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jueves, abril 15, 2021
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¿Plan A y Plan B del MAS?

Dr. DAEN. Ronald Torres Armas

Morales expresó que su «destronamiento» se debió a que «carecía de un plan B».

Hoy, su estrategia al parecer contempla un plan A y un plan B.

El plan A: intentar ganar las elecciones por la vía democrática y si fueran frustrados por la unión de la oposición al MAS, acusar de fraude y pasarían al plan B: un golpe de Estado contra el gobierno surgido del voto ciudadano, confabulando, hostigando y asfixiando la gobernabilidad y estabilidad del nuevo gobierno y si este se consolida, recurrir a acciones antidemocráticas.

¿Está el Estado capacitado para evitar el ius resistendi del MAS?

Lo que pretende el expresidente es crear el ambiente psicológico del miedo para, potencialmente, resistirse al resultado negativo. El «delirium tremens» electoral que plantea el exgobernante y su partido es de obediencia con las decisiones de «Puebla», consiste en instaurar de facto el gobierno del autodenominado «progresismo».

La postura consistiría en que todo lo situado a la derecha del MAS es «ultraderecha», inadmisible como alternativa de gobierno en el siglo XXI, donde la sociedad -según su esbozo desubicado- debe abrazar al unísono el consenso progresista. Incluso, dentro de esta estrategia contemplan «su venganza contra los mandos militares y policiales» porque consideran que era su deber defender al «Gobierno» y no al Estado.

El jefe de campaña del MAS, en lugar de amenazar, presionar psicológicamente, debe comprender y entender que el pueblo lo derrotó en noviembre del año 2019, haría bien en efectuar una profunda autocritica para determinar las causas de su caída, reconocer errores y delitos, admitir que ya no son mayoría hegemónica y que la ciudadanía repudia la corrupción que «quemó» las siglas del partido y que les hizo perder millones de votos. Requieren un debate sobre el cómo pretender refundar la izquierda, que dicen profesar, para ser exitosa en el futuro, incluyendo la conveniencia de renunciar a Morales porque, inevitablemente, está asociado a los delitos que se investigan por autoridades judiciales, que llevaron al MAS a perder la bandera del «proceso de cambio».

Mientras el jefe de campaña y los militantes del MAS, como partido antipolítico y antisistema, no comprendan que la democracia es el mejor sistema de organización política, si no respetan las normas y reglas del juego, el país no les concederá otra oportunidad de gestionar la función pública.

Es ilusorio creer que un gobierno antisistema que saboteó las instituciones, vulneró la CPEP y los códigos, que posibilitan la convivencia democrática, podría competir precisamente para mejorar la democracia.

El dogmatismo ideológico del jefe del MAS ya no podrá degradar el papel del «demos», tiene que admitir que la soberanía reside en el pueblo y es el pueblo soberano el que decide en las urnas.

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