que se produce en Bolivia es transgénica. Pero lo peor es que se han invadido tierras fiscales, áreas protegidas, y se han quemado miles de hectáreas de bosques, especialmente en Santa Cruz, Beni, Tarija y el norte de La Paz.

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