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domingo, junio 20, 2021
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La competitividad fue dislocada por la pandemia

Foro Económico Mundial 2020, en su edición especial del Informe de Competitividad Global examina el modo en que la recuperación de la crisis de COVID-19 puede crear sistemas económicos productivos, sostenibles e inclusivos. El último informe evaluó a 141 economías y mostró el perfil de cada país. Bolivia en los últimos años ocupó los puestos entre el 94 al 98 de un total de 148 economías analizadas. Pero las clasificaciones del Índice de Competitividad Global se han suspendido debido a las medidas extraordinarias de respuesta a la COVID-19 adoptadas por los gobiernos, y se repondrán en la presente gestión.

De todas maneras, el Informe 2020 efectúa una serie de recomendaciones puntuales que el gobierno nacional y las Gobernaciones y municipios harían bien en tomar en cuenta. Como primer punto el Informe del Foro Económico Mundial recomienda que los gobiernos den prioridad a la mejora de la prestación de servicios públicos, y que planifiquen la gestión de la deuda pública y amplíen la digitalización. A más largo plazo se recomiendan una fiscalización más progresiva y la actualización de los servicios públicos, así como la creación de infraestructura más verde. Promueve una transición gradual de los regímenes de suspensión temporal del empleo a una combinación de inversiones proactivas en nuevas oportunidades en el mercado laboral. A más largo plazo, sugiere a los gobiernos centrarse en mejorar los currículos educativos, reformar la legislación laboral y mejorar el uso de nuevas tecnologías para la gestión del talento.

Aunque los sistemas financieros se han vuelto considerablemente más estables desde la última crisis financiera, es necesario que sean más inclusivos, para lo cual recomienda la introducción de incentivos financieros para que las empresas emprendan inversiones sostenibles e inclusivas, actualizando, al mismo tiempo, los marcos de la competencia y antimonopolio. También hace referencia a la iniciativa empresarial que ha prosperado en la última década en relación al medioambiente, con la creación de nuevas empresas y tecnologías vanguardistas, pero recomienda que los países amplíen la inversión pública y promuevan al sector privado. A más largo plazo, los países deberían apoyar la creación de los «mercados del mañana» y motivar a las empresas para que adopten la diversidad con el fin de aumentar la creatividad y la adecuación al mercado.

Considera clave la infraestructura digital y recomienda una transición hacia una economía más verde y más inclusiva que debe sustentarse en importantes inversiones en infraestructura, incluyendo la expansión de las redes digitales. En la actualidad, los países más preparados para ello son Dinamarca, Estonia, Finlandia y los Países Bajos, señala el informe. Enfatiza en la «ecologización» de la economía que exigirá la mejora de la infraestructura energética, redes de transporte y compromisos tanto del sector público como del sector privado en relación con la ampliación y el respeto de los acuerdos multilaterales relativos a la protección medioambiental.

También recomienda la incentivación y la ampliación de las inversiones en investigación, innovación e invención, dirigidos a crear los nuevos «mercados del mañana» e impulsar el crecimiento. Lamentablemente en Bolivia no se ha dado importancia a la productividad y la política estatal de los últimos 15 años no ha logrado comprender que la economía va de la de la mano con una serie de otros factores que en conjunto hacen que un país sea exitoso o se hunda en sus trabas, limitaciones y círculos viciosos.

El Informe Global de Competitividad, señala que, a pesar del robusto crecimiento económico de años anteriores, América Latina sigue contando con bajas tasas de productividad, salvo algunas excepciones. Chile que globalmente ocupa el puesto 34, sigue a la cabeza de la clasificación en Latinoamérica, aventajando a Panamá, Costa Rica, Brasil y México que son los mejor calificados en las mediciones de los últimos cinco años.

En general, la región sigue afectada por un funcionamiento débil de las instituciones, infraestructura deficiente e ineficiencia en la asignación de factores de producción, como resultado de un nivel insuficiente de competencia y -aspecto muy importante- una brecha en materia de formación y capacitación, tecnología e innovación que impide a muchas compañías y naciones avanzar hacia actividades de mayor valor añadido. La importancia de la competitividad, muchas veces no es comprendida en su real importancia por los gobiernos cautivos de dogmatismo ideológico. La competitividad es la base del éxito mediante el trabajo de excelencia ya sea en una empresa o en un país. Un país que logra competitividad tiene como inmediata reacción un importante flujo de inversiones.

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