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sábado, septiembre 23, 2023
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¿Habrá suficiente gas para el consumo interno?

La política de hidrocarburos desarrollada durante los últimos tres quinquenios se basó en explotar los depósitos de gas natural descubiertos al finalizar el siglo pasado, sin preocuparse de reponer las reservas. Lamentablemente, nada es eterno y todo se acaba tarde o temprano, si no se adoptan previsiones, y en este momento, la producción de gas ha caído a niveles que no permiten honrar los compromisos de exportación con Brasil y Argentina, firmados en el pasado, por lo que se ha tenido que acordar nuevos contratos con menores volúmenes. Pero el mayor riesgo radica en atender apropiadamente el mercado interno. Recordemos que se determinó cambiar la matriz energética impulsando el uso de gas sobre la electricidad, la gasolina y el diésel. Se alentó el cambio de combustible para los automotores y se desarrolló una campaña para dotar a la población de gas domiciliario, además de que muchas industrias cambiaron el uso de carburantes.

Desde ese momento se incrementó el consumo de gas en el país. Un informe da cuenta que el consumo interno de gas natural aumentó en diez por ciento durante el primer semestre de este año en relación a similar periodo de 2022. Este incremento refleja, además, el crecimiento de la demanda para la generación industrial, y se teme que a mediano plazo el país tenga que importar gas, para atender los requerimientos del mercado interno. Según YPFB, se está logrando cubrir la demanda de los sectores de generación térmica para los sistemas eléctricos, residencial, comercial, industrial, transporte vehicular, consumidores directos, las plantas de separación de líquidos, el complejo petroquímico de Amoniaco y Urea, GNL y otros. Las proyecciones señalan que el crecimiento del consumo interno continuará. El analista de la Fundación Jubileo, Raúl Velásquez, considera que «Si el mercado interno sigue creciendo al ritmo que lo está haciendo y la producción sigue cayendo, vamos a llegar a un momento crítico en el que no vamos a tener el suficiente gas para abastecer todo el mercado interno». Agregó que, en ese escenario, y a mediano y largo plazo, Bolivia tendrá la necesidad de importar por lo menos una porción del gas natural que consume.

Anteriormente, Raúl Velásquez explicaba que a mayo de 2023, la producción de gas natural cayó en 45 por ciento en comparación con similar periodo de 2014. Esta caída causará que el país deje de exportar gas a Argentina en 2024, pese a que el contrato debe concluir en 2026. Según datos oficiales, en junio, la producción nacional de gas natural fue de 33,6 millones de metros cúbicos día (MMm3d), volumen que, comparado con mayo de 2014, representa una disminución del 45 por ciento. Velásquez recordó que en la Estrategia Boliviana de Hidrocarburos 2008 se proyectaba que Bolivia llegaría a producir 83 MMm3d de gas. Sin embargo, en 2015, cuando el Gobierno sacó su Plan de Desarrollo Sectorial de Hidrocarburos, la previsión se ajustó a 73,5 MMm3d. «Actualmente, Bolivia produce casi el 50 por ciento menos de lo que había planificado y eso se debe a que no hubo actividad exploratoria que permita alcanzar esas metas de acuerdo a los compromisos contractuales con Brasil, Argentina y con el mercado interno», según Velásquez.

Las evidencias de disminución de los depósitos de gas natural eran notorias, ya el año 2014, pero la soberbia hizo que los administradores de los recursos del Estado despreciaran las críticas y observaciones de los analistas y de los expertos en la materia. Inclusive los trabajadores de YPFB alertaron sobre los riesgos. Pero el gobierno atribuyó las observaciones a afanes opositores ligados al imperialismo, y a la necedad de quienes no querían reconocer que la administración del MAS daba «cátedra» en el manejo de la economía. Pero el tiempo, que es el mejor recurso para decantar los aciertos y falsedades pone hoy en evidencia la crítica situación para los ingresos nacionales. Pese a ello, lejos de comprender el riesgo que se cierne sobre el país, y después de haber agotado las reservas monetarias para cubrir gastos infructuosos, todavía se insiste en el despilfarro de lo poco que queda y de lo que se genera.

Frente a esta realidad es plenamente justificable la preocupación de la población y de diversas instituciones nacionales sobre el futuro inmediato, especialmente por algunas señales negativas como la dificultad para conseguir dólares. Felizmente, el gobierno ha asegurado que se mantendrán las subvenciones, pese al alto coso significan para el erario nacional. El precio de la gasolina y del diésel continuará subvencionado y «se van a mantener estable», sin embargo, se está trabajando para reducir el costo de la subvención con medidas como la fuerte explotación hidrocarburífera y la mejora en la logística de importaciones, aseguró el presidente de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB), Armin Dorgathen, en declaraciones a medios de comunicación. Pero la susceptibilidad no ha pasado porque es indudable que las nuevas exploraciones, si dan resultado, será a largo plazo.

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