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domingo, octubre 24, 2021
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El crecimiento depende mucho de la vacunación

Hasta ahora, más de 1.260.000 personas murieron a causa del coronavirus en los países de América Latina y el Caribe, en lo que constituye la mayor crisis sanitaria de la historia reciente de la región. Esta cifra equivale al 32% del total mundial de fallecimientos, una proporción casi cuatro veces mayor que la de la población de la región en relación a la población mundial (8,4%). Asimismo, se perdieron 140 millones de empleos en el mundo. Estos datos y las proyecciones sobre las posibilidades de recuperación y los riesgos están contenidos en una nueva publicación que lanzó la CEPAL bajo el título de «La paradoja de la recuperación en América Latina y el Caribe».

En Bolivia, de acuerdo a los reportes del Ministerio de Salud, los contagios por covid-19 llegaron hasta ayer a un total de 475.265 y el número de fallecidos alcanzó la cifra de 17.882. El acceso desigual a las vacunas y a los servicios de salud (tanto de los países como de los grupos sociales) y la aparición de nuevas variantes del virus, aumentan la incertidumbre sobre la evolución de la pandemia y la consiguiente apertura y recuperación de las economías, señala el informe que explica que aunque se han alcanzado resultados científicos y tecnológicos inéditos con el desarrollo de múltiples vacunas, existen marcadas diferencias entre países en las tasas de vacunación y una gran concentración de la adquisición de vacunas en los países más desarrollados.

En un contexto global en que se perdieron más de 140 millones de empleos, la riqueza mundial aumentó un 7,4% en 2020 debido al crecimiento de los mercados bursátiles, la apreciación del sector inmobiliario, las bajas tasas de interés y los ahorros imprevistos como consecuencia del confinamiento. Los mayores incrementos se dieron en los Estados Unidos y el Canadá (12,4%), Europa (9,2%) y China (4,4%), mientras que en la India la riqueza se redujo un 4,4% y en América Latina y el Caribe disminuyó un 11,4%, cifra en la que incidió negativamente la evolución de los tipos de cambio. Siguiendo el patrón histórico, el 1% de las personas más ricas concentraron cerca del 50% de la riqueza mundial (Credit Suisse Research Institute, 2021).

En un contexto mundial en que se agudizan las asimetrías económicas, sociales y ambientales, la pandemia llevó a que la economía de la región experimentara la mayor contracción del PIB desde 1900 (6,8%) y registrara el peor desempeño entre las regiones en desarrollo. En el mediano plazo antes de la crisis, la región estaba prácticamente estancada. El crecimiento promedio fue de solo un 0,3% y el crecimiento por habitante fue negativo en el período 2014-2019. Este sexenio fue uno de los de menor crecimiento desde que hay registro, solo comparable con los que incluyen a la Primera Guerra Mundial o la Gran Depresión. El crecimiento casi nulo antes de la crisis, unido a la contracción de 2020 y a la debilidad del Estado de bienestar y los sistemas de salud y protección social, se tradujeron en aumentos sin precedentes del desempleo, caídas de los ingresos e incrementos de la pobreza y la desigualdad que exacerbaron los problemas estructurales. La contracción de 2020 también dio lugar a un gran número de cierres de microempresas y pequeñas y medianas empresas (mipymes) y a la destrucción de capacidades productivas y humanas. Estos fenómenos afectaron más que proporcionalmente a las mujeres y reforzaron los nudos estructurales de las desigualdades de género.

Para 2021, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) prevé un crecimiento económico del 5,2% para la región, que no será suficiente para recuperar el nivel del producto registrado en 2019. La dinámica y la persistencia del crecimiento de 2021 hacia adelante están sujetas a las incertidumbres derivadas de los avances desiguales en los procesos de vacunación y la capacidad de los países para revertir los problemas estructurales detrás de la baja trayectoria de crecimiento que exhibían antes de la pandemia. El informe publica las proyecciones de crecimiento de Bolivia, registrando un crecimiento negativo (-8,) en 2020, proyección de crecimiento de 5,1 para 2021 y de 3,5 para el año 2022.

El crecimiento en 2021 refleja el efecto de una base de comparación baja por la caída de 2020 y los efectos positivos de un mayor crecimiento mundial que se traduce en una mayor demanda externa, en particular desde los Estados Unidos y China, y el aumento de los precios de las materias primas que, junto con la apertura de las economías y la flexibilización de las medidas de distanciamiento físico, han propiciado una reactivación. Para 2022 se proyecta para América Latina y el Caribe una tasa de crecimiento del 2,9% en promedio, lo que implica una desaceleración respecto del rebote de 2021. Nada permite anticipar que la dinámica de bajo crecimiento previa a la crisis vaya a cambiar. Los problemas estructurales que limitaban el crecimiento de la región antes de la pandemia se agudizaron y repercutirán negativamente en la recuperación de la actividad económica y los mercados laborales más allá del repunte del crecimiento de 2021 y 2022. En términos de ingresos per cápita, la región continúa en una trayectoria que conduce a una década perdida. Después de que en 2020 la economía mundial cayera un 3,3%, la peor caída generalizada en décadas, en 2021 el mundo crecerá, aunque de manera desigual, a una tasa promedio de casi un 6%, con los Estados Unidos, China y la India a la cabeza de ese crecimiento. También se espera que el comercio mundial, después de una caída en 2020, se recupere en 2021 a una tasa cercana al 8% en volumen, impulsado por una recuperación de la demanda de los Estados Unidos, la Unión Europea y China, con los consiguientes efectos positivos en el crecimiento (que serán diferentes en cada país).

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