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martes, junio 21, 2022
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La capacidad de movilización del gobierno

El gobierno y el Movimiento Al Socialismo (MAS), lograron demostrar su capacidad de movilización concentrando a miles de campesinos, representantes de organizaciones sociales, empleados públicos y afines a esta tendencia política, y aprovecharon la concentración para, en encendidos discursos, lazar advertencias hacia a la oposición. Inclusive hubo amenazas contra dirigentes y empresarios de Santa Cruz. El presidente Luis Arce cerró los discursos afirmando que la marcha ha sido el principio de la batalla destinada a defender la democracia. Para Arce los movilizados «han venido decirle a esa derecha golpista, que nunca más golpes de estado en nuestro país», y además, parece que interpretó las arengas de los dirigentes como un pedido de justicia. «Hemos escuchado a nuestros dirigentes, sabemos que uno de los temas principales tiene que ver con la justicia. Nosotros hemos presentado toda la documentación y los alegatos y, escuchando a todos ustedes, exigimos a todos quienes administren la justicia, que de una vez por todas hagan justicia para el pueblo boliviano», afirmó.

La marcha del Movimiento Al Socialismo (MAS) denominada «por la patria» concluyó en una concentración en la que varios dirigentes de sectores sociales lanzaron amenazas y exigieron cárcel para el presidente de los cívicos de esa región, Rómulo Calvo, y para el gobernador cruceño Luis Fernando Camacho. Algunos dirigentes tuvieron expresiones muy rudas, como el representante de los interculturales al afirmar que «desde La Paz queremos decir a los golpistas que está aquí el pueblo unido… Si hay que marchar a Santa Cruz hay que hacerlo, compañeras y compañeros», manifestó. En el mismo tono, el secretario ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Carlos Huarachi, advirtió que «si siguen provocando, la marcha se traslada a Santa Cruz», y amenazó con la «nacionalización» de empresas. El representante del Comité Cívico de El Alto Gregorio Gómez señaló que el pueblo está «firme» para defender al gobierno de Luis Arce y pidió que la justicia actúe, porque Camacho y Calvo «siguen haciendo daño» al país.

La marcha fue convocada por Morales y el MAS como una respuesta al paro de nueve días que encabezaron hace dos semanas comités cívicos y varios sectores sociales, entre ellos los comerciantes, gremiales, médicos, universitarios y varios otros sectores en protesta por la controversial ley que bajo el título de luchar contra las ganancias ilícitas abarcaba medidas de riesgo para la propiedad y los bienes en general de la ciudadanía. Frente a la magnitud de la movilización, que tuvo su epicentro en Santa Cruz, el gobierno se vio obligado a abrogar esa ley. Pero hay otras leyes ya aprobadas que también implican un retroceso a las conquistas de las regiones sobre las autonomías, y otras en proceso de aprobación que forman parte de una cadena de medidas dirigidas a concentrar el poder en el Ejecutivo. El oficialismo afirmaba que el paro de la oposición era parte de un «segundo golpe de Estado». El gobierno y el MAS sostienen que el primer golpe se dio con la sucesión constitucional que siguió a la renuncia de Evo Morales al descubrirse el fraude electoral.

Naturalmente que no hubo intento subversivo con el paro sino un reclamo justo, ni hubo golpe de Estado el 2019, sino un proceso que la Constitución Política del Estado prevé cuando se produce la renuncia del Presidente del Estado, que en el caso de 2019, arrastró, además, las renuncias del Vicepresidente y los presidentes del Senado y de la Cámara de Diputados, dejando un vacío de poder que dio lugar a la asunción de la señora Añez como Presidente provisional con el mandato de convocar a nuevas elecciones. Lamentablemente su gobierno fue un desastre político, administrativo y ético, agravado por la pandemia de coronavirus, que obligó al confinamiento y paralización de gran parte del aparato productivo del país. De manera que cuando se convocó a elecciones, cualquier cosa parecía preferible a la experiencia del gobierno provisional. El resultado fue el nuevo triunfo del MAS, esta vez a la cabeza de Luis Arce Catacora, quien en esta marcha recordó que el 55 por ciento del electorado le brindó su confianza.

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