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sábado, mayo 21, 2022
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La campaña militar de Putin, un mes negro para los rusos

Desde el inicio de la campaña militar en Ucrania hace un mes, Rusia ha sido objeto de sanciones occidentales sin precedentes, su economía ha entrado en barrena, empiezan a escasear las medicinas y otros productos básicos, ha aprobado leyes contra la libertad de expresión y bloqueado redes sociales.

Es la «nueva realidad» en la que viven los rusos desde el 24 de febrero. Una situación que no se produjo ni siquiera en 2014 cuando Rusia se anexionó Crimea y apoyó la sublevación armada en el Donbás, aunque el presidente ruso, Vladímir Putin, está convencido de que su país superará las dificultades.

Mientras la popularidad de Putin ronda el 80 %, un cuarto de millón de rusos ha optado por exiliarse a la espera de tiempos mejores, según fuentes independientes.

Guerra de sanciones y economía en barrena

Putin llamó «guerra relámpago» a la andanada de sanciones occidentales que han aislado su país hasta límites insospechados y le obligaron incluso a suspender durante casi un mes sus actividades bursátiles.

Y es que el sistema bancario ruso fue excluido del sistema de comunicación interbancario internacional SWIFT y las reservas de oro y divisas rusas en el extranjero fueron congeladas.

EEUU y la Unión Europea cerraron su espacio aéreo a Rusia, que respondió cerrando el suyo para las aerolíneas occidentales.

Las sanciones afectan casi a cada sector de la economía rusa, incluido a los oligarcas que apoyan al Kremlin pero tienen numerosos activos en Occidente.

Ellos pagaron los primeros platos rotos, aunque los que más lo notarán a largo plazo serán los rusos comunes y corrientes. Y es que el producto interior bruto se contraerá y la inflación supera ya el 12 %.

Las marcas occidentales, desde Apple a Ikea, Lego o Volkswagen, no dudaron en abandonar en cascada el mercado ruso, lo que dejó a no pocos rusos sin trabajo.

Las autoridades han reconocido que la contracción económica provocará un aumento del desempleo y, por tanto, de las tensiones sociales dentro de la sociedad rusa, aunque esta semana la Justicia rusa se puso la tirita antes de la herida al condenar a nueve años de cárcel al líder opositor, Alexéi Navalni.

Según informó hoy el Gobierno, casi 60.000 rusos perdieron el trabajo debido a las sanciones en lo que va de mes de marzo, a lo que hay que sumar casi otros 14.000 empleados que están de vacaciones sin salario.

Sin redes sociales y con censura

Que Putin es un hombre de la era analógica es un secreto a voces, al igual que los planes del Kremlin de construir una Gran Muralla digital como la china.

Después de ralentizar Twitter y multar a los gigantes tecnológicos por su apoyo larvado a la oposición democrática, la Justicia rusa fue más lejos al prohibir esta semana las actividades de Facebook e Instagram.

El motivo fue la negativa de su matriz, Meta, a eliminar los llamamientos a la violencia contra los rusos, entre ellos los militares.

Además, el jefe del Kremlin promulgó el 4 de marzo una ley que castiga con graves multas y hasta 15 años de cárcel la difusión de «información falsa» sobre el Ejército ruso y los llamamientos a adoptar sanciones contra el país.

Es decir, todos los medios tienen prohibido utilizar las palabras «guerra», «invasión» o «agresión» para referirse a la actual «operación militar especial» en Ucrania.

Algunas agencias de noticias, canales y rotativos internacionales suspendieron sus servicios y otros dejaron de informar desde Moscú hasta nuevo aviso.

Mientras, las autoridades cerraron también dos de los últimos medios independientes, la emisora «Eco de Moscú» y el canal «Dozhd», y el periódico «Nóvaya Gazeta», que labró su prestigio en las dos guerras de Chechenia, dejó de cubrir la contienda.

La única fuente de información es la televisión pública y el Ministerio de Defensa, que no informa de bajas en sus filas desde el pasado 2 de marzo.

Escasez de medicinas y alimentos

Una de las primeras secuelas indirectas de la intervención rusa fueron las colas en las farmacias de Moscú y es que a los pocos días comenzaron a escasear la insulina, las medicinas para tratar enfermedades crónicas y los fármacos para bebés y embarazadas.

Aunque el Gobierno prohibió la devolución de los cargamentos de fármacos extranjeros en territorio ruso, la actual crisis demostró la excesiva dependencia de la industria farmacológica nacional de los componentes occidentales.

Según ha constatado Efe, numerosos moscovitas no dejan de llamar diariamente por teléfono a las farmacias para encargar medicinas y hacer acopio para varios meses.

Aunque las autoridades han quitado hierro a los problemas de abastecimiento, más de 80 fármacos escasean, según una encuesta efectuada por la prensa local entre profesionales de la medicina.

La corporación francesa Sanofi fue la última en suspender el suministro de medicinas no vitales a Rusia.

Además, en los supermercados hay escasez de productos básicos como «grechka» o trigo sarraceno -alimento fundamental en la dieta de los rusos-, azúcar y papel higiénico, y los precios de algunos artículos se han disparado ante el repentino aumento de la demanda.

Putin ha ordenado al Ministerio de Agricultura que coordine con las autoridades regionales las medidas necesarias para reducir las actuales tensiones en el mercado de alimentos.

Además, las autoridades han decidido simplificar los procedimientos para importar azúcar y ampliar la superficie de cultivo de aquellos productos que escaseen.

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