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jueves, diciembre 2, 2021
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Entre desagravios y rencores

Cada vez, con mayor frecuencia, se presentan motivos de discordia entre la ciudadanía, generalmente provocados por grupos radicales que amargan la convivencia con actitudes políticas que anteponen el regionalismo, el sectarismo y la ideología, a la única luz que debiera guiar a los bolivianos, que es la unidad. Pugnas radicales enarbolan las diferencias, buscan la confrontación, y avivan rencores e intenciones de revancha. Ahora, se está utilizando a la Wiphala, como otro factor de enemistad. La Patria es una sola y su territorio indivisible. Los bolivianos son todos iguales ante la ley y gozan de los mismos derechos, libertades y prerrogativas. Factores de unidad y orgullo han sido los símbolos patrios a los que todos debemos respeto.

Lamentablemente, los radicalismos aprovechan cualquier circunstancia para hacer notar las contradicciones. Todos los pueblos tienen sus problemas surgidos de su idiosincrasia que muchas veces encuentra contradicciones profundas, pero que son vistas como lo que son, circunstancias de realidades que se arrastran en el tiempo, y que se las supera con tolerancia, que es la base de la comprensión. Pero en nuestro país, desde hace 15 años se han profundizado las diferencias y las susceptibilidades. Recordemos que el año 2010, cuando entró en aplicación la nueva Constitución Política, se acentuaron las diferencias aguijoneadas por intereses mezquinos. El gobierno decidió cambiar la forma de los festejos patrios y hacerlo en diferentes ciudades. Antes los festejos centrales se efectuaban en Sucre y la sede de gobierno. El cambio no debió ser motivo de discordia. Sin embargo, alguna gente en Sucre se sintió celosa hasta el extremo de considerar que los actos cívicos centrales que se decidió hacer en Santa Cruz eran una afrenta, y que lo que se buscaba era humillar a la ciudad capital. Pero no solo eso. Algunos cruceños veían en la decisión de festejar a la Patria desde la tierra oriental como una maniobra política dirigida a poner la Wiphala como pendón vencedor, en reemplazo de la tricolor. Tanta susceptibilidad había generado polémica sobre algo que debiera ser tan natural, como el respeto que merece la bandera cruceña, la paceña, la tarijeña o la de cualquier otro departamento hermano. Inclusive cuando dignatarios extranjeros participan de algún acto trascendental a nadie repugna que flameen las banderas de dos países, como tampoco nunca altiplánicos, vallunos, orientales o chaqueños han puesto reservas a que la kantuta y la flor de patujú pudiesen mostrarse juntas, orgullosas como símbolos que nacen de la más profunda bolivianidad. La Wiphala representa a una parte de la población, pese a su origen poco claro, ya que hay evidencias de que ese símbolo llegó con los españoles. Pero sigue siendo un símbolo que merece respeto.

Los puntos de vista opuestos debieran ser motivo de tolerancia, pero algunas tendencias fundamentalistas ven oportunidad de confrontación. Inclusive, hay tendencias que quieren borrar la historia del país, con la que la mayoría de bolivianos se siente identificada. También es cierto que algunos sectores retrógrados se resisten al cambio y ven en el avance de las clases sociales marginadas durante siglos, una amenaza para sus intereses. Pero la mayoría de los bolivianos, de los nueve departamentos, palpita en sintonía con las estrofas del himno nacional y con los éxitos y desgracias que a lo largo de la historia ha vivido Bolivia.

También es cierto que es necesario reescribir la historia del país, pero no para borrar o ignorar la herencia de los próceres de la independencia ni el trabajo fecundo de sus doctos pesadores, o las enseñanzas de sus maestros, ni la lucha y sacrificio de los obreros y campesinos, sino para destapar la verdad, esclarecer algunos episodios que la historia ha desfigurado, y también rescatar el legado de verdaderos héroes indígenas, blancos, mestizos, criollos, nativos y extranjeros cuyo aporte ha sido fundamental para construcción de Bolivia. La historia se escribe día a día con los actos pequeños y grandes, con los éxitos y los fracasos, con los errores de los que se debe aprender y los aciertos que a menudo no son recordados, pero que ambos forman los cimientos sobre los que se ha edificado la conciencia nacional por una Patria unida, libre, soberana, en la que todos los bolivianos tienen el derecho a expresar libremente sus ideas, a disentir, a disfrutar de los bienes de la naturaleza y desarrollar sus potencialidades, en un marco de respeto por los derechos de los demás. A nadie se le puede privar de sus derechos elementales consagrados por el avance de las libertades democráticas, como tampoco se puede conculcar el derecho a preservar, conocer y esclarecer su historia, su origen, sus tradiciones y su cultura. Durante las confrontaciones de 2019 también hubo problemas con la Wiphala, pero pese a las arengas incendiarias que llegaban desde México y luego de Argentina los bolivianos que se quedaron en el país, con la mediación de la Iglesia y organismos internacionales logaron la pacificación y un acuerdo que llevó a la realización de nuevas elecciones. Hubo un desagravio a la Wiphala y el país se encaminó a enfrentar los verdaderos problemas. Pero nuevamente el revanchismo, el odio y posiciones radicales han vuelto a enrarecer el ambiente.

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