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sábado, junio 18, 2022
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¿Se podrá producir 2.100 toneladas de urea por día?

La crisis mundial de alimentos obliga al uso de fertilizantes para lograr un mayor rendimiento en los cultivos, y Bolivia posee una gigantesca planta en urea en Bulo Bulo, Chapare, que costó más de 900 millones de dólares, y hasta ahora no logra operar con todo su potencial. Si fuese eficiente en esta coyuntura especial lograría grandes ingresos para el país y beneficiaría al agro debido a la actual escasez y alza de precios de los fertilizantes. Lamentablemente la planta no logra hasta ahora operar en toda su capacidad y tampoco cuenta con medios de transporte efectivos para una exportación a gran escala debido a su ubicación a contra ruta de los grandes mercados. Esta ubicación hace que sus costos de transporte suban a niveles inconvenientes. Además, la planta paraliza operaciones frecuentemente.

En estos momentos, la guerra ha ocasionado que los más grandes productores de fertilizantes, Rusia y Ucrania dejen de exportar estos productos generándose un déficit mundial. Los principales compradores de fertilizantes en la región son Brasil y Argentina, mercados que podría aprovechar Bolivia si la planta trabajara normalmente. La planta de fertilizantes de Bulo Bulo, es considerada una de las inversiones más grandes en la historia de Bolivia. De acuerdo al proyecto debería tener una capacidad de producción de 2.100 toneladas por día de urea y 1.200 de amoniaco. En 2012, YPFB firmó el contrato de construcción con la empresa coreana Samsung Engineering, bajo la modalidad llave en mano, pero las obras se demoraron. El gobierno anunciaba entonces que con la planta se lograría sustituir el 100% de los fertilizantes importados, y los excedentes serian exportados. Se estimaba que se vendería al exterior el 80% de la producción y que se generaría anualmente unos 200 millones de dólares para el país.

En la actualidad, la demanda interna de fertilizantes se aproxima a las 180 mil toneladas y el 60 porciento de estos requerimientos tienen que ser importados, ya que la producción nacional solo cubre el 40%. Bolivia compraba urea de Rusia pero ahora eso es imposible. El año pasado YPFB informó que la comercialización al exterior del fertilizante alcanzó los $us 37,3 millones y al mercado interno $us 14,7 millones, eso representa la cuarta parte de lo que se había estimado. Se está desperdiciando una gran oportunidad si se toma en cuenta que la demanda de fertilizantes crece frente a las necesidades en el planeta. El director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) Qu Dongyu, solicitó a los países del G7 que, debido a la reducción de aprovisionamientos y el aumento de los precios que está provocando la guerra en Ucrania, ayuden a prevenir una futura escasez de alimentos que amenaza a los países vulnerables. «Necesitamos identificar cuidadosamente las formas de compensar las posibles futuras deficiencias en los mercados mundiales, trabajando conjuntamente con el objetivo de favorecer el aumento sostenible de la productividad cuando sea posible», dijo Qu Dongyu a los ministros de Agricultura del G7 reunidos en la ciudad alemana de Stuttgart. La única manera de lograr una mayor producción de alimentos es con el uso de fertilizantes para evitar la expansión agrícola.

La presidencia alemana del G7 invitó a Qu Dongyu a analizar las consecuencias sobre la seguridad alimentaria mundial que está provocando el conflicto en Europa del Este. La inseguridad alimentaria es un problema que no deja de crecer. Un análisis de la FAO señala que en 2021 cerca de 193 millones de personas sufrían por la falta de víveres y precisaban ayuda urgente, una cifra que supone un aumento de casi 40 millones de personas con respecto a 2020. La incertidumbre que rodea al conflicto entre Rusia y Ucrania, actores principales en los mercados mundiales de productos básicos, ha provocado un aumento de los precios, especialmente del trigo, el maíz y las semillas oleaginosas, así como de los fertilizantes. A estas subidas por el conflicto, se la ha de añadir los elevados precios provocados por la fuerte demanda y los altos costes de los suministros como consecuencia de la pandemia del Covid-19. La FAO alertaba el pasado mes de marzo que su índice de precios de los alimentos había alcanzado su nivel más alto (160 puntos) desde su creación en 1990. Un dato que sólo descendió ligeramente en abril.

El análisis de la FAO considera que desde el inicio de la guerra las previsiones de exportación de trigo tanto para Rusia como para Ucrania se han revisado a la baja. Aunque otros operadores han aumentado su oferta, como la India y la Unión Europea, esta sigue siendo escasa y, según el director de la FAO, es probable que los precios continúen altos durante los próximos meses. Algunos de los países que dependen en gran medida de las importaciones de trigo son Egipto y Turquía, pero también varias naciones subsaharianas como el Congo, Eritrea, Madagascar, Namibia, Somalia y Tanzania. Entre los países que dependen en gran medida de los fertilizantes importados de Rusia se encuentran los principales países exportadores de cereales y productos básicos de gran valor, como Argentina, Bangladesh y Brasil, sostiene el organismo internacional. Ahora es cuando la planta de Bulo Bulo debe justificar la inversión y operar con toda su capacidad, es decir, debe producir 2.100 toneladas por día de urea y 1.200 de amoniaco.

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