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sábado, abril 10, 2021
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Llamado final a la sensatez

Dr. DAEN. Ronald Torres Armas

Nadie debe pretender ser Presidente por desistimiento ajeno, sino por mérito propio. Mesa debe considerar que el azar le ofrece dos caminos: uno tortuoso, sin unidad, se expone a un fiasco de oportunidad ya que junto a Camacho dependen de las estadísticas para salvar al país del colapso institucional al que nos dirigimos. Y el otro camino, es lograr una «entente cordiale» con Camacho concediéndole la posibilidad de gestionar desde un ejecutivo fuerte las aspiraciones cruceñas.

Si Camacho no tiene centros de poder, excepto Santa Cruz, ¿no está creando tensiones regionales, étnicas, sociales y religiosas, que agudizaran la crisis del que es parte? No es la ocasión para demostrar la emergencia del poder regional porque no hay aún posibilidad de concentrar un gobierno que reivindique las aspiraciones regionales.

Enclaustrado en un techo electoral y faltando unos días, Camacho no puede ya confiar en un vuelco del voto a su favor. El fracaso de un acuerdo, le conduciría a una paradoja: al no aceptar apoyar a la mejor opción, prolongaría el despotismo de quien dice combatir, poniendo al adversario en bandeja una victoria por desistimiento.

Lo que queda por hacer es que las dos fuerzas negocien en lo inmediato un programa común. Una negociación no tiene éxito si cada parte no siente que gana algo. Un Pacto de Gobierno les permite la probabilidad de tocar poder; de pasar de ser «proyectos regionales» para convertirse en una realidad política creíble y ejecutable. Cómo dos partidos ubicados en el mismo espectro ideológico se presupone su sintonía y capacidad de entenderse. Requieren solo de dos elementos fundamentales: la voluntad de querer y el respeto al otro. El aspecto decisivo no es conciliar razones, sino intereses.

Camacho debe repensar sobre su candidatura lo que le posicionará como un líder con sentido de Estado. Sería una salida propia de gentes que profesan patriotismo. Es ahora cuando debe presentarse al país su decisión para que tenga impacto mediático y electoral inmediato.

En política sólo hay un pecado: resignarse a perder cuando se puede ganar. El fracaso sería estafador para las nuevas generaciones, porque pudo ser.

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