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viernes, diciembre 3, 2021
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El contrabando estrangula la legalidad

La economía boliviana está gravemente afectada por una serie de factores que hasta ahora han resultado insalvables, y que debilitan todos los esfuerzos o buenas intenciones para salir adelante. El contrabando es uno de los males que ninguna administración ha sido capaz de enfrentar con propiedad, ni poniendo a las Fuerzas Armadas en la actividad de control. A ello se suman otras actitudes que toleran las transgresiones y dejan en la impunidad a los contrabandistas, que se cobijan en organizaciones sociales, se apoyan en las comunidades fronterizas y hasta forman sindicatos para impedir que se cumplan las normas legales.

Si hasta patrullas militares han sido atacadas por los contrabandistas que se puede esperar de la enorme cantidad de lugares donde se ponen a la venta vehículos ingresados ilegalmente al país. Por ello no sorprende a nadie que los dueños de autos «chutos» convoquen a un cabildo en el que determinaron dar 72 horas al Gobierno para iniciar el proceso de nacionalización de motorizados indocumentados, amenazando con bloqueos en por lo menos tres poblaciones que se caracterizan por concentrar la venta de coches ilegales. El viceministro de Régimen Interior y Policía, Nelson Cox, advirtió que el gobierno impedirá que se cumpla la amenaza, y calificó como «apología del delito» la actitud de los contrabandistas.

La Constitución Política del Estado tipifica como delito económico al contrabando en el artículo 325, que señala que «El ilícito económico, la especulación, el acaparamiento, el agio, la usura, el contrabando, la evasión impositiva y otros delitos económicos conexos serán penados por ley», pero el ordenamiento legal vigente, lejos de aplicar este principio, ha introducido normas que favorecen esta actividad ilegal al haberse elevado el valor susceptible de ser penalizado. La Confederación de Empresarios Privados de Bolivia estima que el contrabando llega a más de dos mil millones de dólares anuales, y tal vez esas estimaciones se queden cortas frente a una realidad que presenta centenares de mercados informales donde nunca se emite factura. Desde vehículos pesados y maquinaria, hasta ropa usada, pasando por alimentos bebidas alcohólicas y golosinas para niños están presentes en los mercados informales.

Esta realidad es solamente una parte de los numerosos factores que perjudican a la economía nacional, entre las que se destacan las políticas económicas restrictivas, tolerancia a la informalidad, corrupción, legislación permisiva, inseguridad jurídica, además de la evasión de impuestos. Hay además otras situaciones tan dañinas que completan el perjuicio, como los paros de actividades, bloqueos de carreteras, excesivos días feriados, normas que castigan el esfuerzo productivo legal, trabas a las exportaciones, entre otras circunstancias adversas a la iniciativa privada. En los últimos tres quinquenios también la institucionalidad y la democracia se han visto gravemente afectados por el irrespeto a la Constitución Política y a las leyes; y el sometimiento de la justicia a los poderes políticos. Con ese panorama es muy difícil atraer capitales que pueda venir al país a hacer negocios o desarrollar tecnología de punta para aprovechar las diversas potencialidades que ofrece Bolivia, y de esta manera fortalecer la economía.

Diversos organismos internacionales colocan a nuestro país entre los que aplican más dificultades para hacer negocios. Por ejemplo, Bolivia se ubica en el puesto 156º entre 190 países en un estudio sobre las facilidades para hacer negocios del «Doing Business» 2019. Otros estudios señalan a Bolivia como uno de los países do de la corrupción no es castigada, y donde el narcotráfico ha establecido mecanismos de poder. Se trata de una cadena de situaciones que hacen mucho daño al país, que entorpecen la productividad pese a los esfuerzos del sector privado que tiene que enfrentar la competencia desleal del contrabando, a la vez que tiene que lidiar con cargas sociales e impositivas más altas que en otros países. Todo este panorama hace que ser emprendedor y dedicarse a la libre empresa se convierta en una verdadera carrera de obstáculos.

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