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martes, octubre 4, 2022
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Los gobiernos bolivianos no asimilan los golpes chilenos

Chile, en varias oportunidades ha dado portazos a los reclamos y negociaciones de Bolivia sobre el tema marítimo, pese a lo cual diferentes gobiernos han intentado dialogar, recibiendo líneas de esperanza primero, pero cuando se trataba de algo concreto, desde la Moneda se respondía como siempre, cerrando cualquier posibilidad. Ahora se repite la misma historia frente a los anuncios del presidente Luis Arce, quien declaró a la televisora estatal que se reunió con el nuevo presidente chileno y que le planteó varios asuntos, como el tema mar y el «uso de las aguas internacionales», y que lo encontró «muy receptivo, muy amplio y con mucha predisposición a que esto de nuestras relaciones con Chile puedan dar un giro importante para que lleguen a buen punto».

Pero la posición del flamante mandatario chileno fue categórica al afirmar que la soberanía no se negocia, y que lo que ofreció al presidente Arce fue reanudar las relaciones bilaterales. El nuevo presidente chileno Gabriel Boric, en declaraciones a la prensa internacional -que le consulto sobre la versión del mandatario boliviano de que se negociaría el tema marítimo- afirmó en forma contundente que «Chile, por supuesto, no negocia su soberanía, como me imagino no hace ningún país. En eso no hay mayor novedad. Yo entiendo que el presidente Arce tenga que decir ciertas cosas, pero lo que yo he invitado al presidente Arce, y yo creo que hay una buena disposición por parte de ambos, es a -como dice el refrán popular- no poner la carreta delante de los bueyes», Boric, en su contacto con los corresponsales, agregó que Bolivia y Chile tienen «muchos elementos de integración», que puede trabajarse antes de tocar al tema mar, el cual divide a ambos Estados. «Tenemos muchos elementos de integración, que los podemos trabajar antes de llegar a este punto que nos separa y nos divide. Entonces, yo por lo menos voy a insistir en eso», señaló el mandatario chileno.

Luego, Boric insistió en que le «encantaría» avanzar hacia el establecimiento de relaciones diplomáticas. Recordemos que las relaciones están interrumpidas después del llamado «abrazo de Charaña» entre los presidentes de facto Hugo Banzer Suarez y Augusto Pinochet, que acordaron inicialmente que Chile concedería una franja al norte de Arica, en la playa de «Las Machas», para un acceso directo al mar para nuestro país, pero cuando se intentó hacer realidad el ofrecimiento, Chile decidió pedir un canje territorial, poniendo su mirada sobre el salar de Uyuni y más. La negociación fue interrumpida y el gobierno militar decidió romper relaciones. Anteriormente, también Chile hizo otras ofertas de entregar a Bolivia una salida al mar que siempre terminaron en nada.

Recordemos también que hubo varios compromisos chilenos, negociaciones frustradas, e intentos de diálogo sin exclusiones que siempre terminaron en una reticencia chilena. Inclusive una coyuntura especial que se dio en 2015 con la alusión del Papa Francisco al problema marítimo, sugiriendo diálogo, motivó la reacción de los gobernantes chilenos, señalando que están dispuestos a restablecer relaciones. Pero frente a las declaraciones del canciller boliviano, señalando que Bolivia está dispuesta siempre que se cumplan los compromisos, las autoridades chilenas volvieron al argumento de un «diálogo sin condiciones».

Chile no cambiará nunca. Todas las esperanzas, buena fe o deseos de buena vecindad que intentaron varios gobiernos, se estrellaron contra una realidad confirmada: Chile no cede en su posición de mantener los territorios usurpados ni se avendrá a negociar una salida al mar, que no sea, mediante el logro de mayores beneficios. Las manifestaciones de voluntad amistosa expresadas por Bolivia; las iniciativas para que se realicen negociaciones que permitan una solución al problema marítimo y otros temas pendientes; los pedidos de nuestro país para que organismos internacionales medien en la solución, han recibido una respuesta acorde con la tradicional posición chilena. Pedir restablecimiento de relaciones diplomáticas no es una posición novedosa del actual gobierno chileno, es una repetición a modo de libreto por todos los regímenes en ese país. Recordemos que el exministro de Relaciones Exteriores chileno, Alejandro Foxley, afirmaba categóricamente que «nosotros no vamos, obviamente, a cambiar en un ápice lo que es la política exterior chilena».

Pero, naturalmente, siguiendo la política de sus antecesores, el actual presidente Boric matiza la posición chilena señalando que desea, el restablecimiento de relaciones diplomáticas. Otros mandatarios y cancilleres decían que buscan tener con Bolivia relaciones lo más constructivas posible, de manera que «se vayan resolviendo los problemas uno tras otro, de menos a más, empezando por las cosas más concretas».

Lamentablemente, cuando se accede a dialogar, se fijan agendas de trabajo, como la última de 13 temas, Chile se limita a escuchar los planteamientos bolivianos, se compromete a analizarlos, se da todo el tiempo que pueden, y cuando se les pide una definición, patean el tablero y se encierran dando un portazo. Es lamentable reconocer que los gobernantes bolivianos parece que no aprenden de la historia ni de la realidad, y se prestan a las maniobras chilenas que siempre terminan en lo mismo. Desde luego que existen muchos factores que deberían servir de aliciente para una integración entre los dos países, pero también hay problemas de fondo irresueltos que para los bolivianos tienen prioridad.

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