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domingo, junio 19, 2022
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El teletrabajo postpandemia

A pesar del deficiente servicio de Internet y el rezago tecnológico, Bolivia está viviendo un episodio del trabajo a distancia para el que la mayoría de la población ni las empresas estaban preparados, y menos el Estado. Pero la realidad de la pandemia y la necesidad de salir de la paralización económica, hizo que se entrara de lleno al teletrabajo, enfrentando a empleados y empleadores a nuevos problemas, desafíos y necesidades. La desescalada de casos de covid-19 poco influye en el retorno inmediato a labores presenciales. Tal vez más adelante permita algún retorno a las formas pasadas. Para algunos, el teletrabajo tiene enormes ventajas económicas y de tiempo, y para otros conlleva la pedida de derechos sociales para los trabajadores.

Pero el hecho es que parece que esta modalidad de labores ha llegado para quedarse, y tanto la gente como los gobiernos, nacional, departamentales y municipales, tienen que adaptarse a la nueva realidad y actualizar las normas legales, para evitar una serie de injusticias. El portal de Internet español Xataka, considera que los defensores del teletrabajo llevan tiempo argumentando que, entre otros beneficios, ahorra tiempo y dinero a trabajadores y empresas. Se trata de una afirmación que parece confirmarse de acuerdo a diferentes estudios, como el último publicado por el grupo investigación WFH Research, que afirma que las personas que trabajan en remoto ahorran hasta seis horas a la semana en desplazamientos y en arreglarse (afeitado, maquillaje, ducha). Este beneficio, parece que queda cercenado por las dificultades para desconectar que presentan muchos trabajadores en remoto, según los datos de ese mismo estudio. Se trata de un problema que hacen posible que los «teletrabajadores», aumenten su semana laboral unas tres horas, promedio, con respecto a cuando iban a la oficina. El estudio también subrayaba que trabajar desde casa podía provocar confusiones entre el horario laboral y la vida personal, que conllevaría una sobrecarga de trabajo. Otro estudio, también realizado en España (Infajobs), señala que el teletrabajo ha empeorado la capacidad para desconectar el empleo de la vida privada. El 82% de los encuestados por el portal de empleo reconocía que atendía llamadas o respondía emails fuera del horario laboral. Asimismo, el 60% de los encuestados afirmaba que trabajar desde casa había contribuido a que tuviesen más dificultades para desconectarse del trabajo y la responsabilidad.

En Bolivia algunos trabajos de investigación aseguran que se han degradado los derechos laborales con el teletrabajo, se han perdido conquistas sociales, derechos y privacidad. La realidad nos muestra que se tuvo que asumir el cambio e ingresar de lleno a los mecanismos del teletrabajo, el delivery y los servicios digitales, incluyendo las labores escolares parcialmente apoyadas en la educación a distancia. Todo el estrés acumulado en el confinamiento, la necesidad de trabajar y producir, los requerimientos crecientes de la población, las nuevas necesidades, la exigencia de satisfacer las carencias e insuficiencias, agudizaron el ingenio y surgieron iniciativas para llenar los vacíos. El sector público también se acomodó a las nuevas circunstancias y aplica el teletrabajo, aunque con menor eficiencia y plenitud. Para los expertos, el teletrabajo llegó para quedarse y es la alternativa que se impone a pesar de las críticas y observaciones sobre sus inconveniencias. En Bolivia los principales problemas surgen por el internet lento, la carencia de suficientes equipos digitales en los hogares, y fundamentalmente porque no existían mecanismos de capacitación antes de la presencia y los efectos de la covid-19. Las empresas, oficinas y la gente en general, han tenido que adaptar su modo de vida sirviéndose de las nuevas tecnologías. Se lograron aplicar sistemas de soporte venciendo las resistencias de la gente reacia a los cambios. Fue el momento de tomar conciencia y comprender la importancia de problemas reales como la conectividad, brecha digital y ausencia de apoyos digitales. Los ciudadanos hemos comprobado con dolor el rezago tecnológico. Lamentablemente, el gobierno hasta ahora nada hace por elevar la calidad del internet y hacer accesible la tecnología a la población, bajando los impuestos para los equipos necesarios. Pese a ello, muchas empresas se han digitalizado y han capacitado a sus empleados. Otras han prescindido de gran parte de su personal. Todavía el brusco cambio impide una planificación y metodologías comunes que sintonicen esfuerzos y hagan posible una mejor conectividad, pero ya se están dando pasos más acelerados de lo que se podía haber admitido antes de la pandemia.

Los resultados, tomando en cuenta las limitaciones del internet, la improvisación y las adaptaciones, permiten afirmar que el cambio funciona e irá creciendo permanentemente, más aún cuando las políticas estatales no ofrecen alternativas. Los beneficios son evidentes, así como sus efectos negativos. Es una alternativa efectiva para los negocios, facilita el funcionamiento de la administración pública, especialmente en municipios, y logra una reducción de costos de establecimiento, servicios, y sostenibilidad medioambiental por el ahorro de desplazamientos que deriva en la disminución de emisiones de CO2. De hecho, la aplicación de nuevas tecnologías, forma parte de lo que es y será el mundo en una era post covid-19, que obliga a aprovechar un planeta híper conectado en el que la globalización tiene nuevos mecanismos de efectividad, y nuevas herramientas para salir de la crisis sanitaria.

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