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domingo, octubre 24, 2021
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Insurgencia de nuevos actores en democracia

La democracia en Latinoamérica se ha debilitado, y en Bolivia esta situación ha derivado en «un enorme déficit de confianza, desempeño y representatividad de las instituciones públicas y organizaciones políticas». Esa afectación puede tener fuertes consecuencias en el funcionamiento integral de la sociedad, de acuerdo a dos estudios de percepción desarrollados por IDEA, en los que se describe la forma cómo afectó a la democracia la secuela de la pandemia de coronavirus. En el trabajo se afirma que la crisis desnudó y agudizó la crisis institucional en nuestro país.

El informe denominado «El estado de la democracia en el mundo y en las Américas 2019», producido por IDEA Internacional, y la investigación denominada «Impactos, amenazas y oportunidades para la democracia boliviana a partir de la pandemia COVID-19», desarrollada por «Resiliencia Democrática», aportan esclarecedores elementos de análisis sobre la situación actual y las perspectivas democráticas.

El estudio en Bolivia fue conducido por el asesor principal de IDEAS, Alfonso Ferrufino y los investigadores Gustavo Bonifaz y Sergio Lea Plaza durante la pandemia.

La pandemia del COVID-19 ha desencadenado una inédita crisis global, cuyos efectos traerán una serie de transformaciones en prácticas, tendencias y paradigmas imperantes en el mundo.

En ese entramado se configura un cambio de época. Además de los efectos y cambios visibles e inmediatos que genera en la salud y la economía, la crisis del COVID-19 afecta también el campo de la política, impactando sobre la democracia. Esa afectación puede tener fuertes consecuencias en el funcionamiento integral de la sociedad, según los estudios.

Por tanto, resulta de alta relevancia identificar y analizar los impactos de esta crisis en la democracia, así como las amenazas, los cambios y las nuevas perspectivas que se abren, acciones que podrían contribuir a una gestión democrática de la propia crisis y a la proyección de un nuevo ciclo democrático. Además, existe una razón fundamental que convierte a estas tareas en una asignatura necesaria: El informe registra un importante declive en la calidad de la democracia en el mundo.

A pesar de que en las últimas décadas la democracia no ha dejado de expandirse, hasta constituirse en el régimen mayoritario en el planeta, el informe sostiene que «No ha habido un momento en la historia moderna, o por lo menos desde la década de 1930, en que se haya cuestionado más el valor, la viabilidad y el futuro de la democracia».

En América Latina el declive de la calidad de la democracia se expresa -de acuerdo con el informe- en algunos aspectos fundamentales: una contracción del espacio cívico y mediático, una reducción notable del apoyo y confianza ciudadana en la democracia y sus instituciones, los altos niveles de desigualdades socioeconómicas que se traducen en un acceso desigual al poder político, y la violencia, como delincuencia y violencia de género. En lo nacional, los ciudadanos de cada país podrían demandar nuevos actores, nuevos discursos y nuevas prácticas de la política.

Quizás el hito histórico que marca la pandemia abra las posibilidades y oportunidades para una renovación de las fuerzas políticas y la emergencia de nuevos actores.

Recuerda que, en Bolivia, la crisis sanitaria se dio en medio de un momento delicado, especial de transición y polarización política, tras la anulación de las elecciones presidenciales de octubre de 2019. La pandemia se ha constituido en una variable determinante en este trayecto, causando incluso la postergación de los comicios previstos originalmente para el 3 de mayo y luego para el 6 de septiembre de 2020. Según el informe, la pandemia, la crisis sanitaria y económica, el agotamiento y reinvención del ciclo político, la polarización y grieta política, son los ingredientes actuales que la democracia boliviana debe procesar de cara a la construcción de un nuevo momento histórico. Considera que ese es el escenario «a partir de la elección nacional de un nuevo gobierno». En esa articulación se vislumbran oportunidades de cambio y renovación de la democracia, pero también amenazas, advierte el trabajo de investigación.

En un acápite sobre el panorama electoral regional, que utiliza como base el citado informe, afirma que «con la excepción de las elecciones en Bolivia en 2019 y en Venezuela en 2018 -y de las elecciones presidenciales de 2017 en Honduras, que fueron consideradas empañadas por irregularidades- se considera que todas han sido, en general, «libres». Explica que la puntuación media de la región en Participación Electoral es elevada. América Latina y el Caribe registra los niveles de participación electoral más altos del mundo: el 67 por ciento (frente al 63 por ciento en Europa y el 55 por ciento en América del Norte). No obstante, esto no es necesariamente una señal de un mayor compromiso político y se explica, en parte, por el hecho de que el voto es obligatorio en 14 países de la región. De hecho, América Latina y el Caribe es la región con la mayor proporción de países con Leyes en ese sentido, aunque el grado en que se controla su cumplimiento varía.

De lo que se concluye que en Bolivia como en otros países del continente, van surgiendo nuevos actores y se acaban los caudillos o los eternos aspirantes a la Presidencia y cargos electivos.

Lo preocupante es que, en estos últimos años, aproximadamente hace una década, en nuestro país la confianza en los procesos electorales se debilito porque los Tribunales Electorales, en lo nacional y en algunos departamentos, no conto necesaria y obligatoriamente con profesionales escogidos mediante méritos profesionales sino primo, como en el caso del TSE, el parentesco y afinidad política con determinados partidos. No hubo exámenes de meritocracia, sino dos sobres a escoger conteniendo una pregunta, cuando los vocales ya habían sido con anterioridad designados amen que el presidente de dicho ente no presentó títulos académicos ni se presentó a reunión (examen) ante la comisión legislativa, sino que a dedo fue designado por la expresidenta Añez.

Personas que recién egresaron de algunas carreras, ¿acaso tienen más méritos que los académicos con Maestría o doctorado?, es una realidad que lacera y que se debe concluir al menor tiempo posible para que las nuevas generaciones meritocráticas tengan los espacios de poder que les corresponde.

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