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martes, octubre 26, 2021
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El riesgo de la tercera ola

Con la salud del pueblo no se debe jugar. Las autoridades tienen que tener mayor responsabilidad para afrontar la delicada situación actual caracterizada por miles de contagios y muertes, que tal vez pudo haberse evitado, si se asumían tareas de prevención como recomiendan los médicos y los expertos. Lamentablemente, mientras los servicios departamentales de salud (Sedes) de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba advierten con el riesgo de una tercera ola de coronavirus, algunas autoridades dicen que en el país ya estamos en la desescalada, es decir diminución de contagios.

Lo peor es que hay aprestos irresponsables por el carnaval, que muchas veces se impone a la coherencia que debería primar. El pueblo boliviano es muy solidario, pero cuando se trata de festejos como las carnestolendas o los presteríos, parece que se nubla la razón. En muchas ocasiones, mientras la tragedia se cernía sobre algunas poblaciones por las intensas lluvias de la época, y hasta por deslizamientos con pérdidas de vidas, se rechazó la posibilidad de dejar a un lado los carnavales. No se pudo hacer comprender que no era justo que unos festejen, bailen y se alcoholicen mientras otros sufren calamidades.

Hoy la pandemia pone nuevamente a prueba esa solidaridad proverbial de los bolivianos en momentos en los que los contagios están llenando los hospitales en casi todo el país. Los servicios departamentales de salud de La Paz, Santa Cruz y Cochabamba, las ciudades más pobladas del país, hicieron una advertencia sobre los riesgos de un descontrol en caso de que la ciudadanía olvide las restricciones y medidas de bioseguridad en los carnavales, pese a que todos los municipios anunciaron que se suspenden las entradas, corsos, bailes y fiestas. Prácticamente queda bajo la responsabilidad de la gente evitar las reuniones inclusive familiares de carnaval. Para el martes de ch’alla será suficiente usar más alcohol desinfectante y nada más para evitar tentaciones.

El manejo político de la pandemia no tiene límites y así como se da el mal ejemplo con autoridades que en campaña política no utilizan barbijo, o se recomienda la medicina tradicional para combatir el COVID-19, así también se lanzan informes que no tienen la certeza científica. Se habla de una disminución de la incidencia de contagios afirmando que este hecho a es producto de la aplicación de mayor número de pruebas como parte de la estrategia de reacción frente al virus que evita llegar al estado crítico de los pacientes.

Ya el año pasado al suspenderse las entradas de Carnaval de Oruro, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz generaron protestas de comerciantes y artesanos. Felizmente la mayoría de los municipios ha adoptado medidas para evitar un descontrol, por lo menos con recomendaciones y el anuncio de multas y otras sanciones. De todas maneras, es necesario hacer que estas previsiones se cumplan y que no vuelva a ocurrir que el gobierno central elimine las sanciones a los infractores.

Las vacunas ya se están fabricando a gran escala y en algunos países ya se está efectuando una vacunación masiva. Esta situación representa una esperanza de contar con un factor de inmunización. Pero la OMS ha sido muy clara al explicar que las vacunas ayudarán mucho pero no son la solución definitiva. Hay mucho por hacer. La OMS dice que «superado el obstáculo de lograr una vacuna, la carrera contra el virus está lejos de terminar. Se necesita comprarlas, fabricarlas, entregarlas y administrarlas», asegura la agencia de la ONU para el desarrollo. Las estimaciones predicen que puede llevar hasta finales de 2023 producir suficientes vacunas para todo el mundo. Mientras tanto, la única verdadera esperanza es la previsión de cumplir con los protocolos de bioseguridad.

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