¿Qué pasará después del coronavirus?

Guido Pizarroso Durán

¿Dejará la actual administración algún plan para después de la pandemia? Las perspectivas políticas, sociales y económicas de Bolivia son poco alentadoras frente al impacto del coronavirus, que está minando la institucionalidad y las bases estructurales, mientras poco se hace para adoptar medidas de previsión y acciones efectivas destinadas a solucionar la crisis.

El país está a merced de paliativos que improvisan las autoridades sin que exista una política definida que amplíe el panorama y permita sentar las bases de la forma como se tendrá que asumir el futuro, ya sea conviviendo con el COVID-19, o asumiendo que ya exista una vacuna.

Muchos países ya han planificado la adquisición de las vacunas que se están probando, ya que los requerimientos van a ser muchos, pero aquellos países que reaccionen tarde, tendrán a su población expuesta más tiempo con las consecuencias letales que esa situación implica. Recordemos que Bolivia por reaccionar tarde no pudo conseguir oportunamente equipos de bioseguridad.

¿Tendrá planes de contingencia el gobierno transitorio? Los países vecinos ya están planificando el retorno a una nueva normalidad concebida sobre la base de las realidades propias de cada región, atendiendo las recomendaciones de los organismos internacionales, pero para ello se requiere de información confiable sobre las capacidades para hacer frente a la crisis.

Todos los estudios coinciden en considerar que no hay soluciones rápidas y simples para restablecer la producción, comercialización, y saneamiento de las empresas y proyectos. En el caso de Bolivia, el Banco Mundial ha señalado que se presentan más complicaciones que en otros países de la región debido a los altos grados de informalidad económica y la dependencia de las materias primas. Pero también hay perspectivas alentadoras, si se ve más allá de la coyuntura, que se presentan al impulso de las nuevas tecnologías y una visión dirigida a la necesidad de proteger el medioambiente. Hay estudios que ven que la eventualidad es propicia para el tránsito hacia las energías limpias, y Bolivia debería impulsar los proyectos del litio sobre una realidad objetiva. Es un hecho que ya está aumentando la demanda de litio, ofreciendo oportunidades, pero también riesgos para los países productores, según un informe de Naciones Unidas. El estudio prevé que la demanda de materias primas para energías «limpias» se multiplique en los próximos años.

También hay versiones contrarias que hacen temer que las energías fósiles mantengan su preponderancia, generando controversias sobre un nuevo riesgo que se ha presentado para las energías limpias. Esto significa que dependiendo de las decisiones que se adopten en este momento, se puede dar un mayor impulso a la energía limpia, o rezagarla. Los bajos precios del petróleo pondrán a prueba la resolución de los planes de transición energética de las grandes empresas. La disputa entre Rusia y Arabia Saudí ha enviado una avalancha de petróleo y gas baratos a los mercados mundiales, y esto perjudica a las iniciativas de energía limpia.

Hay varios otros rubros en los que el cambio se está dando y es necesario asimilar el momento y aprovechar las oportunidades, fomentando la iniciativa privada que es la que mueve la economía, alimenta al país y agilita el comercio. Todas las crisis traen consigo oportunidades si sabe asimilarlas y reaccionar en resiliencia, e impulsar a las empresas a transformarse, y volverse más fuertes y mejor preparadas. Para ello es imprescindible que el gobierno, los líderes políticos y los directivos empresariales expongan amplitud, imaginación y en lugar de esperar bonos y ayudas, puedan demostrar que es posible generar oportunidades económicas, y ojalá cambiar la cultura asistencialista por un impulso a las iniciativas, a la aplicación de nuevas tecnologías y hacia una vocación de productividad y excelencia.