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miércoles, agosto 10, 2022
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Hacia una Navidad solidaria

Un conmovedor sentimiento de piedad, amor, justicia, respeto y espiritualidad flota en el ambiente al influjo de la Navidad, que este año nuevamente llega bajo la amenaza del coronavirus que busca separar a los amigos, a los trabajadores, a los vecinos y hasta a las familias. Guardar la distancia social salva vidas pero impide el fraternal abrazo y el contacto intimo que está por encima de los regalos o la fiesta, porque provocan profundas sensibilidades y emociones. Pero guardar distancia no significa evitar que los sentimientos se estrechen y se conviertan en uno solo entre padres e hijos, hermanos, amigos y familiares y hasta con la visita del momento.

Compartir lo mucho o poco en ese momento puede convertirse en la señal de que es posible ampliar ese sentimiento por siempre y entre todos, haciendo que la solidaridad sea cada vez más evidente y certera. Bolivia necesita unirse en estos momentos con sentimientos y acciones fraternales que alivien los padecimientos de los que ven quebrantada su salud por la pandemia y otras enfermedades, que ayuden a los que carecen de lo suficiente para vivir, de los que sufren privaciones e insuficiencias, y también de los que son víctimas de persecuciones e injusticias, Los sentimientos que inspira la Navidad son muy fuertes y por alguna razón inexplicable se ha extendido por el mundo y perdura en el tiempo.

La Navidad se celebra casi en todo el planeta aunque con costumbres y rituales diferentes, pero estas diversas maneras de conmemoración tienen un denominador común que es la celebración del nacimiento de Jesús, que conlleva un valor histórico, un sentimiento de piedad cristiana y el significado de las enseñanzas de este maestro espiritual y propalador de un mensaje profundo de la filosofía del bien común, de la paz, la justicia y la igualdad. El cristianismo se ha encargado de seguir sus enseñanzas, y aunque muchas veces ha torcido sus principios, ha hecho posible que la palabra del nacido en Belén repercuta con fuerza en la conciencia de la humanidad toda.

Al llegar el 25 de diciembre, y el advenimiento de este ser divinizado por el cristianismo, un sentimiento de regocijo, de piedad, de bondad, tolerancia y paz se apodera de la humanidad. Es una época del año conmovedora por el profundo significado de la Navidad que simboliza el renacimiento permanente de Jesús, y el surgimiento de una nueva forma de vida. Sin embargo, y pese a su trascendencia, el marketing ha logrado una lamentable desviación, y las fiestas navideñas han tomado un significado más comercial y menos espiritual.

El Jesús, nacido en Belén, el Cristo que ofrendó su vida por la humanidad 33 años después, y sus enseñanzas, deberían ser las ideas centrales, el núcleo de las celebraciones de Navidad. Para una mejor comprensión apelaremos a la explicación de una escuela esotérica sobre el significado de la palabra «Cristo», que va generalmente asociada con Jesús. El origen inmediato de esa palabra proviene del latín, Christus, que a su vez tiene un origen griego. En la versión griega la palabra Christos se usa para traducir la palabra hebrea «Mahsiah», que en español se escribe Mesías, y cuyo significado original es «El Ungido». La costumbre hebrea de ungir constituía en el pasado un acto simbólico de infusión divina, el ungido recibía un manto divino de poder y sabiduría. Todos los que eran ungidos de esa manera pasaban a ser sacerdotes, y se les consideraba como intermediarios entre el hombre y Dios. Los hebreos esperaban la llegada de un Mesías con el anhelo de librarse de las calamidades físicas y mentales y obtener la salvación. Los profetas hebreos, mucho antes de la era de Jesús, hablaron de la venida de un rey o de un Mesías. Uno de los primeros en hablar de esa manera fue el profeta Isaías. Se decía que el Cristo, este Mesías, se revestiría de justicia y sería «el Príncipe de la Paz».

Hagamos votos porque en la actualidad las sociedades se pusiesen a meditar en el profundo mensaje humanitario que surge de este enigma y permitan que, junto al tradicional regocijo se pueda pensar un poco sobre el significado de la Navidad, rememorando los hechos, en parte históricos, plenos de espiritualidad y enseñanzas morales que perduran en el tiempo. Ojalá la humanidad volviera al mensaje primigenio de la Natividad, simbolizada en el milagro espiritual de que Jesús nazca en cada corazón de los miembros de los hogares del mundo, y especialmente de los bolivianos, ya que el núcleo familiar es la célula más importante de la sociedad.

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