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viernes, julio 30, 2021
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Lealtad y fidelidad de las FF.AA. a Bolivia

Las Fuerzas Armadas recordaron un nuevo aniversario de su creación de manera sobria, muy diferente a lo que ocurría en el pasado, cuando cada 7 de agosto usaban sus mejores galas y efectuaban paradas militares en las que los ciudadanos podían apreciar la gallardía y disciplina de los soldados de la Patria. Pero esta vez recibieron felicitaciones y aplausos porque en lugar de desfilar, se entregaron íntegramente a servir a la ciudadanía en las labores de mitigación de los riesgos de la pandemia del coronavirus, y en la protección al pueblo y los bienes públicos y privados, frente a los desmanes que protagonizan grupos belicosos que apelan a la violencia y el delito.

Los homenajes a la institución armada se redujeron a los cuarteles cuidando los protocolos de bioseguridad, mientras la mayoría de los efectivos patrullan el campo y las ciudades en un estado de alerta permanente, que garantiza la seguridad ciudadana.

Pese a ello, algunos grupos indolentes bloquean carreteras y lugares estratégicos, destruyen el patrimonio del Estado y atentan contra la vida de la gente al impedir el transporte de alimentos, medicamentos, oxígeno, equipo médico y vituallas en plena pandemia del coronavirus, hecho que ha sido tipificado como tentativa de «genocidio».

Recordar la creación del Ejército Nacional permite reflexionar sobre el profundo significado que esta institución tiene desde el nacimiento de la República, como garantía de la soberanía, pero fundamentalmente como testimonio de protagonismo de la historia. Las Fuerzas Armadas tienen por misión fundamental defender y conservar la independencia, seguridad y estabilidad del Estado, su honor y la soberanía del país; asegurar el imperio de la Constitución, garantizar la estabilidad del gobierno legalmente constituido, y participar en el desarrollo integral del país.

Su nacimiento, como Ejército de Bolivia, se forjó históricamente en los campos de batalla durante la Guerra de la Independencia; se consolidó con la batalla de Aroma de 1810, e institucionalmente se creó junto a la Declaración de la Independencia de Bolivia, el 6 de agosto de 1825.

Un año después, Simón Bolívar entregó la primera Constitución, que fue aprobada por el Congreso en Chuquisaca, en la que se da estructura al Ejército. Mediante decreto de 13 de diciembre de 1825 se crea la Escuela Militar, con la misión de formar cuadros para los cuerpos de caballería, infantería, artillería y de ingenieros.

Desde ese momento, el Ejército sufrió una serie de transformaciones hasta convertirse en las Fuerzas Armadas de la Nación, con el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada. Su principal avance radica en el respeto al ordenamiento legal, su sometimiento al poder civil y haberse constituido en la institución garante del proceso de construcción de la democracia, después de una serie de aventuras en los siglos pasados en los que los militares tuvieron un protagonismo político que los alejó de su misión esencial, especialmente por la intromisión partidista.

Precisamente, un denominador común de los golpes de Estado que asolaron América Latina en el siglo anterior, ha sido la injerencia política en las Fuerzas Armadas. Partidos políticos que tocaron las puertas de los cuarteles, militancia en los altos mandos e intromisión extranjera, fueron los factores de distorsión de su misión. La guerra fría incorporó su componente ideológico, y de acuerdo a las tendencias y los liderazgos, se han producido golpes de Estado de derecha o de izquierda, en Sudamérica, aparición de grupos guerrilleros y facciones violentas.

La recuperación de la democracia costó lágrimas, sufrimiento y sangre de cientos de compatriotas, pero finalmente se logró la consolidación de las libertades, son 40 años en que los militares se constituyen en guardianes de la constitucionalidad, respetuosos del poder civil.

Desgraciadamente otros hechos se han incorporado a la distorsión de nuestra historia nacional: El crimen organizado y el narcotráfico que intentaron pervertir instituciones y pretender estados controlados por grupos políticos de ultra ideología y la politización de los militares. Felizmente los politiqueros fracasaron en su intento y hoy podemos decir que las FF.AA. son una garantía del respeto a la institucionalidad, ya que pese a los avatares en los que algunos civiles dislocaron la normalidad en muchos momentos desde la recuperación de la democracia, los soldados del Patria no cayeron en tentaciones.

En momentos tan difíciles como los desbordes producidos el año pasado, como consecuencia del fraude electoral, los militares supieron actuar al lado de Ley, la Constitución, junto a la ciudadanía.

Hoy nuevamente salen a proteger a la población, apoyar a los médicos y preservar la tranquilidad trastocada por el coronavirus. La población, en estos momentos, se siente agradecida hacia los soldados de la Patria, porque sabe que puede contar con ellos. El Comandante en Jefe de las FF.AA. Gral. Sergio Orellana en el acto oficial, exhortó a los conductores políticos, sindicales, de organizaciones cívicas, campesinas y a toda la población boliviana, para que surja en toda la población un evidente sentimiento patriótico. Pidió «dejar los enfrentamientos y esforzarse en preservar la vida de los bolivianos». Lo cual es ponderable.

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