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jueves, septiembre 29, 2022
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La contaminación causa más muertes que la pandemia

¿Qué hace Bolivia para evitar la contaminación ambiental? En realidad no se conocen acciones concretas dirigidas a evitar las operaciones atentatorias al medio ambiente, a la salud y menos a la protección de la naturaleza. Contrariamente, son innumerables las actividades que ocasionan daños irreversibles a la «madre tierra» que solamente se la defiende en discursos, foros internacionales y hasta con leyes que se incumplen sistemáticamente. Los compromisos asumidos en el acuerdo de París están siendo ignorados. Lo peor de todo es que nuestro país no es el único que está en la línea depredadora. El último informe, que será entregado al Consejo de Derechos Humanos, demanda a todos los Estados «detoxificar» urgentemente las «zonas de sacrificio» y eliminar las injusticias ambientales. David R. Boyd, Relator especial de la ONU sobre medioambiente, asegura que la intoxicación de la Tierra se intensifica, sin que ello sea motivo de atención por parte de la opinión pública. «Nos estamos envenenando y estamos envenenando el planeta», afirma.

«Mientras la emergencia climática, la crisis mundial de la biodiversidad y el covid-19 acaparan los titulares, la devastación que la contaminación y las sustancias peligrosas causan en la salud, los derechos humanos y la integridad de los ecosistemas sigue sin suscitar apenas atención. Sin embargo, la contaminación y las sustancias tóxicas causan al menos nueve millones de muertes prematuras, el doble del número de muertes causadas por la pandemia en sus primeros 18 meses», afirma el informe ambiental. De hecho, una de cada seis muertes en el mundo está relacionada con enfermedades causadas por la contaminación, una cifra que triplica la suma de las muertes por sida, malaria y tuberculosis y multiplica por 15 las muertes ocasionadas por las guerras, los asesinatos y otras formas de violencia. La contaminación atmosférica es el mayor contribuyente ambiental a las muertes prematuras, al causar unos siete millones de decesos cada año.

La exposición a sustancias tóxicas aumenta el riesgo de muerte prematura, intoxicación aguda, cáncer, enfermedades cardíacas, accidentes cerebro-vasculares, enfermedades respiratorias, efectos adversos en los sistemas inmunológico, endocrino y reproductivo, anomalías congénitas y secuelas en el desarrollo neurológico de por vida. Una cuarta parte de la carga mundial de morbilidad se atribuye a factores de riesgo ambientales evitables, la inmensa mayoría de los cuales implica la exposición a la contaminación y a las sustancias tóxicas. El informe señala que, aunque hay algunas sustancias que se han prohibido o cuyo uso se está eliminando, la producción, el uso y el desechado de productos químicos peligrosos, en general, sigue aumentando rápidamente. Cada año se emiten o vierten cientos de millones de toneladas de sustancias tóxicas al aire, el agua y el suelo. La producción de sustancias químicas se duplicó, y se espera que se duplique de nuevo para 2030 y se triplique para 2050, produciéndose la mayor parte del crecimiento en los países no miembros de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

En Bolivia la minería solamente tiene algún control en el caso de las empresas, pero las cooperativas y la producción artesanal no tienen ningún control. La contaminación de aguas por los desechos de minerales es permanente en un país que tiene como una de las actividades tradicionales a la extracción minera. La creciente producción aurífera carece de controles ambientales, mientras poco se hace para controlar la quema de bosques que cada año avanza hacia los territorios y zonas de las reservas naturales, que se supone son áreas protegidas.

El informe ambiental contiene datos preocupantes sobre el uso y producción de sustancias peligrosas, como los perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas, los alteradores endocrinos, los microplásticos, los plaguicidas neonicotinoides, los hidrocarburos aromáticos policíclicos, los residuos farmacéuticos y las nanopartículas. Explica que los perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas son un grupo de miles de sustancias químicas de extendido uso en aplicaciones industriales y de consumo, como las espumas para sofocar incendios y los revestimientos hidrófugos y lipófobos para textiles, papel y utensilios de cocina. En algunos países, hasta el 95 % de los desechos electrónicos son procesados de manera informal por personal no calificado que carece del equipo adecuado, quedando expuesto a importantes niveles de metales pesados, bifenilos policlorados, pirorretardantes bromados, hidrocarburos aromáticos policíclicos y dioxinas. Muchos de estos productos se los conoce como «sustancias químicas eternas» (forever chemicals) debido a su persistencia en el medio ambiente. Además, son tóxicas y bioacumulativas, pues van acumulándose en los tejidos de los organismos vivos y aumentando su concentración según ascienden en la cadena alimentaria. Otro hecho preocupante revelado en el informe es la existencia de «zonas de sacrificio», cuyas comunidades están expuestas a niveles extremos de contaminación y sustancias tóxicas. «Algunas comunidades son objeto de injusticias ambientales consistentes en un grado de exposición tan extremo a la contaminación y a las sustancias tóxicas en sus lugares de residencia que estos se han denominado zonas de sacrificio».

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