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domingo, septiembre 26, 2021
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Involución de valores

El siglo XXI aprovecha y disfruta del trabajo, investigación, inventiva y sacrificio de las generaciones pasadas que legaron las bases de la tecnología que hoy se disfruta, pero lamentablemente no se logró transferir los principios morales, ni el respeto mutuo que han sido estandartes del honor y la ética. Las últimas dos décadas han sacudido profundamente a las sociedades, y nuestro país ha sido parte del cambio, pero en muchos aspectos alejándose de los principios por los que pueblo luchó el siglo pasado. Efectivamente, después de alcanzar la consolidación democrática -que demandó mucho sacrificio, dolor y lucha- se perdió el rumbo y una eclosión popular en defensa de los derechos y libertades ha derivado en una vorágine de excesos y errores que han llevado a la destrucción de todos los partidos políticos tradicionales, dejando un vacío para el equilibrio democrático.

Los excesos han llegado a una involución de valores en los que la cultura pasa a un segundo plano; la improvisación se impone a la ciencia y el conocimiento, dando lugar a que los radicalismos políticos y los dogmas se impongan sobre el sentido común. La tolerancia ha sido olvidada para dar paso a la imposición; y las libertades, por la que el pueblo boliviano derramó sangre, están quedado sepultadas por eufemismos. Pareciera que el país retrocedió varios siglos y se estancó en el oscurantismo. En nombre de los pobres y desvalidos se antepone la fuerza, la riqueza y la corrupción, y enarbolando las banderas de una supuesta lucha contra la discriminación, se cercenan las libertades de expresión y pensamiento. En el último tiempo, las contradicciones jamás se las pone en una balanza. Sólo sirven como pretexto para la confrontación. El gobierno ve a los opositores como enemigos mortales y la oposición solamente ve errores en el gobierno y en nada aporta a las soluciones.

El diálogo y la concertación han desaparecido lo mismo que la tolerancia, para dar paso a posiciones dogmáticas. En el siglo pasado, es decir hace apenas 21 años, se luchaba por construir ladrillo a ladrillo el proceso democrático, demandando respeto a las opiniones de todas las tendencias. Hoy desde los poderes se persigue a los que piensan de diferente manera y desde abajo se desconfía hasta de las mejores intenciones del gobierno. Es una lamentable realidad que costará mucho revertir. De todas maneras, contra este estado de situación, es necesario que desde todos los flancos, en todos los escenarios y oportunidades, los ciudadanos de buena fe difundan los principios de la tolerancia como factor para la convivencia.

La tolerancia consiste en la disposición y práctica de convivir pacíficamente con creencias y modos de vida que nunca adoptaríamos, y que, más aún, reprobamos y hasta rechazamos probablemente, pero que debemos aceptar en los demás. Admitir las opiniones ajenas aunque no las compartamos no significa transigir de las convicciones propias. Significa, simplemente, admitir que existen distintos modos de ver los hechos, diferentes formas de percepción y una diversidad de comprensiones de un mismo hecho o situación. Si se lograra comprender el significado del respeto a las opiniones ajenas se daría un paso importante hacia la recuperación de valores.

Lamentablemente, algunas ideologías retrógradas pareciera que permanecen en el tiempo del oscurantismo, y a sus seguidores no les llegó la esencia destilada por de la época de la ilustración, que permitió cuestionar el pasado y examinar nuevas ideas y valores. Gracias al advenimiento del siglo de las luces, las guerras y confrontaciones producidas durante el oscurantismo por las discrepancias religiosas y el dogmatismo, permitieron ver en el dolor, sangre y muerte, la oportunidad de discernir y buscar un horizonte diferente, dando una dimensión mucho más profunda a la tolerancia, que se expandió hasta conquistar algo más que la sola libertad religiosa: se consiguió ¡la libertad de conciencia! que es ya el reconocimiento de la autonomía de cada individuo para formarse sus propias convicciones en todos los campos de la vida, como única forma de convivencia. La tecnología ha puesto al servicio de la humanidad admirables medios para comunicarse en todo el planeta en forma instantánea, permite conocer lo que ocurre al otro lado del mundo casi inmediatamente, pero la desinformación, las falsedades, la mala fe, y otras malas artes se han apoderado de redes sociales y algunos medios que buscan propalar el odio y la agresión. Pero está en poder de cada persona la capacidad de discernir e identificar las mentiras y las verdades a medias.

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