El coronavirus no calla a las campanas de la Libertad

Hoy volverán a repicar las campanas de la Libertad en Sucre, recordando que el 25 de mayo de 1809 el pueblo de Charcas se levantó contra el poder español. La cuarentena impuesta por la pandemia no ha menguado el fervor cívico para rendir homenaje a este acontecimiento histórico ocurrido hace 211 años, que repercute en la historia porque fue la semilla que ha generado las pautas para la liberación mediante la guerra de la independencia. Un sobrio pero sentido programa permitirá hacer latir los corazones henchidos de patriotismo, pero también de dolor y solidaridad. Hoy el pueblo de la capital enfrenta, junto a toda la Patria, una nueva guerra por la vida y la salud, pero pensando en objetivos superiores, es posible alcanzar las más grandes aspiraciones. Por ello es oportuno recordar el legado que recibió la Patria.

Evidentemente, el panorama actual es muy diferente a la situación que se vivía en América en 1809. En ese momento, los criollos y nativos, maltratados por los españoles, inspirados en el pensamiento de las universidades y las nuevas ideas de libertad, lograron gestar el primer movimiento independentista que resonó en todo el continente, aprovechando una serie de confrontaciones políticas y la inestabilidad en Europa, y especialmente en España. La invasión de Francia a España, las disputas entre los reinados de Fernando VII y la princesa Carlota de Portugal, y un creciente sentimiento de libertad que germinara en las aulas universitarias, repercutieron en el continente. En ese momento en Charcas, latían las nuevas ideas de la Revolución Francesa que proclamaba la libertad, la igualdad y la fraternidad.

Dos bandos surgieron al calor de la confrontación europea, acusándose a algunos miembros de la Audiencia de Charcas de pretender entregar los dominios españoles a Portugal. Así, al grito de «muera el mal gobierno, viva Fernando VII», se produjo el levantamiento que luego se transformó en el inicio de la guerra de la independencia, cuando los doctores de Charcas mandaron emisarios a Buenos Aires y La Paz para coordinar acciones. Se lanzó el guante al que se sumaron líderes políticos, militares, intelectuales, obreros y campesinos, moviendo la maquinaria armada de conciencias que hicieron la ola libertaria que abrazaría a todo el continente, creando las repúblicas que hoy conforman la geografía sudamericana.

Bolivia fue la primera en expresar la voluntad libertaria, pero una de las últimas en lograrlo. Inclusive después de haber conquistado el derecho propio a auto gobernarse. Las rencillas internas, distorsiones políticas y hasta ambiciones personales han puesto en peligro la integridad territorial y la soberanía. Las ambiciones de los vecinos hicieron que desde los cuatro puntos cardinales se ambicionaran los recursos naturales y el territorio de Bolivia.

Desde la fundación de la República, nuestro solar nativo ha tenido que vivir a salto de mata por la ambición externa y los actos desestabilizadores guiados por la ambición y la carencia de principios de una parte pesada de los políticos, que han heredado a los tiempos actuales, su falta de visión, su angurria y la irresponsabilidad sobre el manejo del Estado. Para muchos historiadores, el mensaje del libertador José Antonio de Sucre, que pedía a los bolivianos «conservar por entre todos los peligros la independencia del país», ha sido traicionado en varias oportunidades, al abandonar a regiones que luego fueron ocupadas por extranjeros, y que llevó al país a tres guerras en la que perdió casi la mitad del territorio original.

Por otra parte, siempre se ha tolerado la injerencia externa en los asuntos internos, como si los bolivianos no pudiésemos definir lo que queremos, ansiamos y necesitamos. Las ambiciones desmedidas durante toda la época republicana han postergado el interés nacional y han permitido que se ignore a las mayorías para imponer la voluntad de unos pocos. Los diferentes departamentos del país han optado por el regionalismo, ocasionando un daño irreparable. Los partidos políticos tradicionales han contribuido a debilitar las instituciones del Estado, que hoy todavía no encuentran el nuevo rumbo, y cada intento de cambio acaba en fracaso. Así, en este momento se busca reconducir el proceso democrático gravemente afectado por el intento dogmático del anterior gobernante de imponer una ideología ajena al sentimiento colectivo.

Lamentablemente, la imposibilidad de lograr un acuerdo nacional, pone en peligro nuevamente el destino de la Patria, amenazada por dogmatismos políticos, el narcotráfico y la corrupción, así como por la polarización de posiciones, y por las agresiones foráneas, situación ahora agravada por la pandemia que no solamente pone en peligro la salud de la población, sino que obliga a restricciones que afectan integralmente al país, en lo económico, social y político.