Industrializar los desechos sólidos en favor del bien común

El bien común es aquel que corresponde a todos y puede ser utilizado por todos, por ejemplo, el aire, el agua de lluvia, los espacios públicos, así como otros bienes abstractos, como el medio ambiente. Los bienes comunes son compartidos por los integrantes de una sociedad, quienes se benefician de ellos o aprovechan su utilidad. El Estado, como órgano rector, tiene que proteger y promover el bien común ya que éste redunda en beneficios para los habitantes. Por ejemplo, cuidar la salud de la población es una meta que tiene que ver con la utilización apropiada de los bienes comunes.

Desgraciadamente esto no ocurre en nuestro país, donde al calor de las divergencias políticas se pasa por encima de los intereses de la comunidad y se atenta contra los derechos de la ciudadanía bloqueando calles, carreras y accesos a lugares estratégicos, como ocurre con el problema de la basura que se ha convertido en arma política e instrumento de lucha o exacción. Desde comienzos del presente siglo se acentuaron los problemas de la basura en las más grandes ciudades del país, y pese a las advertencias de los ecologistas, salubristas y expertos municipales, pocos munícipes, candidatos y concejales han efectuado propuestas para soluciones oportunas. Cuando la basura estuvo «ahogando a las ciudades» se alzó el grito al cielo para la búsqueda de nuevos rellenos sanitarios, sin pensar en soluciones integrales.

El crecimiento de las ciudades ha sobrepasado las capacidades de los botaderos y los rellenos sanitarios. En el eje central del país, las más grandes ciudades como son La Paz, El Alto, Cochabamba y Santa Cruz confrontan similares problemas que recurrentemente generan conflictos. Hoy es Cochabamba que está con el acceso al depósito sanitario de K’ara K’ara en conflicto, un problema que es utilizado políticamente y con el que -sin ningún escrúpulo- se ha atentado contra la población, impidiendo que la basura salga de la ciudad con el riesgo que ello implica en un momento tan difícil como es enfrentar a la pandemia.

Anteriormente fue la ciudad de La Paz, que sufrió bloqueos al acceso hacia el depósito de Alpacoma. También, bajo la presión política y estímulos de grupos radicales, se impidió que se traslade la basura dejando a la ciudad en alto riesgo de contaminación. En Santa Cruz, hubo problemas con el botadero de Normandía, y aunque encontraron alternativas, continúa como un problema latente.

En todos los casos el problema es similar. La gente ocupa ilegal y abusivamente las vecindades de los lugares destinados como depósitos sanitarios, edifican viviendas ilegalmente, aparecen los «loteadores», crecen los asentamientos y se aproximan más a al foco del depósito, y luego reclaman por el riesgo que significa, demandando que se cierre el botadero y como medida de presión bloquean el acceso. Todos los rellenos sanitarios pueden considerarse focos potenciales de graves problemas sociales y políticos a corto plazo, ya que son susceptibles de manipulación política, provocando tensiones que pueden derivar en violencia, y lo peor, en un atentado a la salud de la población de las ciudades. La solución al problema de la basura ya no está en los rellenos sanitarios, sino en la industrialización y tratamiento de residuos, que se ha convertido en una creciente industria en el mundo, que no solamente soluciona el problema sanitario, sino que abre nuevas perspectivas. Las principales ciudades del mundo han solucionado el problema de la basura estableciendo industrias de diversa naturaleza que utilizan los residuos para diversos fines. Por ejemplo, hay operando plantas de generación de energía eléctrica a partir de desechos. Hay plantas en pleno funcionamiento que queman la basura en lugar de utilizar combustibles fósiles, y son capaces de convertir 450.000 toneladas de basura en energía, entregando electricidad a 30.000 hogares y calefacción a 72.000. Otras ciudades están utilizando inteligencia artificial y automatización para clasificar los residuos reciclables. Algunas ciudades inducen a los ciudadanos a usar bolsas de diferentes colores para diferentes tipos de desechos y, en lugar de recogerlas por separado, los camiones llevan todas las bolsas a la vez a una planta de clasificación óptica. Esta tecnología permite optimizar el reciclado. Como esas hay muchas otras formas de dar utilidad a la basura, pero en nuestro medio, cuando se lanza una iniciativa, surgen las corrientes que se oponen o simplemente se aprovechan los proyectos para pretender un negociado.

¡Hay que favorecer al bien común, ególatras políticos!, es la frase que sintetiza el clamor popular.