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viernes, septiembre 30, 2022
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Preocupantes indicadores económicos

La economía de un país se refleja en la estabilidad y tranquilidad política, en la certidumbre sobre el futuro, responsabilidad en el manejo de los recursos del Estado y capacidad de producción y exportación como espacios generales. Bolivia se aplaza casi en todos estos rubros, y aunque hay estabilidad, para los analistas esta condición obedece a la falta de información, a la poca transparencia, y la insistente propaganda sobre un posible crecimiento por encima de las proyecciones de los organismos internacionales. Los hechos objetivos ciernen sobre el futuro muchas interrogantes y preocupaciones. Son varias las señales negativas que surgen de los principales indicadores económicos, agravados por la crisis internacional generada primero por la pandemia y ahora por la guerra entre Rusia y Ucrania.

La abultada deuda externa, el crecimiento descontrolado de la deuda interna, la caída en la producción gas natural, el alza de precios de petróleo y de los productos fundamentales de la canasta familiar, son factores que apuntan a la necesidad de urgentes medidas de previsión que, por el momento, no aparecen en la política económica nacional. Por ejemplo, se ha anunciado el incremento en la importación de combustibles, especialmente gasolina y diésel, lo que significa que se pagará a precios internacionales, y se comercializará en el país manteniendo los precios subvencionados. YPFB anunció que trabaja en un plan de reducción de importaciones, mediante la compra de crudo y la instalación de una planta de biodiesel. Pero el precio del petróleo ya superó los 110 dólares por barril. En la pasada gestión, Bolivia registró una importación récord de combustibles que llegó a $us 2.211 millones. Una cifra que alcanzó a los mismos niveles del valor de las exportaciones de hidrocarburos, $us 2.253 millones. ¿Cuánto podrá soportar el Tesoro del Estado mantener las subvenciones?

Diferentes analistas coinciden en considerar que la deuda interna en general aumenta de manera peligrosa. Según el Banco Central el saldo de la deuda del TGN con el ente emisor a diciembre de 2020 era de 34.432 millones de bolivianos y en 2021 subió a 47.803 millones. Este incremento surge del hecho que el Tesoro solicitó créditos de liquidez para el Programa Fiscal Financiero, para atender obligaciones contraídas en 2020 por el gobierno anterior. Aparte, por la Ley 1356 del PGE, se autorizó al BCB, con carácter excepcional y por única vez, realizar una trasferencia interinstitucional no reembolsable al TGN por un monto de 350 millones de bolivianos. Para honrar tanto la deuda externa como los compromisos internos se requiere liquidez y los suficientes ingresos que provienen de tres fuentes: impuestos, exportaciones y créditos. En el pasado los principales ingresos provenían de las exportaciones de gas natural, pero con la caída de la producción, hoy esos ingresos se pierden solamente en sostener las subvenciones a los carburantes.

Son muchos más los indicadores que hacer temer momentos muy complicados, de manera que el gobierno debería dejar su soberbia y atender las recomendaciones y preocupaciones de los organismos internacionales, que consideran que la economía global sufre la onda expansiva de la invasión rusa a Ucrania, que hace subir los precios de los alimentos y la energía en América Latina y el Caribe, lo cual genera riesgo de una mayor inflación. El Fondo Monetario Internacional (FMI). Advirtió, inclusive, que los aumentos más pronunciados «pueden generar un mayor riesgo de disturbios en algunas regiones». El FMI hizo notar que ya se registran procesos inflacionarios en algunos países con un promedio una tasa anual del 8%, en cinco de las principales economías: Brasil, México, Chile, Colombia y Perú. Argentina, registra una inflación anualizada de más de 52%.

En este momento Bolivia tiene controlada la situación, pero no olvidemos que las demandas de la COB de un amento general de salarios, el pedido de los maestros que ya están movilizados en demanda de aumento del presupuesto y de los sueldos del magisterio, la escasez de harina y el alza del precio del petróleo van a sacudir al país y los más afectados, como siempre, son los sectores más humildes, aunque el daño es para toda la economía nacional. El FMI ha asegurado que el aumento de los precios del petróleo perjudica a los importadores, mientras que los exportadores de crudo, cobre, mineral de hierro, maíz, trigo y metales pueden cobrar más y mitigar así el impacto. Pero Bolivia ha disminuido su producción de gas natural y con las exportaciones de minerales y soya será insuficiente para equilibrar la balanza comercial. La situación es complicada y merece el más cuidadoso análisis para adoptar medidas que logren mitigar lo que se viene.

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