Estrategia en contra del autoritarismo

Se presenta un escenario interesante ante los electores, en que la decisión del voto conlleva una alta responsabilidad que podría establecer el ambiente en el que vivirán los bolivianos en el futuro inmediato, que puede oscilar entre la esperanza por una mejor convivencia y oportunidades para solucionar los graves problemas económicos, políticos y sociales, o la posibilidad de extremos de violencia, carencias y restricciones a las libertades.

La decisión que asuma el electorado será histórica por lo que es de gran importancia valorar los riesgos, comprenderlos en su real magnitud y buscar el mejor camino.

Ante las encuestas «prepago», como señalan dirigentes de partidos y organizaciones sociales, visto que se tiñe de azul la representación por departamentos, como nueva estrategia podría llegarse a un acuerdo regional entre partidos contrarios al esquema del MAS para obtener diputados y senadores.

En este nuevo escenario hay factores positivos y negativos que influyen en las reacciones y decisiones del ciudadano frente a los comicios, entre ellos, algunos contribuyen a lograr que el proceso eleccionario en las próximas semanas pueda permitir serenar los ánimos, así como, aumentar los riesgos de los actores de la imposición, que obliga a la gente a actuar bajo amenaza.

Sin duda, representa un aliciente la llegada de expertos electorales de la Unión Europea, y se espera que lleguen varias misiones de observadores, entre ellas, las de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Naciones Unidas, Unión de Organismos Electorales de América (Uniore), además del Centro Carter, que deberán constatar en las áreas rurales si existe garantías para la campaña electoral y además permitir que jurados y representantes de todos los partidos puedan apersonarse en cada uno de los lugares de voto. Algunas de estas entidades emitirán informes conjuntos y otras lo harán en forma institucional sobre el curso del proceso, de manera que se despejen las susceptibilidades que quedan por el fraude de las anteriores elecciones.

La renuncia de Jeanine Áñez a su candidatura es otro factor que de alguna manera contribuye a despejar la suspicacia de maniobra electoral. Además, su declinación ha movido el tablero del ajedrez, dejando a sus partidarios en la disyuntiva de elegir entre los candidatos que enfrentan al MAS. Lo mismo ocurre con los indecisos que tienen una opción menos que barajar. Si se evalúan las diferentes «encuestas» realizadas, no necesariamente creíbles, de aplicarse nueva estrategia electoral partidaria todo hace pensar en que los electores tendrán que ir a una segunda vuelta. En las actuales circunstancias, el caudal de votos del MAS bajó considerablemente, a 21%, de manera que es improbable que el candidato, cuestionado por los partidos por haber revelado encuestas internas de su sigla, logre más votos de los que obtuvo su jefe de campaña.

Esto significa que la mayoría del electorado está contra la tendencia continuista de los últimos 14 años, de manera que, si los candidatos opositores logran convencer a ese gran núcleo, sobre los riesgos que representa un régimen autoritario, y se consigue persuadir de la necesidad de unir fuerzas, será posible abrir una ruta de efectiva defensa del proceso democrático.

Pese a ese evidente 79% del país que quiere vivir en democracia, hay riesgos sembrados por la fragmentación del voto, que en este momento está disperso. Y en esa línea. Todos los ciudadanos, los representantes de los frentes, y especialmente los jurados electorales, tienen que ser celosos vigilantes de la legalidad, del respeto a la voluntad ciudadana y las condiciones de paz, y garantías de seguridad para la gente.

Mediante un comunicado conjunto, la Conferencia Episcopal Boliviana, la Unión Europea y las Naciones Unidas subrayan «la importancia de que la competencia entre las fuerzas políticas se lleve a cabo en un marco de debate democrático con propuestas que contribuyan a la construcción de una Bolivia en paz, libertad, justicia y progreso».