Lamentable balance económico

La economía nacional pasa por un período crítico, agravado por la crisis política y social que ha paralizado el aparato productivo, además de haber destruido un valioso patrimonio en carreteras, puentes, pasarelas, un gasoducto, flotas de transporte público y privado, sin contar el presunto saqueo de fondos públicos. La situación es complicada porque además existe una desaceleración económica global que afecta a nuestro país y que comenzó con la guerra comercial entre Estados Unidos y China que, se profundizó con el abandono de Gran Bretaña de seno de la Unión Europea.

El panorama es incierto porque la administración interina hereda una serie de obligaciones y los compromisos políticos para proyectos que carecen de factibilidad. Los ingresos del país han caído por efecto de políticas carentes de planificación y ausencia de estudios que demuestren proyectos sostenibles. Durante casi 14 años se dedicaron a explotar y consumir los recursos naturales aprovechando los altos precios de las materias primas, pero sin industrializar al país ni diversificar su capacidad productora.

El gas descubierto en el siglo pasado ha sido el que ha sostenido la economía y en todo este tiempo no se ha logrado descubrir nuevos campos petroleros. Solamente se han perforado pozos en los campos tradicionales acelerando el agotamiento de los yacimientos.

El gobierno del MAS ha dejado una deuda externa que sobrepasa los diez mil millones de dólares, -sin contar la deuda interna-, pese a haber administrado los ingresos también más altos de la historia económica nacional, que permitieron, pese al despilfarro y los gastos inútiles, acumular un caudal de Reservas Internacionales Netas (RIN) de más de 15 mil millones de dólares hasta el año 2014.

Desgraciadamente el gasto descontrolado, innecesario, improductivo, carente de estudios que recomienden su ejecución y la peor ejecución pública, han dejado a las RIN con menos de siete mil millones de dólares hasta el primer semestre del presente año, momento en el que se dejó de informar del flujo de divisas en el Banco Central de Bolivia.

El gobierno transición, seguramente está efectuando un balance para establecer la situación real de la economía del país que durante los últimos años vivió con indicadores económico-financieros dudosos y un manejo discrecional de las estadísticas. De todas maneras, hasta donde los economistas independientes pudieron llegar a investigar, el país ha acumulado déficit fiscal y déficit comercial durante los últimos siete años.

El valor de las exportaciones -que fue un rubro alentador tanto por los precios de los hidrocarburos como por el aumento de las inversiones agroindustriales privadas-, ha sufrido una caída vertical porque el país dejó de exportar gas en los volúmenes comprometidos a Brasil y Argentina debido al agotamiento de las reservas. Esta situación ocasionó una fuerte disminución en los ingresos por exportaciones, a lo que se sumó también una baja en los precios de los minerales.

Para colmo de males, las importaciones del país se han incrementado ocasionando sensible fuga de divisas, y en este momento se está importando gasolina, diésel y alimentos, inclusive productos de primera necesidad que el país producía antes. El balance económico de estos 14 años es desastroso, pese a que fue en período benéfico por los altos precios de las materias primas, situación que permitió al país recaudar por impuestos y exportaciones de minerales y gas natural, una suma mayor a los 70 mil millones de dólares, que no se sabe en que se gastó. Algún día los responsables tendrán que rendir cuentas ante el país.