El impacto psicológico emocional y la educación nacional

Los efectos de la pandemia afectan a toda la comunidad nacional, ningún ciudadano está libre de las consecuencias, uno de los sectores que sufre los mayores daños es el sistema educativo, que ha comenzado a generar problemas en el país. El ministro de Educación, Víctor Hugo Cárdenas, anunció que las labores escolares presenciales se retomarán cuando se logre frenar el coronavirus. Además, expresó que la enseñanza se combinará con modalidad virtual y a distancia. Pero la tecnología y el aprovechamiento de los avances en las telecomunicaciones en nuestro país tienen deficiencias claves y rémoras casi insalvables, más aún en una situación de crisis como la que vive Bolivia y todo el planeta.

En su cuenta Twitter, el ministro Cárdenas sostiene que la educación, «en las actuales condiciones del Covid-19, debe combinar, según las regiones, tres modalidades: educación presencial (en aula, cuando frenemos al virus), virtual (internet, plataformas) y a distancia (TV, radio)». Esa posibilidad sería la ideal, pero la realidad pone a miles de niños y jóvenes fuera de alcance para utilizar ordenadores y tener conexión de internet en casa, ya que la cuarentena los obliga a permanecer aislados en los domicilios, sin la posibilidad de acudir al café internet más cercano. Es evidente que muchos colegios y universidades -especialmente privados- optaron por las clases virtuales. Pero, las autoridades educativas ¿habrán analizado la brecha digital en el país, el acceso a internet domiciliario y la situación en el área rural? ¿Cómo se soluciona la situación en la que quedan miles de niños, adolescentes y jóvenes universitarios que no logran conexión?

UNESCO y UNICEF en una evaluación de los efectos del coronavirus en la educación, señalan que, en contextos de emergencia, los Estados deben hacer su máximo esfuerzo para velar por el acceso universal y sin discriminación a la educación de los niños, niñas, adolescentes y adultos que estudian. Suspender la educación implica la interrupción del sentido de normalidad y la regularidad que favorece el desarrollo y la estabilidad socioemocional de la población en contextos de crisis.

Efectivamente estos organismos recomiendan el empleo de las nuevas tecnologías, pero instan a los gobiernos, educadores y dirigentes a incrementar la conectividad y el acceso a comunicación tanto de la comunidad como de los docentes para que puedan continuar con su labor. Asimismo, instan a emplear medidas que incentiven a los medios públicos, comunitarios y locales a difundir contenidos educativos de calidad bajo los principios de educación en emergencias.

Pero además hay otros problemas que en nuestro país no se los puede ignorar. Un alto porcentaje del sistema lo cubre la educación privada que representa un alto costo y un enorme sacrificio familiar. Por ejemplo, la Junta Nacional de Padres de Familia denuncia que los colegios particulares pretenden cobrar por los meses no trabajados. Los acusan de lucrar en un momento de crisis por la pandemia del coronavirus exigiendo pagos de pensiones. Mediante una carta abierta al ministro de Educación le piden dejar posiciones «políticas» y precautelar la salud de los estudiantes. Advierten con recurrir al TCP por el incumplimiento de los 200 días hábiles de trabajo y cuestionan las clases virtuales.

A todo ello se suma el perjuicio real en el aprendizaje y la formación de los estudiantes, hecho que no tiene precio ni modo de compensación. De todas maneras, el Ministerio de Educación debía analizar los efectos de la pandemia en el sistema educativo, las posibilidades y alcance efectivo de las teleconferencias en reemplazo de la asistencia presencial, se debió considerar cómo afecta a los niños la cuarentena; de que medios efectivos cuentan las familias en la era digital y responder a otras interrogantes sobre la materia que permitan adoptar medidas efectivas para reducir el impacto de la crisis actual, sobre todo de estrés, angustia, incertidumbre y temor, porque deben permanecer a distancia de un metro y medio de sus compañeros(as).