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lunes, octubre 25, 2021
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La República de Bolivia Independiente, libre y soberana cumple 195 Aniversario

Pese a su infortunio, la pandemia politiquera y la pandemia mundial del coronavirus, se mantiene encolumne, rechaza ideologías fundamentalistas y anhela que nuevos líderes de compatriotas, ajenos al partidismo o caudillaje, logren un mejor destino para la presente y nuevas generaciones que tienen el derecho de Administrar la cosa pública, el Estado e Instituciones, con transparencia, honestidad, patriotismo, respetando principios fundamentales universales y valores humanos.

Bolivia prevalecerá por la voluntad de sus hijos, que a pesar del yugo que plantearon los políticos de turno e intentan arrastrarnos a una guerra civil, sabrá vencer las adversidades y sobreponernos a los embates de todas las fatalidades y contingencias, por más duras que sean.

Acosada por una andanada de aflicciones, embrollos y dificultades, la bendita República de Bolivia cumple este 6 de agosto 195 años de vida independiente, confrontando la peor epidemia que se recuerde, que ya ha enlutado a miles de familias y colapso los hospitales.

A ello se suma el antagonismo político que frustra toda posibilidad de acuerdo y vías de solución a problemas graves que amenazan con hundir económicamente al país, con una paralización obligada por el coronavirus, y un bloqueo que nace en la Asamblea Legislativa.

Las desviaciones y politiquería ponen en riesgo las esperanzas, y el horizonte se presenta sombrío, con vaticinios que ponen en evidencia los riesgos que asechan al país, lamentablemente, las pocas salidas que existen se ven ocluidas por las actitudes irracionales, por los enconos y una tendencia destructiva que no mide consecuencias. Desgraciadamente han confluido varios factores adversos que han confundido al país en su conjunto, en sus aspiraciones, objetivos y medios para alcanzar un camino de armonía, encontrándose, contrariamente, con la polarización de posiciones.

Las proyecciones fatídicas de que pronto superaremos los 100 mil casos de contagio, la amenaza de la paralización económico-financiera y el fantasma del desempleo, han frenado las prevenciones y resentimientos. Lejos de una comprensión, la catástrofe sanitaria está siendo agravada por aprestos y amenazas para convulsionar al país sin importar el destino de más de 11 millones de ciudadanos.

El reloj de la ONU que mide la población del planeta, señala que en este seis de agosto, Día de la Patria, Bolivia tiene 11 millones 607 mil 600 habitantes, de los que 5 millones 762 mil (49,9%) son hombres y 5 millones 817 mil (50,1%) son mujeres. Este año, se producirán en total 166 mil 477 nacimientos según la proyección efectuada por el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas.

Uno de los asuntos que se presenta como columna vertebral para valorar la situación del país, es sin duda el bienestar de la población.

La fotografía en este 6 de agosto de 2020, nos ubica en el fondo en cuanto a la calidad de vida de los bolivianos, en comparación con los países vecinos. Probablemente la alimentación esté por debajo del mínimo recomendado por la OMS.

Existe una enorme brecha que nos separa de otros países debido a la mala calidad de la educación -hoy clausurada- un sistema de salud que no se abastece para atender a los enfermos -hoy con todos los hospitales colapsados- deficientes servicios, insuficientes rutas camineras y un evidente desfase de integración interna, entre otros males.

Por todo ello es necesario reflexionar, sobre lo que se ha logrado hasta el momento y cómo aportamos a la Patria, especialmente sobre la forma como nos preparamos, educamos, actuamos, trabajamos, y hasta qué punto cumplimos nuestras obligaciones y deberes.

El Gran Mariscal Antonio José de Sucre, uno de los libertadores continentales, y fundador de nuestro país, en su mensaje al Congreso de la Nación en 1826, decía, «Persuadido que un pueblo no puede ser libre, si la sociedad que lo compone no conoce sus deberes y sus derechos, he consagrado un cuidado especial a la educación pública…», y antes de irse de Bolivia, pedía un premio más a la nación: «no destruir su obra».

Los bolivianos debemos reflexionar sobre el significado de la Patria y los deberes y obligaciones que tenemos, en lugar de esperar dádivas de los gobernantes de turno o de las instructivas de destrucción provenientes del extranjero, por quienes dicen ser bolivianos, que se decían revolucionarios y fueron los primeros en abandonar el barco que casi lo hundieron.

Al festejar el día de la Independencia y Libertad de nuestra patria, la República soberana de Bolivia, con su tricolor Rojo, Amarillo y Verde, debemos sentirnos acongojados por los problemas y vicisitudes, alertas por las amenazas de los enemigos que acechan desde afuera y que, agazapados, también se esconden adentro, pero firmes y decididos a vencerlos, esperanzados en que podemos encontrar el camino de una unión fortalecida por objetivos y anhelos comunes, con jóvenes que logren un destino mejor para la Patria y que jamás podrán se acallados.

En este momento, la Patria necesita más que nunca de la lealtad, la conciencia ciudadana y del concurso de todos sus hijos para salir de una de las coyunturas más complicadas, marcada especialmente por los intentos de grupos ideológicos de violencia de destruir las bases de los principios y valores democráticos.

Hoy más que nunca el país requiere de nuevos líderes que piensen en el país y no en los intereses personales o de su partido.

Bolivia prevalecerá por la voluntad de sus hijos, que tienen que saber vencer las adversidades y sobreponerse a los embates de todas las fatalidades y contingencias, por más duras que sean.

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