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viernes, julio 30, 2021
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Pactopolis para evitar que nadie tenga dos tercios en la ALP

Dr. DAEN. Ronald Torres Armas

Encuestadores parcializadas por las suculentas sumas de dinero entregadas durante el gobierno del MAS, señalan «que por los perjuicios causados a los empleados informales y pobres del país con las medidas de confinamiento (cuarentena) y quiebra de empresas», el MAS estaría cerca del 33% y Mesa del 30% de la preferencia electoral y esa diferencia si avanza, le daría el triunfo electoral -si en las ciudades de La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, en la primera vuelta, votan por el candidato de dicha tienda política. La única opción para lograr un primer lugar que permita obtener las mayorías parlamentarias en la primera vuelta es el Pacto político de la oposición al MAS. No tiene sentido apuntar a obtener la segunda posición en la primera vuelta electoral sabiendo que se está cediendo las mayorías parlamentarias al movimiento al socialismo y sin las cuales será imposible la gobernabilidad y la estabilidad de un Gobierno.

Por el bien y grandeza de Bolivia nunca más dos tercios para ningún candidato, es la premisa de las juventudes de esta patria que están angustiados por las indecisiones de la actual gobernante de transición que permite la subversión del parlamento cuando ya estaba agonizando, además que no tiene legitimidad por haber concluido el 22 de enero de 2020 su mandato.

Pactar no es claudicar. Se trata de evitar más degradación institucional del Estado, de ser trascendentes, determinantes, de privilegiar «el fin superior» de conservar la democracia restaurada y la alternancia en el poder, como mandato superior de la sociedad.

Dado que el poder es el único objetivo del Pacto, en política rige la permuta; no se puede ser presidente por desistimiento ajeno; no hay Pactos gratuitos; es un error sobrevalorar apoyos electorales para negociar. El camino está en concentrar el voto en quien, según las encuestas, podría ser el «kingmaker» o partido conductor del futuro gobierno. El resto, que tienen la esperanza de obtener significativa pero insuficiente votación, deben avenirse a facilitar la obtención de mayoría simple y/o absoluta en aras de la necesaria estabilidad y gobernabilidad futura que necesitara el país, pero no a cambio de nada. Una negociación política debe obedecer a la premisa de que todas las partes deben sentir que salen ganando. Lo más racional es que impere la proporcionalidad y que se negocie porciones de poder institucional en función al porcentaje de votos previsibles que aportaran.

Un Pacto mitiga las debilidades comunes; aumenta la representación en el Parlamento; se mantiene el registro como partido político; se optimiza la utilización de los recursos económicos y humanos en la campaña y se abre una proyección exitosa en las elecciones regionales y locales.

La ciudadanía les reclama «sentido de Estado» por lo que están condenados a entenderse. Al ser ideológicamente compatibles y cercanos están en sintonía, no hay pretextos. Rechazar una «entente cordiale» significaría una decepción y una regresión de lo obtenido. Al insistir en los personalismos posibilitarán la supervivencia del despotismo por lo que serán estigmatizados como traidores de las expectativas democráticas.

Quien especula o adivina el voto, pierde. Nadie ha ganado nada aun y ganar no significa gobernar. Un escaño puede ser la frontera entre la restauración democrática y la involución.

Con mayor sensatez y responsabilidad, otra Bolivia es posible.

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