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El desafío de hablar de la menstruación digna sin tabúes en el país

El proyecto Yawar, sangre en aimara, busca eliminar el desconocimiento, la desigualdad y el tabú sobre la menstruación en Bolivia por medio de talleres a mujeres con distintas realidades físicas y sociales para «alcanzar la dignidad menstrual».

«Tengo compañeras que a sus 27, a sus 30 años no saben qué es el ciclo menstrual», confesó a EFE la boliviana Felisa Alí, quien está en una silla de ruedas por una paraplejia y que en un taller pudo hablar y aprender por primera vez sobre el ciclo menstrual.

Alí contó que antes relacionaba la menstruación con algo «sucio», como una situación que las personas a veces olvidan que también tienen las mujeres con discapacidad y que es complicado de sobrellevar todos los meses.

No solo por la falta de acceso a baños públicos con rampas en ciudades como La Paz, sino por las malas condiciones de los mismos y el gasto económico que implica comprar los insumos.

«Nosotras no usamos toallas femeninas, muchas usamos pañal y el dinero que necesitamos cada mes para pasar por la menstruación es más alto que una persona sin discapacidad», expresó.

A esta situación se le suma el estigma de hablar de este proceso natural que aún se torna en un desafío en Bolivia.

«Dignidad menstrual»

Yawar nació hace dos años de forma «autogestiva» al ver las «desigualdades» en el acceso de productos que afecta «el ejercicio de derechos de las mujeres» y la poca información sobre lo que pasa con el cuerpo en el ciclo menstrual, contó a EFE Lili Oropeza, cofundadora y coordinadora del proyecto.

«Nuestro objetivo es alcanzar la dignidad menstrual», manifestó Oropeza.

Para llegar a esta meta realizan varios talleres para «proveer de información» a todas las mujeres posibles, niñas o adolescentes del área rural o de la ciudad, personas con discapacidad o privadas de la libertad, en varias ciudades de Bolivia.

Asimismo, quieren contribuir a la «desestigmatización de la menstruación» y así dejar a un lado ideas relacionadas con el «dolor y la vergüenza» que siguen vigentes sobre este proceso natural.

«Lo concebimos como si fuera algo privado cuando en realidad es un asunto que debería ser abordado desde las políticas públicas», sostuvo Oropeza.

Las mujeres que participan en los talleres son al principio un poco tímidas y prefieren escuchar, más que hablar, pero a medida que va avanzando comienzan a preguntar y a compartir sus experiencias.

Dayana Durán contó a EFE que a sus 26 años «se ha enterado de muchas cosas» sobre su cuerpo, que ni en el colegio le enseñaron y que no sentía la «libertad» de preguntar a otras personas por temor de que la juzguen o que se hagan la burla de ella.

«Me han aclarado varias dudas y ahora decirles que no tengan miedo, que la menstruación es parte de nuestro ciclo, es natural, no es malo, al contrario, es lo mejor, ya que podemos explorar tantas cosas a partir de nuestro ciclo menstrual», subrayó.

Un asunto de salud

Mariana Soriano, la educadora sexual del proyecto, dijo a EFE que es importante que se entienda «que la menstruación tiene un impacto en la mitad de la población» y que tiene un costo económico, social, político y que debe ser comprendida como un asunto de «salud integral», ya que es un proceso que viven durante al menos 40 años las mujeres.

«Nos han desvinculado de nuestra ciclicidad y con el conocer nuestro cuerpo, ese poder que tenemos las mujeres se nos ha olvidado, se nos ha arrebatado de las manos y ahora estamos reclamándolo», señaló.

La organización Plan Internacional realizó una encuesta virtual en diciembre de 2022 a 450 niñas, mujeres y hombres de Bolivia sobre la menstruación y revela que nueve de cada 10 niñas no conoce o no tiene información sobre la menstruación, contó a EFE Cecilia Gamboa, la especialista de género de esa organización.

El sondeo también indicó que el 35 % de las niñas y adolescentes considera que es un tema tabú del que no se habla en la familia y que seis de cada 10 niñas se siente incómoda cuando está con la menstruación.

Otro dato relevante es que siete de cada 10 niñas prefieren no ir a la escuela cuando están menstruando porque no tienen acceso a insumos sanitarios y tres de diez niñas se «avergüenza» de tener el periodo.

Además cinco de cada decena de niñas ha visto o ha experimentado bullying en la escuela por estar con la menstruación.

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